Book Recommendations
El arte y lo sagrado: Visiones y revisiones

El arte y lo sagrado: Visiones y revisiones

Daniel Goldin (Compilador)

Getting your Trinity Audio player ready...

Share / Compartir

Shares

Liminar
Daniel Goldin

¿Puede el arte negar la dimensión sagrada que le dio origen y que desde fines del siglo XIX no encuentra más sostén ni refugio en la religión? Ésa es la pregunta que, de manera más o menos explícita, une los diez ensayos reunidos en este libro. Pensado como un homenaje a Juan García Ponce, uno de los escritores clave de la literatura iberoamericana de la segunda mitad del siglo XX, nueve autores han sido aquí convocados para rumiar, discutir, rebatir o ampliar los argumentos de “El arte y lo sagrado”, un ensayo publicado por García Ponce en el convulso año de 1968.

Para cualquiera que recuerde ese año en el que, con aire rebelde y festivo, la imaginación pretendía tomar el poder, puede resultar extraño que un joven escritor de poco más de treinta años y comprometido con su tiempo se abriera a un tema que ya entonces únicamente solía ser abordado en relación con la historia del arte. No con el presente, menos aún con el futuro. Cincuenta años después, pensar en el tema resulta aún más ex- travagante. Tal vez esto sea un rasgo definitorio de nuestro tiempo. Tal vez por eso es más apremiante volver a ponerlo sobre la mesa.

En 1968, García Ponce aprovechó ese ensayo para dialogar con artistas, filósofos, teólogos, poetas y escritores que alimentaron su propia obra como narrador, dramaturgo o ensayista. Buena parte de sus interlocutores ya estaban muertos o consagrados. Todos asumieron que lo sagrado no es una cuestión solamente relacionada con el espíritu; que compromete el cuerpo y el deseo. Casi todos asumieron también que la creación artística es una forma del pensamiento, acaso la más comprometida. Los modernos lo reconocen: el arte no es un asunto inocente; se nutre de ideas. Celebra la vida, pero se abre a las paradojas que supone nuestra existencia como individuos. Y asumen que el arte debe cuestionar críticamente sus propias condiciones de existencia. Se alimenta de la tradición, desde luego, pero no la repite. La renueva sin pretender superarla: en el campo del arte no hay progreso, se retorna siempre al origen originante. Y cada vez es diferente porque cada artista es singular. Insisto, es un campo que produce pensamiento, no que traduce previamente ideas pensadas. Es el espacio para la confrontación ontológica más descarnada. Sin embargo, lo que en el arte acontece (no lo que ahí se expresa) es intraducible. Ésa es una de las paradojas sobre la que deben saltar los ensayistas que hablan de arte. Saber que lo suyo es sólo acercar al lector a un campo e invitarlo a saltar, para luego guardar silencio.

No voy a abordar en este breve texto la complejísima trama de García Ponce, tan luminosa como oscura. El lector podrá encontrar el ensayo en el apéndice de este libro. Quien se interne en él, leyéndolo y releyéndolo, notará cómo se construye a través de una gramática peculiar. Ésa que sirve para hablar de lo inefable; para hacer aparecer lo invisible; para saltar sobre esas categorías que concebimos como opuestas: luz y oscuridad, presencia y ausencia, el uno y lo otro; para vencer a la muerte afirmando la fugacidad de la vida. Cada artista lo hace de manera singular. Desde fines del siglo XIX, no hay en esa búsqueda una promesa de consuelo ni de expiación. No hay lugar para culpas, paraíso, infierno ni purgatorio. Han perdido valor esos escenarios en los que solemos pensar cuando hablamos de lo sagrado. Lo sagrado se ha diferenciado de la religión. Es un acontecimiento ontológico. Como tal, se nutre de la inocencia y exige atención y cuidado. El arte finalmente es eso: llevar el lenguaje a sus límites a partir del rigor.

Asumiendo que tanto el arte como lo sagrado son dos conceptos que se han transformado y lo seguirán haciendo ya sea en términos históricos o sociales, los nueve ensayistas que hemos invitado revisan, discuten, amplían la visión de García Ponce, a veces indagando en las mismas fuentes o pensando con base en otras referencias y perspectivas.

 

Ahogo de incienso
Carmen Leñero

El arte hace de la intemperie hogar.

……………………………………………………….

Mi mirada roza la piel de las cosas, delicada, suavemente sor- prendida. Va ella consagrando lo que mira, evitando hasta el último momento decir el nombre de la cosa, aproximándose a su centro invisible, quizá no su centro, sino su espalda deliciosa y morena.

……………………………………………………….

Lo sagrado no es atributo, es un modo de contacto.

……………………………………………………….

Este sueño nuestro de Absoluto ¿es pesadilla o desatino? Qué necedad buscar lo Uno en todas partes, nunca diferente de lo otro, continuo y trascendente por ley sagrada.

……………………………………………………….

Maestro en el arte de la contemplación, Juan García Ponce sabía habitar el silencio en presencia del arte, el arte abstracto en particular, que detenía el discurso para que emergiera otra dimensión inmanente y trascendente a la vez, feroz y amiga.

……………………………………………………….

Aunque nada es profano en mi mundo, desde niña tengo resistencia a hablar de “lo sagrado”, a especular sobre algo tan natural y presentido, como si se tratara de un atributo opcional, un adjetivo ornamental, una virtud. Omnipresente y discreto, si existe, lo sagrado no quiere que lo manoseen. Un humo de incienso me llena la boca.

……………………………………………………….

Anduve buscando lo divino a mi alrededor, como quien busca crecimientos del moho, vida persistente en la piedra hierática.
¿Podríamos aceptar de una vez por todas la nobleza de lo insustancial? ¿Podríamos descubrir la índole sagrada de la apariencia?

……………………………………………………….

Me sentía tan segura habitando lo eterno-aquí que nunca precisé de “lo sagrado”. Esa palabra me daba escalofríos, me perturbaba como un timo de adultos.

……………………………………………………….

Cada cosa encierra su noche, su propia noche, su misterio único escalofriante con el que te conectas en reverencia, perplejo. Eso si te atreves a penetrar en ella, más allá de la belleza y de la forma pura, sublimada. El arte no imita ni fija ni ordena, apacigua al viajero perdido. Permite abrir los ojos en esa oscuridad intrínseca a toda cosa y morar ahí un segundo.

……………………………………………………….

Como acción de chamanes y sacerdotes, el arte se presume me- diador de lo Absoluto. Y no es más que su llamado ingente.

……………………………………………………….

Escucho la presencia de lo divino como en sordina, esperando otro momento, siempre otro momento que no llega.

……………………………………………………….

Lo sagrado nos deja mudos si en verdad se expresa, y ciegos si nos mira de frente. El arte ahonda nuestra percepción con su presencia, diría Juan García Ponce.1 Nos coloca en la no siempre confortable situación de presentir.

……………………………………………………….

Si partiéramos de que lo sagrado no existe y de que nada guar- da en su interior, dejando sólo químicos y polvo, ¿sabríamos ha- bitar en el planeta? ¿Cómo sobrevivir si los objetos que nos rodean no tienen alma –esa vibración que nos atañe–? ¿Cómo conocerlas sin amar su parte oculta –insondable y en crecimiento–, reduciéndolas a un fenómeno más, secreto que ha sucumbido, luz que centellea momentánea?

……………………………………………………….

Eclipse de luna en mi mente, presencia ausente, estado de ánimo incoloro.
……………………………………………………….

“No tocar”, se nos advierte ante lo sagrado, ya se trate de un lugar, una imagen, un cuerpo. “No decir”, “no ver a los ojos”, “no imitar”, “no explicar”, “no atrapar”, “no atesorar”. Rendirse hechizado, exige. Ser una ciega estatua de sal que osó mirar a sus espaldas las acciones incendiarias de un dios cruel.

……………………………………………………….

Lo sagrado no se pronuncia.
El arte que lo nombra lo traiciona.
Sólo señala, nos hace ver que vive
expectante y radioactivo.
Nos abre a su presencia intolerable.
Lo sagrado ¿surge por sí mismo
o es un milagro que le colgamos al mundo?
No es atribución, sino llamado.
Pulsa pese a lo enigmático y lo “feo”.
No depende de la mirada ni del oído.
No depende de la fe ni del temblor.

Lo sagrado sobreexpuesto
Es un agravio. Ha de mantenerse intocado, incomprensible
respecto de todo lo que existe
o que pudiera existir,
libre del pensamiento y del lenguaje,
del color, los sabores y la forma,
del acuerdo colectivo o del secreto.

……………………………………………………….

Sólo quien renace habita el ser y ya no su propio ser, que ha muerto.

 

Coedición Ediciones Era / Universidad Autónoma Metropolitana
Primera edición: 2025
ISBN: 978-607-445-676-9 (Era)
ISBN: 978-607-28-3398-2 (UAM)

 

Comprar el libro AQUÍ

 

Daniel Goldin

Daniel Goldin, México, 1958. Es editor, ensayista, bibliotecario y artista plástico. Realizó y prologó Apariciones (antología de ensayos) de Juan García Ponce (FCE, 1994). Su más reciente libro es Los días y los libros. Divagaciones en torno a la hospitalidad de la palabra (Océano, 2024).

 

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad.


Posted: November 19, 2025 at 10:04 pm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *