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Madres y perros, de Fabio Morábito

Madres y perros, de Fabio Morábito

Andrés García Barrios

Madres y perros, de Fabio Morábito, Editorial Sexto Piso, 2016.

No sabemos cuántas veces nuestra vida ha estado a punto de tomar un rumbo de novela; de novela de terror, de suspenso, romántica, psicológica o sobre narcotraficantes decapitadores. Pero el día en que fuimos a recoger nuestra pelota a la casa vecina tal vez estuvo cerca de convertirse en una escena de masacre o en la entrada a un laberinto de locura humana; y esa otra mañana de frío en que estuvimos jugando con un grupo de chavos desconocidos bien pudo ser ─sin darnos cuenta─ un encuentro con los fantasmas de gente muerta; también, quizás, aquella noche en que salimos como siempre a hacer jugging en la pista de tartán del fraccionamiento, se fue la luz y estuvo cerca de volverse una batalla a muerte entre dos generaciones resentidas desde hace siglos.

Tal vez estamos una y otra vez en el borde, a una nada de que nuestras existencias salten del otro lado. Pero la verdad es que casi todos regresamos siempre a éste. Somos gente sencilla, con escasas complicaciones: nos llamamos Ramiro, Jorge, Margarita, a lo sumo Phillipe, si tenemos ascendencia extranjera, Eduviges, si somos gente del pueblo, o Roxie Moore, si trabajamos de artistas porno. Nuestra madre está enferma, jugamos tenis en un club deportivo de la colonia Escandón y estamos encargados de darle de comer a la perra de nuestro hermano, un inmenso ejemplar de mastín napolitano que se llama Ñoqui y que nos amedrenta. A lo sumo cometemos una fechoría en el velorio de una mujer a la que admirábamos o timamos a un grupo de jóvenes en una playa. Pero nuestras verdaderas aventuras no pasan de ser imaginarias y nuestra experiencia pocas veces va más allá de lo que hemos leído, nos han contado o, temerariamente, nos atrevemos a inventar durante una charla.

Algún lector dirá: “Yo no, yo si he ido más allá del borde”, recordando la noche en que se quedó con un maletín ajeno y, dentro de él, con una cabeza humana, todo por ayudar a un hombre a protegerse de la lluvia. Pero ese lector, cuyo destino se volvió irremediable, es la excepción. Los demás tenemos que admitir que nuestras vidas siempre han permanecido visiblemente al margen de todo protagonismo.

Por fortuna para nosotros, hay buena literatura que nos revela lo invisible. madres-y-perros-portada (1)

Madres y perros, el nuevo libro de cuentos de Fabio Morábito, se mueve sobre todo en el borde que divide cordura y locura, vida y muerte, confianza y peligro, en la vida mexicana contemporánea.  En el borde, sí, en esa línea que no importa si es o no delgada porque lo que le interesa al autor no es su estrechez sino su profundidad. Con su escritura, Morábito descubre y nos muestra que los seres ordinarios somos abisales y que conocemos los estremecimientos que provoca el pasearse sobre esa fisura que en la superficie puede ser ancha o angosta pero que hacia abajo siempre es infinitamente honda.

Infinita, sí. Como todos nosotros, sus personajes nunca van mucho más allá del alambrado ni se adentran en ese mundo del que ya no hay vuelta, y sin embargo sus vidas dejan la clara sensación de algo que ha perdido piso y cae en lo insondable. Nos parecemos a ellos: ante el vértigo somos como ese insignificante plomero que intenta sostenerse reinventando la vida de otros y, como lectores, queremos agarrarnos de hechos ficticios que nos hagan sentir seguros. Pero Morábito no nos lo permite. No es que, como en las películas de acción, nos quite uno a uno los dedos cuando habíamos alcanzado ya un soporte. En realidad, nunca nos acerca demasiado a los posibles asideros: sólo nos permite verlos, husmearlos y desearlos aunque, al final, nos aparta de ellos como para desvanecer su ilusión.

En Madres y perros no hay nada que parezca definitivo. Salvo un par de cuentos que culminan en knock out, ninguno nos da la sensación de sentido o conclusión. Pero esto no es sino la estrategia del autor para arrojarnos a una aventura que no está en los fragmentos sino en la caída misma, pudiendo darnos cuenta al final de que aquí lo único que concluyó fue el libro pues el viaje que emprendimos a través de sus cuentos sigue su descenso.

No sólo por su amenidad sino por su estructura, Madres y perros nos hace leerlo de corrido, comenzando con relatos resquebrajados, historias rotas, como si les hubieran arrancado algunas páginas pero que, poco a poco, van adquiriendo fluidez, seguramente gracias a la resignación y a la final relajación de quien acepta que va cayendo en un pozo sin fondo. Después de todo, tal vez sí hayamos conseguido vivir nuestra novela de acción, con su proliferación de personajes y su emoción creciente, no aguda como la de los impactantes thrillers de la tele pero sí abisal e interminable.

Andrés García Barrios. Dramaturgo y director teatral. Creador de las obras Tiptofanito Tiptofanito 2, basadas en las novelas homónimas de Julio Frenk, y de Don Tierrote y su Sancho Luna. Su libreto para actores y orquesta El alma encantada de Papá Nonó, lo escribió a solicitud de la Orquesta Sinfónica de San Antonio (EUA) en 1997. Es guionista cinematográfico con títulos como Seres humanos, escrito en colaboración con Jorge Aguilera, trabajo que mereció el Premio Opera Prima en 1999 del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Es coautor junto con Julio Frenk de la novela Triptofanito en la célula, publicada por Editorial Planeta.

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Posted: May 7, 2017 at 10:28 pm

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