La esperanza húngara: ¿democracia sin transición?
José Antonio Aguilar Rivera
Entender la singularidad húngara ayuda a moderar el optimismo al considerar la probabilidad de que otros regímenes autocratizantes sean desplazados a través de procesos electorales antes de corregir los desequilibrios políticos e institucionales creados por el partido hegemónico.
El mundo ha vuelto la mirada al excepcionalísimo caso de Hungría. La esperanza asoma la cabeza. Después de 16 años el gobierno autocratizante de Viktor Orbán fue derrotado de manera contundente en las elecciones por la oposición presidida por Péter Magyar, un antiguo correligionario. Ese fenómeno obliga a repensar los procesos de autocratización. ¿Era la Hungría de Orbán, a final de cuentas, una democracia? ¿Se exageró la fortaleza de ese régimen? ¿Minimizamos la resiliencia de las democracias? El caso es muy notable por varias razones. La primera es que es muy poco usual que, después de varios ciclos electorales, un gobierno autocratizante pierda el poder mediante una elección. La razón es simple: los líderes políticos en esos regímenes transforman las instituciones de sus países para obtener una ventaja ilegítima frente a sus competidores en futuras contiendas. Políticos electos democráticamente destruyen a la democracia desde dentro. Imponen esquemas de sobrerrepresentación que les aseguran la conservación del poder. También crean una cancha dispareja de juego que les ayuda a prevalecer en las elecciones. Emplean recursos públicos para favorecer a los candidatos oficialistas y capturan o coaccionan a los medios de comunicación. Ponen jueces a modo en las supremas cortes o incluso destruyen al poder judicial, como en el caso de México. Así se vuelve muy difícil que la oposición derrote al partido en el poder. Orbán hizo todo esto, sin embargo, aun así perdió los comicios. ¿Qué significa este hecho? Si la definición de democracia popularizada por el politólogo Adam Przeworski es que la democracia es un sistema político en el que los partidos pierden elecciones, ¿podemos entonces concluir que Hungría durante el periodo de Orbán nunca dejó de ser una democracia? Me parece que eso sería un error, de la misma manera que sería una equivocación pensar que Chile en 1988, cuando se llevó a cabo el referéndum sobre la permanencia de Pinochet en el poder, era una democracia. Que Pinochet permitiera la celebración de la consulta, la perdiera y dejara el poder no quiere decir que ese régimen no fuese en aquel momento una dictadura. Lo era. Lo mismo puede decirse de México antes de las elecciones de 1997 o el 2000. Lo que ocurrió en esos países es que, previo al referéndum y a las elecciones en las que el PRI perdió primero la mayoría parlamentaria y luego la presidencia, se dio un proceso de negociación y de cambio institucional que permitió la posterior derrota y aceptación de quienes detentaban autocráticamente el poder. A ese proceso le llamamos “transición a la democracia”. Manoseamos tanto el concepto que perdió su significado. La transición involucra crear las condiciones –políticas e institucionales— que permitan que los partidos en el poder puedan perder elecciones y los gobernantes dejen pacíficamente el gobierno sin intentar subvertir los resultados electorales. Ese tipo de transacciones y reformas ocurrieron en Chile y en México, así como en otros casos exitosos de transición a la democracia, como España.
Lo notable en el caso de Hungría es que la derrota del régimen ocurrió aparentemente sin transición previa. Es, para caricaturizar un poco el argumento, como si el PAN hubiera derrotado al PRI en 1982 y el gobierno hubiera aceptado los resultados. Es cierto que la pertenencia de Hungría a la Unión Europea impuso límites a la autocratización en ese país (nunca tuvo a su disposición los múltiples recursos del PRI en México durante el periodo posrevolucionario), pero lo cierto es que Orbán logró establecer un autoritarismo muy exitoso en los más de tres lustros en los que gobernó. El riesgo es que el ejemplo de Hungría produzca un optimismo ingenuo y se subestimen las implicaciones de los procesos de autocratización. No es suficiente que la oposición le “gane las elecciones” a un gobierno autocrático. En Hungría era difícil que Fidesz, el partido hegemónico, perdiera las elecciones. Aunque ganara por muy poco –en un potencial contexto competitivo– las instituciones habían sido modificadas para que siguiera dominando el sistema político gracias a la sobrerrepresentación. Hungría dejó de ser una democracia porque volvió extremadamente difícil que Orbán perdiese el poder. Y con todo, eso fue lo que ocurrió.
Entender la singularidad húngara ayuda a moderar el optimismo al considerar la probabilidad de que otros regímenes autocratizantes sean desplazados a través de procesos electorales antes de corregir los desequilibrios políticos e institucionales creados por el partido hegemónico autocratizante. Péter Magyar logró construir una mayoría abrumadora porque era un hábil insider que no confrontó las bases ideológicas de poder de Fidesz. Conocía los resortes interiores de la máquina populista. Como un leal correligionario de Orbán, entendía muy bien la estrategia de polarización del régimen. Por ello evitó abrazar las causas que el gobierno había demonizado. Las utilizó a su favor. Si Orbán definió a su régimen como una “democracia iliberal” Magyar no levantó la bandera del liberalismo. En cambio, explotó el desgaste y las inconsistencias de su oponente. No se declaró simpatizante de la inmigración, por el contrario, denunció a Orbán como un hipócrita al firmar acuerdos selectivos de migración para algunas nacionalidades. Al crítico del “globalismo” lo acusó de ser cómplice tanto de Putin como de Trump. Capitalizó hábilmente el natural desgaste político de Fidesz al paso de los años y la corrupción que suele acompañar a regímenes autocráticos que eliminan los pesos y contrapesos. La oposición logró lo que seguramente será muy difícil hacer en otros regímenes autocratizantes: construir una aplastante mayoría para derrotar al partido en el poder. Desfondó a Fidesz. Magyar consiguió reunir una fuerza que, por su tamaño, pudo arrebatarle las abusivas ventajas que erigió. La sobrerrepresentación, que era la clave de la hegemonía del régimen, trabajó a favor de la nueva mayoría opositora. Orbán creyó que solo él podría emplear las instituciones de la autocracia. Se equivocó, aunque la experiencia del mundo respaldaba su creencia.
Las condiciones políticas de Hungría que permitieron a la oposición remontar las barreras de la autocracia son extraordinarias y sería un grave error creer que son fácilmente replicables en otras partes del mundo. Lo que explica la derrota de Orbán no es el voluntarismo, sino la feliz coincidencia de varios factores coyunturales y estructurales que difícilmente se replicarán en otros países. Debe decirse que no es la primera vez que las naciones de Europa oriental llegan a la democracia sin transición. Con el colapso de la hegemonía de la URSS se derrumbaron —no transicionaron— los regímenes prosoviéticos orientales. Las revoluciones de terciopelo se caracterizaron precisamente por lo súbito del cambio político y por la ausencia de una transición pactada. No es casualidad que algunos observadores vean semejanzas entre las multitudes que festejaban la derrota de Orbán y las que festinaron en Budapest la caída del socialismo en 1989. Sin embargo, lo más probable para los demás países que desean instaurar o restaurar la democracia es que tendrán que experimentar transiciones para construir las condiciones bajo las cuales los partidos hegemónicos puedan perder elecciones. Después de todo, una golondrina húngara no hace verano.
José Antonio Aguilar Rivera (Ph.D. Ciencia Política, Universidad de Chicago) es profesor de Ciencia Política en la División de Estudios Políticos del CIDE. Es autor, entre otros libros, de El sonido y la furia. La persuasión multicultural en México y Estados Unidos (Taurus, 2004) y La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 (FCE, 2010). Publica regularmente sus columnas Panóptico, en Nexos, y Amicus Curiae en Literal Magazine. X: @jaaguila1
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Posted: April 19, 2026 at 6:01 pm








