Essay
La Malinche: el amor en los tiempos de la conquista española

La Malinche: el amor en los tiempos de la conquista española

Sandra Messinger Cypess

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¿El amor en los tiempos de la conquista española? Malintzin/Malinche/Marina y los mitos y equivocaciones asociados a su rol 

Llevo una larga trayectoria como estudiosa de la figura de la mujer indígena del siglo XVI llamada Marina, Malintzin o Malinche, para enumerar sus nombres en orden cronológico. No comparto con ella rasgos étnicos o culturales; sin embargo, mis diversas lecturas y mi simpatía innata por lo que sufrió en su momento histórico me impulsaron a estudiar las representaciones de la Malinche “inventada” a través de los siglos. Les advierto que mi conclusión al estudiar estas representaciones es que han sido afectadas por varias ideas estereotípicas o mitos transmitidos socialmente por generaciones. Si las designo “mitos” es de acuerdo con la definición que sugiere Roland Barthes en Mythologies, que los mitos funcionan como una “mistificación social” y un código establecido por las estructuras del poder.

El tema de esta charla consiste precisamente en escudriñar algunos detalles que carecen de validez, creo yo, pero que no obstante siguen vigentes en los textos y aún más importante para los jóvenes, en las redes digitales.

Mi interés en la historia de Marina/Malintzin/Malinche comenzó el siglo pasado, cuando era una estudiante de posgrado en la Universidad de Illinois. Recuerdo que mi primer encuentro con el papel de Malintzin en la Conquista fue durante una clase con mi mentor, el gran maestro don Luis Leal. Leímos la Historia verdadera de la Conquista de México de Bernal Díaz del Castillo en la cual el autor se refiere a doña Marina como una figura de gran importancia para la victoria española contra los aztecas.  La famosa descripción del diálogo de Marina al encontrarse con su madre y su hermanastro refleja la ideología de Bernal y los españoles –Marina dice estar muy contenta de aceptar la religión y la lengua de los conquistadores y de ser sierva fiel a Cortés—, es decir, se confiesa como una ciudadana colonial perfecta. Pero, ¿de verdad dijo todo esto Marina? ¿Estaba lo suficientemente familiarizado Bernal Díaz con el náhuatl o el maya como para poder constatar tales comentarios? Bueno, allí empecé a dudar sobre las verdades inherentes en la representación de “la única mujer importante de la Conquista”, para referenciar otro epíteto suyo. Ser buena ciudadana colonial servía a los propósitos colonizadores de los españoles, pero no sabemos lo que realmente opinaba Malintzin al respecto.

Bajo la tutela de don Luis leí también El laberinto de la soledad y en “Los hijos de la Malinche” descubrí otras facetas de la figura: el joven Octavio Paz escribió a mediados del siglo XX solo dos páginas en ese capítulo, las cuales repiten las actitudes que estaban de moda en aquella época: Malinche concebida como la Eva mexicana, madre del mestizo, por un lado, pero asociada además a las figuras malévolas de la Llorona, la Chingada y la malinchista por antonomasia. Si la Virgen de Guadalupe fue venerada, la Malinche/doña Marina fue vituperada como vendepatrias, un concepto que había surgido en el siglo diecinueve, siguiendo la ideología de los nacionalistas que querían separarse del imperio español.

Mi verdadero inicio como estudiosa de las representaciones de la Malinche ocurrió bajo el estímulo de dos textos de Elena Garro: al leer Los recuerdos del porvenir y el cuento “La culpa es de los tlaxcaltecas” descubrí otras posibles interpretaciones de esta figura tan calumniada. Mi interés en las representaciones de esta mujer clave no ha disminuido, y el resultado de mis estudios ahora salen en la nueva edición del libro que lleva por título La invención de la Malinche: De la historia al mito, publicado por la Universidad Veracruzana.

La invención de la Malinche: De la historia al mito, de Sandra Messinger Cypess
(Universidad Veracruzana, 2022)

Ahora en el siglo XXI, he podido aprovechar estudios antropológicos e históricos más recientes que muchos investigadores han publicado que referencian textos en náhuatl, por ejemplo. Cambié varios detalles de mi estudio original, así que soy la primera en admitir que en las descripciones novelísticas e incluso en los textos de historiadores reconocidos se pueden encontrar detalles equivocados o inexactos, algunos de los cuales espero desenredar en esta presentación.

Cabe aclarar que yo misma no soy historiadora, por lo que en mis muchos estudios sobre las representaciones de la Malinche no ha sido necesario buscar “lo que realmente ocurrió”, porque aún los historiadores más distinguidos –tales como Camilla Townsend en Malintzin: una mujer indígena en la conquista de México—no pueden confirmar ciertas ocurrencias como la verdad. De algún modo, mi trabajo es más fácil que el suyo, porque lo hago con textos publicados y lo que suelo destacar es el hecho de que las variadas representaciones de esta mujer histórica a través de los siglos son invenciones fundadas en la ideología del autor o autora (por eso mi libro reciente se titula La invención de la Malinche.) Incluso cuando estos han sido publicados más recientemente, los que dedicamos tiempo a leerlos no podemos dejar de notar que subsisten en ellos y particularmente en las redes muchos mitos y detalles erróneos asociados con la Conquista y la relación entre Cortés y la Malinche.

Primero, quiero destacar un detalle importante que ha sido verificado por los que conocen la cultura nahuatl y han podido leer sus textos, como hizo Townsend. A pesar de los numerosos textos y sitios en el internet que siguen estudios de siglos pasados como el del historiador mexicano Jorge García Icazbalceta, que postuló que su nombre de nacimiento fue Malinal, estudios más recientes afirman que no sabemos cuál fue su nombre de nacimiento. Les pido a los escritores que por favor abandonen esa vieja ilusión.

Ahora bien, con base en estudios serios de la cultura indígena, los historiadores afirman que esta mujer fue una de las veinte esclavas ofrecidas a los españoles y que recibió el nombre español Marina después de ser bautizada por ellos. Así que Marina es el primer nombre documentado de la mujer, uno que luego, por diversos estímulos lingüísticos, se convertiría en “Malintzin”, término que varios grupos indígenas usaron para referirse a ella con gran respeto. La forma “Malinche” fue la traducción o versión que los españoles forjaron a partir de los sonidos en náhuatl. Así, voy a referirme a la mujer indígena histórica como Malintzin, pero cuando reviso los mitos y las representaciones uso el nombre “Malinche” porque es una palabra sincrética entre el náhuatl y el español —y por lo tanto, distingue a la mujer histórica de la inventada.

Otro error histórico que se presenta en muchos textos y también en el internet consiste en llamar a Martin Cortés, el hijo de Malintzin y Cortés, el “primer mestizo”—cuando no es cierto que haya sido el primer hijo engendrado entre una indígena y un europeo (cuarenta semanas después la llegada de los españoles ya había hijos mestizos.) Según Luis Leal, Martin Cortés puede ser considerado quizá el primer mestizo documentado y por lo tanto, simbólico del mestizaje, pero no fue el primer bebé.

Otro ejemplo clave que circula aún hoy en día, trata sobre un mito que aprendí de joven y que muchos todavía creen que es una verdad histórica: que un grupo de quinientos españoles valientes pudo conquistar a miles de indígenas —un mito que historiadores mexicanos, españoles y norteamericanos han deconstruido para mostrar el rol de pueblos originarios en la victoria contra los mexicas, entre quienes se encuentran Miguel León Portilla, Marco Antonio Cervera Obregón, Federico Navarrete, Martin Ríos Saloma [i] y Matthew Restall. Este último, en su popular Los siete mitos de la conquista española (publicado en inglés en 2003 y en español en 2004), afirma algo que no fue sorprendente para los que conocemos la verdadera historia —que gran parte de las operaciones militares de los españoles fueron llevadas a cabo por sus aliados nativos, que superaban en número a los mexicas. Los pueblos indígenas formaron una coalición con los españoles que les permitió beneficiarse, pues su enemigo común eran justamente los mexicas. No fue por lo tanto únicamente una conquista extranjera sino más bien una guerra civil entre varios pueblos indígenas y su enemigo en común, los mexicas y su Triple Alianza. Esta perspectiva, en contraste con la narrativa de una simple guerra entre “españoles” e “indígenas”, resalta la dinámica compleja de conflictos interétnicos que coexistieron con la invasión española.

Este es un concepto clave que aún se olvida tanto en los Estados Unidos como en ciertos textos —es decir, que la región que llamamos México hoy no fue solo poblada por los “aztecas” sino que había “un mosaico de pueblos indígenas que hablaban diferentes idiomas y tenían diferentes culturas” (cito a Fernando Cervantes en Conquistadores: Una historia diferente). Claro que los españoles impusieron su lengua, su religión y su cultura —pero a la vez, hasta hoy en día, como sabemos muy bien por los valiosos estudios de expertos como Yásnaya Elena Aguilar Gil, los idiomas y costumbres y artes indígenas perduran y se evolucionan aún en el México moderno.

En textos como ¿Quién conquistó México? (2019) Federico Navarrete subraya que los tlaxcaltecas fueron artífices clave en la derrota de los mexicas. Creo que Elena Garro entendió esto cuando escribió su cuento magistral “La culpa es de los tlaxcaltecas” en 1964. Según mi lectura, Garro parece haber estado en diálogo con su esposo de aquel entonces, Octavio Paz; recuérdense que fue el joven Paz quien escribió, “El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al Conquistador…”

Discutiré el impacto de esa idea de entrega con más detalle al final de mi charla, pero por el momento quiero destacar que en el cuento Garro le da a Laura, una mujer de la época de la conquista y a la vez del siglo veinte, opciones que la mujer indígena de la conquista no tenía.  Laura escoge salir del tiempo contemporáneo donde está casada con un tal Pablo, a quien describe como brutal, para reunirse con su “primo marido”, un indígena con raíces en el mundo prehispánico. Como he notado en mi libro, este cuento no solo trata de absolver a la Malinche de su reputación de “traidora” sino que le da a la mujer que es avatar de la Malinche la posibilidad de elegir su propio esposo cuando Laura rechaza al marido blanco y regresa a su marido indígena en el cuento. Evidentemente es una revisión histórica, pero es además una manera de hacernos pensar: ¿qué hubiera pasado si Malintzin hubiera tenido verdaderamente la posibilidad de expresar su propia voluntad?

Ustedes entienden, por supuesto, la importancia de echar para abajo el mito de la valentía extraordinaria de los españoles y sustituir la más certera realidad que fue la participación de varios pueblos originarios para efectuar la caída de la Triple Alianza. Por ende, cuando se lee que la derrota del imperio mexica fue debida solamente a la ayuda que le brindó la Malinche a Cortés, refleja evidentemente otra interpretación errónea de los datos históricos. Primero, la mujer histórica Malintzin no pertenecía al pueblo mexica y no fue la única aliada de Cortés y los españoles, por lo que llamarla “traidora” tergiversa su situación personal y confunde la realidad del territorio llamado hoy México. Malintzin, además, fue una esclava sin el libre albedrío necesario como para poder decirle a Cortés “no quiero ser su traductora o guía”. Asimismo, el secretario de Cortés, López de Gómara, aseveró en la Historia de la Conquista de México de 1552 que Cortés le había prometido en cambio la libertad a “su lengua, a esa mujer de la tierra”, como el propio Cortés la describió. (Y cabe mencionar que, a pesar de la importancia de esa mujer de la tierra, en los cinco volúmenes de sus Cartas de relación Cortés sólo menciona a Marina dos veces.)

Es por eso que otro mito que quiero abordar ahora tiene que ver con el tema amoroso que parece dominar tantas narrativas. En mi opinión, es uno de las fábulas más irrisorias de la narrativa asociada a la conquista. Si podemos aceptar que la caída del imperio mexica no fue provocada solo por los soldados españoles, tampoco debemos creer que el amor tuvo un papel en la relación Malintzin-Cortés.

Desde que leí esa frase del joven Paz, la cual cito de nuevo con énfasis: “Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador”, me pareció un mal entendimiento de la relación de poder que existe entre una esclava y su dueño. El encuentro histórico entre Cortés y Malintzin se transforma en un paradigma central que trasciende las implicaciones sexuales para servir como sinécdoque de los hechos políticos y militares. La fuerza superior le pertenece al europeo, el ente masculino de la pareja, quien domina a la raza inferior simbolizada por la mujer indígena. Desde mis primeros escritos he luchado en contra de la idea de que la mujer indígena, una esclava, se haya enamorado del conquistador Cortés, o que se dio libremente. Interpreté la necesidad de describir esta relación en términos de amor como otra manera de declarar que la mujer es objeto de conquista, pero además necesariamente subordinada al hombre y que el indígena es de igual manera subordinado al europeo —una visión definitivamente patriarcal y eurocéntrica que ha perjudicado la actitud hacia el género femenino y hacia los indígenas a través de los siglos.

Aunque ha sido tan difícil borrar esta representación eurocéntrica y misógina, me alegra saber que en Malintzin, o la conquista como traducción Federico Navarrete puntualizó esa idea así: “hay que aclarar que estas invenciones amorosas no tienen el menor fundamento histórico. Ninguna historia del siglo dieciséis menciona un posible amor, romance o vínculo emocional entre Cortés y Malintzin. En esa época, el amor romántico no tenía el valor que tiene para nosotros” (31).

Si bien puedo mencionar las muchas novelas que a través de los siglos plantean el tema del amor romántico entre Malintzin y Cortés, mejor les remito en esta ocasión a un musical que está ahora mismo presentándose en la Ciudad de México —me refiero al de Nacho Cano, titulado escuetamente Malinche. Escuché por primera vez el anuncio de este espectáculo en 2019 durante la feria internacional del libro en Oaxaca, cuando formé parte del panel junto con Yásnaya Elena Aguilar Gil y Tanya Huntington sobre “Nuevas Perspectivas sobre Malintzin”. Me sentí apopléjica al escuchar que Nacho Cano tenía interés en montar una obra que es, y cito “una historia de amor entre la Malinche, una esclava indígena que hizo de intérprete para los conquistadores españoles, y Hernán Cortés”. Por una parte, entiendo que Cano no nos está presentando un documental, a diferencia de los productores del maravilloso Malintzin, historia de un enigma (dirigido por Fernando González Sitges), y también que está siguiendo una larga tradición de escritores y pensadores en México que han promulgado este cuento de hadas. Antes de Paz, por ejemplo, Justo Sierra (1848-1912), escritor de tendencia liberal que formó parte de la generación porfirista conocida como “los científicos”, supuestamente dijo que la nacionalidad mestiza de México nació del primer beso de amor entre Cortés y Malintzin (citado por Enrique Krauze en “La familia mestiza” de su libro México: Biografía del poder).

Poster de Malinche, el musical de Nacho Cano

En una entrevista, Nacho Cano expresó su admiración por esa mujer “poderosa, inteligente, con mucha personalidad, muy respetada”, pero en su musical, ella casi no tiene voz –como si fuera un objeto, nada que ver con la Malintzin histórica. Veo que aun en el siglo veintiuno no es fácil borrar este pegajoso tema de amor. Tal vez porque, en las palabras de Roger Bartra, citadas por María Sten, “la continuidad de un mito se explica por el hecho de que algunos de sus elementos se adaptan a nuevas condiciones…“ Siguiendo la idea de Bartra, Sten, en “La Malinche: En busca de una heroína perdida,” se imagina una Malinche luchadora por los derechos de los indios, vengadora de su pasado tanto histórico como actual que reclamara un nuevo tratado de igualdad y respeto para los pueblos indígenas,” tal y como Elena Garro había atisbado en sus textos. Tengo esperanzas de que sea posible de aquí en adelante no hablar del tema ni del amor ni de la traición, sino de una Malintzin que fue una mujer enigmática, polifacética, inteligente, con una gran capacidad de adaptación, no una vendepatria, sino como la designa la chicana Alicia Gaspar de Alba, una abrecaminos —en fin, resiliente.

Sigo con mi interés por las representaciones de la Malinche, pues justo después de mandar el manuscrito a la Editorial de la Universidad Veracruzana recibí una nueva obra dramática publicada también en 2022, que trata sobre el tema de la Malinche en la cultura mexicana –A través de los granos de maíz (Memorias de Malinalli) de la dramaturga argentina Cristina Escofet. Esta obra, como muchas otras que menciono en mi libro que han sido escritas por autores ni mexicanos ni chicanos, comprueban lo atractivo que resulta la historia de la Malinche a nivel global, en particular para las mujeres latinoamericanas. Vale la pena mencionar que escritoras como la venezolana Teresa de la Parra o la chilena Inés Stranger consideraban a Malintzin (y a sor Juana) como parte de su genealogía particular y la de las mujeres latinoamericanas en general.  En efecto, como mi libro documenta, Malintzin/ la Malinche tiene sentido y relevancia más allá de las culturas mexicana y chicana y mucho más allá del período de la Conquista.

Este texto fue leído durante el coloquio internacional Malitzin: mujer palabra que tuvo lugar en noviembre del 2025 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

 

Nota

[i] Véase https://www.youtube.com/watch?v=Ij_YwgLvyHU

 

Sandra Messinger Cypess es profesora emérita de la Universidad de Maryland donde fue jefa del departamento de español y portugués (2001-2006) y colega del gran escritor y amigo, José Emilio Pacheco.  Empezó sus estudios doctorales con el maestro don Luis Leal y sigue con su interés en la cultura mexicana, especialmente con lo que trata de las representaciones de la mujer a través de los siglos, como se ven en sus libros, Guerras inciviles: Elena Garro, Octavio Paz y la batalla por la memoria cultural y La invención de la Malinche: de la historia al mito, ambos traducidos por David Medina y publicados por la Universidad Veracruzana.

 


Posted: March 1, 2026 at 11:14 pm

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