Formas de intensidad
Ioana Gruia
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El amor y el arte son las únicas formas de intensidad a las que tenemos acceso. Me refiero a ambos términos en sentido amplio: el amor incluye no solo el amor erótico, sino el que se tiene a los hijos, padres, hermanos, amigos y el arte la literatura, el cine o el baile. Está, por supuesto, también el amor al arte: se aman los cuadros, los libros, las películas y las canciones. Algunas personas no pueden vivir sin este amor.
He pensado en todo eso a raíz de la lectura de Las vidas de Elena (Almadía, 2026) de María Fasce. La exactitud del título es matemática: hay una vida antes de la devastación que sufre Elena y una después, pero el puente que las une (o separa) está roto: “el tiempo se volvió una sustancia sólida imposible de dividir”. En la teoría del trauma se diferencia entre memoria traumática y memoria narrativa (la distinción es de Pierre Janet, contemporáneo de Freud) y se señala que uno de los efectos del trauma es la profunda perturbación del sentido del tiempo y la desaparición de las expectativas de futuro.
Hay también una vida otra buscada deliberadamente y con desesperación. Por eso Elena, recién llegada a Amsterdam, agarra a sabiendas la maleta idéntica de una desconocida llamada Lina (no creo que sea casual la aliteración Elena/Lina) después de que esta haya hecho lo mismo con la suya. La imagen inicial, de las maletas que circulan por la cinta transportadora en un aeropuerto hasta que al pararse la cinta los bultos se caen, es estupenda porque funciona al mismo tiempo como escena por completo real, cotidiana, sin una sola nota forzada, y como una formidable metáfora.
Las palabras de Van Gogh antes de morir, que aparecen reproducidas al comienzo del libro, “La pena nunca se irá”, pueden aplicarse perfectamente a la protagonista y, como sabremos bien avanzada la novela, a Lina. Sombras que se alargan en la noche del dolor: así son, así parecen deslizarse por la vida, como los náufragos del mundo de “Niebla del Riachuelo”. El tango atraviesa todo el libro (no solo porque Elena es argentina y va habitualmente a las milongas madrileñas a bailar), sino porque su imaginario impregna al mismo tiempo el fondo y la forma de la novela, la historia, el aliento, el latido y el ritmo entrelazado de las frases. Armonizar forma y fondo, una de las tareas imprescindibles y nada fácil a la hora de escribir, se parece a bailar tango: hay que tener un dominio perfecto de la técnica y a la vez provocar la sensación de levedad, de movimiento fluido, como si el texto se escribiera solo. Y algo más: fondo y forma deben bailar juntos, buscarse y anhelarse. El “arrastre” además es fundamental: se está cerca de la tierra (un campo semántico importantísimo en la novela), del suelo, de lo concreto, se tantea su resistencia igual que se tantea la mano que sirve de apoyo. En el tango se “camina” de algún modo como si se midiera el aliento y el latido de la vida, su resistencia al retenernos.
En Las vidas de Elena hay no solo desgarro, también mucho amor, mucho deseo y mucho arte. Los cuadros de Vermeer, Renoir, Steen, Goya o Van Gogh, el cine de Bergman o Truffaut, el centelleo rojo de un jardín de amapolas o la música hipnótica del tango actúan como fogonazos de vida, como manos que retienen y no permiten que la protagonista se diluya, que su cuerpo se desintegre por el dolor. La mantienen del lado de la vida. El arte le impone a la vida la estructura de la que esta carece, el orden que le otorga la narración, un orden sutil, elegante y preciso como los pasos del tango, que parecen deslizarse sin esfuerzo en una coreografía cuya compleja y elaborada levedad es la de los libros, las canciones y las películas que recordamos. Una levedad que recomendaba Calvino en Seis propuestas para el próximo milenio y detrás de la cual hay un trabajo de orfebrería. Como en esta magnífica novela que permanece en nuestro interior una vez acabada la lectura y desde ahí nos acompaña en el baile con la vida.
Foto de Rafael Leão en Unsplash
Ioana Gruia (Bucarest, 1978) es autora de El sol en la fruta (Premio Andalucía Joven de Poesía, 2011) y de las novelas La vendedora de tiempo (2013) y El expediente Albertina (Premio Tiflos, 2016). Su último libro de poesía publicado es Carrusel (Premio Emilio Alarcos, 2016).
©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.
Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.
Posted: February 10, 2026 at 9:09 pm







