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The Invite

The Invite

Luis Madrigal

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Ojalá pronto se me olvide, pero todavía no: un día alguien me preguntó, en público, cuál era la diferencia entre la actuación y el performance, el tipo de distinciones que en su momento parecen trascendentales y que media hora después uno dice bueno, no era para tanto. Enfrentado a la obligación de dar una respuesta, dije que la actuación requiere siempre de una audiencia mientras que el performance es puro gesto, uno que incluso puede pasar desapercibido por todos excepto por quien lo realiza. Se actúa para los demás (y por eso es tan desagradable verse en video; por eso los actores no ven sus películas), pero el performance es privado, un acto más o menos convencido que puede o no tener manifestaciones públicas pero que, como la fe, bien puede llevarse en secreto. De ahí el éxito de la gente que descubre lo supuestamente invisible: la performatividad de ser, digamos, hombre o mujer.

Por supuesto esa no era la respuesta correcta, o al menos la que mi interlocutor esperaba, pero insisto en este posible error conceptual años después luego de ver The Invite (Wilde, 2026), película que se pregunta todo el tiempo por este tipo de problemas: lo que hacemos para ser vistos, lo que haríamos después de cerrar la puerta.

La película comienza con una interpretación que se nos niega. Escuchamos las notas de un piano a cuatro manos, las voces de una mujer y un hombre que ríen al tocarlo. Pero en pantalla solo vemos tiras de celuloide desgastado, una película de otro tiempo que ni siquiera somos capaces de encuadrar correctamente. Lo primero que vemos en foco es la imagen de un hombre sentado en un auditorio. El lente se retrae y muestra a Joe (Seth Rogen) como el único espectador de un recital que tiene delante y sin embargo ni ve ni escucha. De ahí, a la manera inspirada de una comedia romántica de hace veinte, treinta años, la película recurre a la edición en paralelo: de un lado él y su odisea silenciosa de regreso del trabajo (¿alguien puede decir que fueron un buen invento esas bicicletas que se doblan?), del otro lado ella, Angela (Olivia Wilde), que arregla el tapete nuevo, compra flores y quesos y parece prepararse para una cita con Joe.

De esto Joe sabe nada; la cita no es con él. Están casados desde hace quince años, tienen una hija, el queso es para los vecinos que ya bajan. Joe dice que nadie le avisó del evento, pero ya lo vimos al mismo tiempo despierto e inconsciente en ese auditorio despoblado, así que no podemos confiar en su capacidad para poner atención. Primer estereotipo, el marido ya no sólo despistado, sino omiso a lo que le cuenta o pide su mujer. La convención es uno de los temas de la cinta, pero pudo haber prescindido de este, dada la seguridad de los pasos que da, del ritmo que le impone a los acontecimientos (a veces literalmente, con un violonchelo que avisa: TENSIÓN). Esa seguridad viene, en parte, de trabajar con un material probado de antemano. The Invite es una nueva versión—y van siete, con esta—de la película española Sentimental (2020), donde la premisa básica permanece inalterada. Una pareja casada recibe en casa a los vecinos del piso de arriba, que son en principio más atractivos y tienen sexo más frecuente y ruidosamente que sus anfitriones. Él, entonces, se propone confrontarlos por la disrupción que causa a los demás ese placer privado.

El sexo es confuso en sus fronteras. Aquí sí, aquí no; entiéndase como se entienda. Que nos escuche el otro pero no los otros. Que se entere aquel de lo que yo siento, que lo mío se vuelva suyo. Lo que hago, las caras que pongo, mis diálogos: ¿son actuación, o son performance?

Estos vecinos, mediante la transgresión mínima del sonido, invitan a un público. Una noche, antes de la cena a la que han sido convocados, Joe se desespera por el ruido, sube, pega en la puerta y trata de asomarse para ver lo que sucede. No ve nada, pero por la mirilla es visto y grabado. Quien actúa ahora es otro. Resulta por supuesto sintomático que Joe sea músico, que se dedique a la escucha. Para dejar de oír hay que hacer un esfuerzo importante, nunca más ejercitado como especie que en esta época de audífonos con “cancelación activa de ruido”. El sonido es lo que se cuela a pesar nuestro, una imagen llevada ya al cine en otra película de vecina psicoanalista como lo es Another Woman, de Woody Allen (1988). Es imposible, al ver The Invite, no pensar en esas comedias dramáticas de la burguesía monogámica, encerrada entre las paredes bien decoradas de un departamento metropolitano que popularizó Allen, o en los dramas cómicos de Edward Albee, principalmente esa versión cinematográfica de Who’s Afraid of Virgina Woolf?, de Mike Nichols (1966). Hay tensiones privadas que sólo pueden resolverse frente a un público, sea una sala de cine completa, sea el sillón de un analista que nos mira en silencio.

Joe, músico y profesor, trabaja hacia afuera. Angela, como antigua estudiante de bellas artes, es fotógrafa de imágenes enmarcadas que no ve nadie, y mira con detenimiento las paredes interiores de su cuarto para escoger un color que sólo verá ella; es decir, alguien que trabaja hacia adentro, de un modo que a él incluso le resulta invisible. ¿Qué haces todo el día?, le pregunta Joe en algún punto de la película, incapaz de apreciar este o aquel gesto. ¿Eres decoradora de interiores?, le pregunta en cambio el vecino, una profesión que se resuelve en la sutileza. Cuando Angela narra el momento en que conoció a Joe, una noche en que él tocaba en un bar, no menciona nada sobre la música; más bien recuerda su rostro y esa serie de ademanes y señas privadas que llamamos coqueteo, que no suelen ser visibles para el resto. Ella dice que corrió ocho cuadras para volver al bar y encontrarlo; él dice que no se enteró de aquel esfuerzo. Los vecinos invisibles (están cuando tienen sexo, no están cuando uno trata de despedirse), en apariencia heterodoxos, terminan por prestar el servicio más convencional posible: hacerla de espejo.

Photo: The Invite (2026)

 Luis Madrigal es escritor e investigador especializado en México contemporáneo. Cuenta con una maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York y un doctorado en Estudios Hispánicos y Luso-Brasileños por la Universidad de Chicago. Su trabajo explora las relaciones entre política, estética y representación urbana, con especial interés en la literatura, la fotografía y el cine mexicanos de los siglos XX y XXI. Ha sido reconocido con el George Watt Prize (ALBA, 2022) y el Premio de Ensayo para Jóvenes Escritores del Fondo de Cultura Económica (2016), además de haber sido finalista de diversos premios de ensayo y narrativa.

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Posted: July 30, 2026 at 10:02 pm

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