Mexafuturismo II
Alberto Chimal
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El 3 de enero de 2026, en conferencia de prensa, Donald Trump anunció las intenciones de los Estados Unidos tras su ataque en la madrugada de aquel día contra Venezuela, que culminó en la captura y “extracción” de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. “Estados Unidos manejará Venezuela”, dijo, y dará entrada a las compañías petroleras estadounidenses para explotar las reservas de crudo de aquel país, las más grandes del mundo.
El mismo día, en un programa de la televisora Fox News, Trump se refirió también a México y a su presidenta, Claudia Sheinbaum, y lanzó una amenaza (traduzco deprisa):
LOCUTOR: Este ataque ¿es un mensaje a México y a su presidenta (…)?
TRUMP: Los cárteles manejan a México. Ella no maneja a México. Podríamos ser políticamente correctos y amables y decir “Ah, sí, sí lo maneja”. No, no. Ella le tiene mucho miedo a los cárteles. Ellos manejan a México. Y yo le he preguntado muchas veces “¿Le gustaría que elimináramos a los cárteles?” “No, no, no, señor presidente, no, no, no, por favor” (…) Algo va a tener que hacerse respecto a México.
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En América Latina, por desgracia, tenemos una larga historia de intervenciones estadounidenses. Ya nos sabemos el libreto y no tenemos por qué hacernos ninguna ilusión al respecto (a menos, claro, que nos convenga, o que nuestra forma de manejar frustraciones y odios sea creer que la intervención de un hombre fuerte nos salvará de lo que sea que odiemos en nuestros países).
Y, sin embargo, es sorprendente lo mucho que se ha degradado el “orden” internacional durante los últimos doce meses. Empezando por su líder, nadie en el régimen de Trump parece interesado ya en usar eufemismos para referirse a una campaña de ocupación y explotación. Se sigue repitiendo, para consumo interno, el pretexto absurdo de que Venezuela es un “estado narcoterrorista” (?), aun cuando no es difícil averiguar, incluso en nuestra época de desinformación generalizada, que los distribuidores y consumidores estadounidenses compran sus drogas ilegales a través de otros países. Pero eso es todo. Incluso, la más reciente edición de la “estrategia de seguridad” nacional de los EEUU ya declaraba el regreso de la infame Doctrina Monroe, actualizada y revitalizada: todo el continente como fuente de recursos para Trump y sus amistades.
Esta es, de nuevo, una época de la ley del más fuerte, en la que unas cuantas potencias regionales empiezan a repartirse el mundo sin ningún pudor. Es semejante al siglo XIX en ciertos aspectos, y en otros es peor.
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Si una persona escribe narrativa, ¿qué debería escribir en momentos como este? ¿Cómo debería la ficción (de cualquier tipo) reaccionar a este giro oscurísimo de la Historia local?
La pregunta podría parecer frívola. Incluso, hay cierto grupo de colegas que lo diría de inmediato, sin dejar sitio para más discusión. Es un tipo de declaración performativa, por así decir, que causa mucho entusiasmo en redes sociales y apariciones públicas: la literatura no sirve para nada, así que hay que dejar de hablar de ella, es más, al diablo con la literatura, los escritores son unos cobardes, yo y ustedes somos de los valientes, salgamos a la calle. Obviamente, ninguna de esas personas sale a la calle. El objetivo es obtener likes, o aplausos, y luego regresar a lo que sea que hagan cotidianamente; incluso, a escribir.
Si las cosas se ponen tan mal como cabe temer en los años por venir, todas las personas en América Latina deberán decidir qué hacer con sus cuerpos, sus energías y el tiempo de que dispongan de una manera más inapelable, y radical, que nunca antes en la vida de quienes habitamos hoy la región. Pero eso es aparte, y no tiene por qué ser anunciado en línea ni presumido a la vista de tanta gente como sea posible.
Mientras tanto, usar el lenguaje para reaccionar ante el presente puede –como decía algún clásico– no ser inútil. En especial, si la tarea no se encarga a una IA generativa, tan sólo porque prácticamente todas las disponibles están sujetas a alguna potencia hegemónica, y por lo tanto no pueden estar libres de influencias externas e intereses creados. Ya deberíamos haber pasado ese debate tan básico, por cierto, pero evidentemente no lo hemos hecho.
Si nos decidimos a escribir, hará falta tiempo para que alguien se dé cuenta. Textos de ocasión como este artículo, escrito con rapidez, breve a propósito y sin duda insuficiente, no son la literatura que el momento necesita. De hecho, lo más probable es que ninguna obra literaria de importancia acompañe literalmente a este momento, a menos que haya sido comenzada hace tiempo, llegue por azar cuando debe llegar y tenga mucha suerte en su publicación y difusión. (Algo así le ocurrió a la novela Mugre rosa de Fernanda Trías, que ahora se ve con justicia como un texto capital de la literatura en castellano de esta década.)
Pero debemos recordar que, por mucho que utilicemos la palabra “momento”, lo que sucede a nuestro alrededor abarcará meses y años. E incluso después de que haya terminado, de que clarísimamente pasemos a una época distinta, igual hará falta entenderlo, figurarnos cómo nos afectó, entender en qué camino nos ha colocado como culturas, sociedades, especie humana, y si ese es el camino que queremos seguir. Para eso sirve también la humilde literatura human-made.
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Aquí va una propuesta más concreta.
Hace unos años, en este mismo espacio, publiqué un artículo sobre lo que llamé mexafuturismo. Era una invitación a crear otra literatura especulativa posible, una que imaginara versiones alternas de esta región del mundo, libres de los efectos nefastos de la conquista y la colonización europeas. Desde entonces se han publicado unos pocos libros con premisas semejantes, y muchos más que, sin proponer ucronías o mundos paralelos, inventan entornos en los que las catástrofes del presente o del pasado pueden ser, al menos, enfrentadas, tanto por individuos como por poblaciones de intenciones y valores opuestos a los del saqueador en turno. De formas diversas, y no siempre tan optimistas como podría parecer, esta ha sido la premisa de libros como Soñarán en el jardín de Gabriela Damián, Todos los fines del mundo de Andrea Chapela o, un poco más lejos, Palenque de la cubana Maielis González.
Me sigue pareciendo que hacen falta libros así, pero ahora (tomando en cuenta los últimos sucesos, etcétera) me parece que el hipotético mexafuturismo podría incorporar también una faceta de resistencia más inmediata, de imaginación contra lo más atroz y vulgar del poder realmente existente que se encuentra sobre nosotros. A lo mejor una pista de cómo hacerlo está en las primeras literaturas especulativas de auténtica resistencia contra el capitalismo extractivo contemporáneo, desde Joanna Russ hasta William Gibson, o desde Angélica Gorodischer hasta Miguel Ángel Manrique. Si estos nombres no dicen nada a quien lee estas palabras, le hará bien buscarlos en librerías o bibliotecas del tipo que sea. Lo que ofrecen es distinto de lo que pueden hacer las ficciones hegemónicas, e inventar alternativas a ellas nos va a hacer mucha más falta que nunca.
*Photo by Zbynek Burival on Unsplash

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Posted: January 4, 2026 at 5:53 pm








Muy buen texto. Ojalá lo lean muchas personas.
Muchas gracias, Gabriel.
Gracias por este artículo Alberto, sin duda en estos tiempos necesitamos reflexionar sobre qué escribir. Voy a buscar textos de los escritores que mencionas.
¡Gracias!
Excelente artículo. Propicia a la reflexión
Muchas gracias. Esa era la intención.
Lucrecia Martel dice que tendremos que aprovechar nuestros privilegios para eliminar la desigualdad.
Gracias por ponerlo en la mesa.
A ti, Ovidio.
Gracias, Alberto por la reflexión y las recomendaciones de lectura.
Al contrario.
Su reflexión fue muy buen, no solamente acordé sino acertada. Ya he tomado nota de nombres mencionados, muchas gracias por el artículo ¡Lo pasaré a quien se deje!
Es inevitable pensar cómo estos hechos pueden cambiar nuestra vida, pero me parece excelente la propuesta de pensarnos también desde la esperanza.
Muy interesante artículo, Alberto.
La ocupación es noticia. Que bueno es leer diferentes puntos de vista! Ayuda a pensar. Gracias por su artículo.
Vamos a moverlo en redes.
¡Gracias por eso!
Muy bueno y muy necesario. Tristemente, la situación actual lo hace pertinente. Ojalá tuviéramos menos urgencia de analizar la realidad ficcionándola. Ojalá los escritores pudieran dedicarse sólo al amor, por ejemplo.
Es entendible que hayan restringido la distribución del texto, no porque sea político sino porque invita a serlo, como escritor y como lector. No he leído a los autores mencionados… pero ya me entró la curiosidad. Gracias. Animal Farm y La insoportable levedad del ser vuelven a venir a la mente.
Gracias Alberto por tu propuesta para una narrativa mexafuturista, ¡me encanta el concepto en sí mismo! y gracias por todas las referencias que nos aporta, -muy ingeniosa esta forma de burlar los algoritmos- te llevo a mis redes sociales con mucho gusto… Puedo agregar a tu reflexión, que desde las IA generativa y los algoritmos, se toma el control del saber y el conocimiento en Internet (o se secuestra)… El TEXTO se vuelve materia prima de extracción, de manipulación y arma retórica sin precedente; por lo tanto, cada palabra CUENTA y cuenta su propia historia. He optado desde hace tiempo (en mis escritos digitales) evitar el uso de datos, informaciones y oraciones recuperados en estas retóricas colonialistas que intentan construir de imaginarios; en otras palabras, evito hablar del enemigo porque en el proceso, le reivindicamos, lo hacemos fuerte. Yo cambiaría entonces, la primeras líneas de este artículo porque nos posicionan en el contexto imaginario del opresor. Te leemos con entusiasmo!… ¡Atentamente!
Gracias por mencionar a la gran Angélica Gorodischer de Argentina, cuya obra “Las nenas” estoy traduciendo actualmente en una alegre colaboración con la premiada traductora Amalia Gladhart. Tampoco el apoyo de Ursula K. Le Guin logró que esta escritora fuera conocida entre el público angloparlante. Angélica se murió hace tres años y, por fin, tiene un agente literario en Barcelona. Gracias por este ensayo, Alberto.
Gracias a ti, Dorothy.
Excelente el MEXAFUTURISMO II. Contexto, enfoque… Absoluta carencia de tendencia… Ajena a la obligada resonancia histórica que nos enreda. De acuerdísimo. Soy tu fan
Qué buena reflexión, maestro. Gracias siempre por sus letras y por no desistir ante los motores de las plataformas. Comparto.
¡Por una Venezuela sin Maduro y sus secuaces!
Alberto, tus preocupaciones son nuestras preocupaciones, cómo conservar nuestra humanidad. ¿Acaso no son las artes el producto por excelencia de lo humano? Un primate utilizará herramientas, símbolos, pero no hará poesía ni creará el medio para contar una ficción. Es de los escritores pensar, crear, jugar, tomarse en serio este oficio de exponer la verdad vía la ficción. Gracias por compartir tus reflexiones y propuestas.
Para mí, el eterno problema de estas discusiones es que se habla del “propósito” de la literatura (y el arte en general) así, en singular, cuando en realidad se debería hablar de propósitos en plural que son tantos como personas escribiendo y publicando.
Considero que tu propuesta se inserta bien dentro de esos propósitos de la literatura. Unas personas escribirán desde la inmediatez de los sucesos actuales, otras desde un análisis profundo y no faltará quien abarque otros aspectos.
Como dices, esta “discusión” ya debería estar superada. Pero bueno, a darle que es mole de olla.
Gracias por abrir el panorama hacia otro tipo de narrativas.
Considero que el discurso oficial que anula las facultades de la literatura la ficción en la construcción la realidad, en realidad reconoce su peso y por ello aliena nuestra busqueda y necesidad creativa.
Gracias. Nos hace falta más de todos los tipos de imaginación en América Latina.
Además de provocar a la lectura nos invitas a poner la imaginación al servicio de la dimensión ético-política. Y qué mejor ámbito que la literatura para hacerlo. Tomo el desafío de leer y escribir para otros posibles futuros. Gracias, Alberto.
Gracias a ti y éxito con tu escritura.
Anoto que, por la prisa al entregar, me faltó mencionar una novela nueva en mi lista de recomendaciones: “El llanto del aire” de Bernardo Fernández Bef.
Gracias por la reflexión. El discurso hegemónico juega a aplastarnos en todos los niveles, la creatividad y la esperanza son algunas de las herramientas que, como sociedades podemos utilizar para oponernos a el.
Muy interesante el texto. Me gusta tu reflexión sobre la duración histórica de una obra, sus consecuencias y el cómo la literatura nos ayuda a entender qué nos pasó y en qué nos estamos convirtiendo.
Gracias por la publicación.
Gracias a ti.
Estimado Alberto,
Gracias por tus atinadas palabras escritas con enorme acierto. Como bien mencionas estamos viviendo momentos preocupantes y complejos. Me interesa atender a tu pregunta sobre el tipo de literatura que tendríamos que estar escribiendo (produciendo, generando) o leyendo ahorita y ante esta respuesta, me encuentro ante un dilema: por un lado, estoy cierta que necesitamos escritores y pensadores que fomenten el pensamiento crítico a través de ensayos, reflexiones y ciencia ficción, sin embargo, por otro lado, (como tú mismo mencionas) creo que estamos llenos de esa literatura: fantástica, de ciencia ficción, de denuncia sobre feminicidios, de reflexiones sobre las luchas de poder, de defensa de una democracia perdida. Simplemente, las novelas o cuentos que hoy se escriben sobre migraciones son abundantes, ya no se diga sobre los que abordan el tema del feminicidio o sobre la decadencia del régimen capitalista, no, me parece que más reflexiones sobre niños muriendo de hambre, familias partidas, pueblos incendiados (con y sin ciencia ficción como recurso) serían la respuesta. Me atrevo, y muy provisionalmente a proponer una literatura menos realista y más íntima, un proyecto que se refiera más a nosotros como humanidad, que a una apuesta por legitimar nuestro pensamiento crítico por encima de la IA. Quizá una apuesta por una literatura de lo cotidiano, que refleje la esperanza, la belleza de los “momentos de inadvertida felicidad” o que promueva más la autorreflexión y el trabajo hacia nosotros mismos, me viniera mejor que una arenga profunda y rabiosa que nos defienda del capitalismo. Me parece que desde la guerra fría ha corrido mucha tinta sobre estos temas. Insisto, quizá es por el estado de ánimo por el que atravieso en estos momentos, que me decantaría por una literatura como la de Neumam en su hermoso libro sobre María Moliner o alguna reflexión de las que hay ahora sobre los tiempos de la calma y la paz que deben cultivarse en tiempos atroces, a mí particularmente me haría más sentido. Gracias por leerme.
Gracias a ti por tu propuesta, Lucila.
Como muchos otros artículos tuyos este no es la excepción: ilustran, proponen y enseñan. No está demás decir, que la posible censura o restricción por la plataforma a aquel texto son cuestionables y aberrantes. ¿La libertad de expresión?
Muy importante tu reflexión, Alberto, la compartiré. Gracias por las referencias. No conocía algunas y las buscaré ahora mismo, me encantan las buenas referencias. Estoy de acuerdo contigo en la necesidad de una literatura que venga de nosotros y nos alimente según nuestras necesidades y prioridades. Yo creo que el futuro está en el Sur, en lo que llaman “subdesarrollado”, que no es más que más cerca a la tierra. Desarrollar es desenrollar, alejarnos del centro, dejar atrás el corazón.
Interesantes reflexiones. Saludos
Muy buena reflexión. Creo que nada debería ser censurado, aun y cuando pueda ser contrario a mis ideas y pensamientos. Este actuar de las redes sociales y del algoritmo me recuerda a ese “no les pago para que me peguen”, de López Portillo.
Espero que este intento de censura cause el mismo efecto que en el pasado: que la gente, por curiosidad, consuma la obra.
A que pinche algoritmo tan de lado (controlado) de los malos. Compartido y a ver cómo se sigue poniendo la cosa. Que los escritores del mexapresente escriban sobre héroes mexafuturistas que a su vez mejoren el mexapresente en un círculo virtuoso.