Los demasiados premios
Eduardo HuchĂn Sosa
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El documental permite apreciar nuestros propios logros como un relato no menos sentimental ni menos ridĂculo que el de los personajes de Los ganadores. “Acá faltan cosas –dice angustiado uno de los organizadores de la premiaciĂłn, mientras revisa los pendientes antes de la ceremonia–. Faltan cosas y sobran cosas”.
El premio del que me siento más orgulloso es el de las mejores pantorrillas del Encuentro Nacional de Escritores de Palizada 2010. La votaciĂłn fue pĂşblica, a mano alzada, y tuvo lugar en el malecĂłn de la ciudad, rodeado de colegas, lo cual me hace pensar que es lo más cerca que voy a estar de un homenaje en Bellas Artes. No hubo diploma ni flor de oro, pero los policĂas que cuidaban el ayuntamiento me dieron permiso para usar el baño exclusivo de los trabajadores municipales. Nunca he sido tan feliz en algĂşn otro evento literario.
Traigo a colaciĂłn esta historia porque hace unos dĂas vi Los ganadores (2016), el documental del argentino NĂ©stor Frenkel sobre el extraño mundo de las entregas de premios de radio y televisiĂłn en su paĂs. No los reconocimientos importantes, sino los berretas, para usar un argentinismo: premios de nombres inverosĂmiles, convocados por instituciones de dudoso prestigio, donde cualquiera que decida inscribirse tiene amplias posibilidades de ganar. Galardones perifĂ©ricos, ajenos a los centros de poder cultural, que se entregan en barcos, restaurantes de parrilla o locales comunitarios. Y en los que intervienen numerosos jubilados, pero en los que de repente se dejan ver jĂłvenes no especialmente guapos y señoras con collares de perlas, que reciben estatuillas hechas de madera o vaya uno a saber quĂ© material, con forma de obelisco o de pareja bailando tango.
Un parĂ©ntesis: Frenkel parece ser un tipo fascinado con las zonas en las que no estamos seguros de cĂłmo reaccionar. Su primer documental Buscando a Reynols (2004) habla sobre la banda de mĂşsica experimental Reynols, que lidera Miguel TomasĂn, un baterista y cantante con sĂndrome de Down. Más que centrarse en la extrañeza o el aparente triunfo de la inclusiĂłn, Frenkel explora los álbumes y las presentaciones de los Reynols como objeto artĂstico. Algo hecho por personas que se asumen como artistas frente a un pĂşblico que se asume como pĂşblico, en un pacto en el que cualquier cosa puede pasar. Los crĂticos o mĂşsicos entrevistados explican el Ă©xito de los Reynols fuera de Argentina, con giras por Estados Unidos y discos editados en Oslo o JapĂłn, pero la validaciĂłn internacional no lleva por fuerza a entender quĂ© está sucediendo. El espectador –arrojado a los ruidos, improvisaciones, vocalizaciones no siempre inteligibles de Miguel– se siente en la frontera entre lo que es arte y no lo es, y las preguntas que surgen de esa experiencia estĂ©tica son acaso algo más intenso que el mero disfrute.
Debo decir que una buena parte de esa sensaciĂłn se debe quizás a las habilidades del documentalista. Frenkel hace pocas preguntas y deja ser a sus entrevistados. Ellos se explayan, hablan de más. Y luego Frenkel monta, con mano maestra, para hacer chocar o hacer convivir perspectivas contradictorias, multiformes, y ampliar la mirada hacia las figuras secundarias, no menos alucinantes que los protagonistas de sus pelĂculas. El recurso puede apreciarse tambiĂ©n en otro de sus documentales, Amateur (2011), centrado en el doctor Jorge Mario, un odontĂłlogo de Concordia, en la provincia de Entre RĂos, que más que odontĂłlogo es un verdadero hombre del Renacimiento: locutor de radio, guĂa scout, filatelista y tirador, pero esencialmente un auteur que encontrĂł en el popular formato super 8 de los años sesenta un medio de expresiĂłn. Como guionista y director de un western titulado Winchester Martin, realizado a la buena de dios al lado de sus amigos, el doctor Jorge Mario vive obsesionado con hacer una segunda –en efecto, una segunda– remake de su obra maestra.
Es cierto que Jorge Mario cae a menudo en la soberbia (muestra sus premios como cineasta concedidos sabrá dios por quiĂ©n), en la autoconciencia cinematográfica (le da indicaciones al camarĂłgrafo del documental sobre cĂłmo enfocarlo para lograr una toma particular) o en la inĂştil bĂşsqueda de la proeza (quiere fichar para su remake hasta al pobre paciente al que le limpia la caries), pero al final se alza triunfante porque puede transmitir un genuino amor por el cine. Frenkel entre que se burla y no de sus desplantes, de su fijaciĂłn por Way of a Gaucho de Tourneur al que pretende emular y de ese orgullo por sĂ mismo a la hora de explicar las decisiones formales de su pelĂcula. Sin embargo, en lugar de hacerlo trastabillar, ese titubeo con el tono beneficia al documental.
Y acá es donde aparece el rasgo más persistente en la obra de Frenkel: Âżnos reĂmos de los personajes, nos reĂmos con ellos, nos reĂmos de ellos amparados en la mentira de que nos reĂmos de nosotros mismos? En varias entrevistas, Frenkel ha dicho que odia (o al menos por un tiempo odiĂł) que le hicieran esa pregunta: Âżte rĂes de, con, al lado de? Le fastidiaba, querĂa decir, que lo quisieran ubicar respecto a los protagonistas de sus pelĂculas, como si siempre tuviera que existir una relaciĂłn clara entre el documentalista y ellos, un certificado explĂcito que te asegurara que un tipo letrado y con privilegios no estaba abusando de personas comunes y corrientes que le abrĂan sus vidas privadas y sus aspiraciones artĂsticas, que le daban un voto de confianza para filmar su cotidianidad y al que le entregaban finalmente sus historias. Pero es quizás el hecho mismo de que esa zona no estĂ© del todo definida, ni sea del todo definitiva, o para decirlo pronto: que la pelota quede en la cancha del espectador, el rasgo más caracterĂstico de su estilo. Acaso no sea necesario saber en quĂ© posiciĂłn estamos. Acaso la risa sea a veces hacia el personaje, en ocasiones debido a la simpatĂa que nos despierta y otro tanto por la sospecha de que no son tan diferentes a nosotros. O, quiĂ©n quita, sea más bien todo eso en todas partes al mismo tiempo.
Los ganadores –para volver al asunto del que supuestamente querĂa escribir– llega a su punto más alto con la entrega de los premios Estampas de Buenos Aires, cuya organizaciĂłn corre a cargo de una entidad –Garufa Producciones– constituida por un jubilado, su mujer y la señora con la que baila tango. Esos tres –junto a hijos, nietos, yernos y cualquiera que se deje– hacen circo, maroma y teatro para otorgar 240 galardones en una ceremonia que poco a poco va tornándose interminable. Abundan desde luego los detalles kitsch –los vasos de plástico de colores intensos, el periodista deportivo obligado a portar la bandera argentina mientras se canta el himno o los 140 litros de gaseosa que se terminan antes de tiempo– y no menos pintoresca es la variedad de los premiados y sus discursos (“en mi programa decimos no a la violencia de gĂ©nero, decimos sĂ a la donaciĂłn de Ăłrganos”, “me siento realmente muy contenta por haber recibido esto por un disco que todavĂa no terminĂ© porque me faltan algunas canciones”). Frenkel captura, y permite observar a su ritmo, la angustia de la organizaciĂłn y el evidente negocio que significa premiar a todo mundo. Sin embargo, no es Los ganadores una burda denuncia de una industria –ingenua o perversa, segĂşn se vea– que dinamita la idea misma de reconocimiento. Y, aunque nada de eso queda oculto, el foco está en otro lugar.
En los Ăşltimos minutos de la pelĂcula, una vez que hemos visto a una tropa de comunicadores dedicarles sus premios a Spinetta, Cerati o a los “aborĂgenes” (juro que la cita es textual), Frenkel convoca a varios de ellos para hablar frente a la cámara sobre lo que significa el reconocimiento que acaban de recibir. Y sucede algo milagroso a partir de ese gesto de tomarse en serio a estas personas. Quiero decir: a partir de preguntarles sin sorna, pero a la vez sin una solemnidad condescendiente, por la labor que les hizo acreedores a un Estampas de Buenos Aires. Y lo que vemos divierte, como toda la pelĂcula, y por momentos hasta hace lagrimar (e incluso da oportunidad de que uno se diga a sĂ mismo que lagrima de la risa y no porque se siente conmovido). En la parte final desfilan, entre otros, la conductora de un noticiero “de buenas noticias, solamente buenas noticias”, la mujer que enfoca su segmento informativo al rugby de veteranos, el señor que cuenta historias ferroviarias de Chacabuco y el hombre que explica las temáticas diarias de su programa –“los dĂas lunes tiene que ver con la pregunta sobre algĂşn lugar de la RepĂşblica Argentina; los dĂas martes, las palabras tradicionales que se usan en el campo; los miĂ©rcoles, el pelaje de caballos; los dĂas jueves, la pregunta cultural; los dĂas viernes, las expresiones tĂpicas del campo”– para detallar más adelante la diferencia entre las programaciones del martes y del viernes, no vaya a ser que alguien piense que las “palabras tradicionales” y las “expresiones tĂpicas” son la misma cosa.
Frente a la actual proliferaciĂłn de influencers, cuyo dominio se extiende de las plataformas digitales a los medios tradicionales y de las campañas polĂticas a las ferias del libro, uno puede verse tentado a sentir nostalgia por ese mundo otro. Uno donde los conductores todavĂa hablan de tango o la pesca de la corvina negra como algo que de verdad importa. O que se olvidan en quĂ© categorĂa han sido reconocidos porque se sentĂan muy emocionados cuando escucharon sus nombres. Conmueve esta lĂłgica que parece haberle dado una vuelta a la obligaciĂłn de ser competitivos. Y permite apreciar nuestros propios logros como un relato no menos sentimental ni menos ridĂculo que el de los personajes de Los ganadores. “Acá faltan cosas –dice angustiado uno de los organizadores de la premiaciĂłn, mientras revisa los pendientes antes de la ceremonia–. Faltan cosas y sobran cosas”. Una frase perfecta para ver con nuevos ojos las semblanzas con que intentamos resumir nuestras vidas.
Eduardo HuchĂn Sosa es escritor y editor literario de la revista Letras Libres. Sus libros más recientes son Calla y escucha. Ensayos sobre mĂşsica: de Bach a los Beatles y La consagraciĂłn de la maldita primavera. Escritos sobre mĂşsica y libros.
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Posted: March 29, 2026 at 2:15 pm







