Gerardo Taracena
Óscar Garduño Nájera
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Hay una nota a una fotografía en su Instagram en la que el actor Gerardo Taracena le pide a alguien que ya ha muerto, junto al que aparece en la fotografía, un querido amigo, que hable con Dios, que le pregunte por qué se está llevando a sus amigos, por qué lo está dejando solo acá, en la tierra. Creo que ahora mismo yo le pediría lo mismo a él, a Gerardo Taracena, un actor hecho por sí solo, con una prometedora carrera en el mundo de la actuación, porque su repentina muerte sorprendió a todos, porque me parece que aún no era su hora, porque ahora mismo, mientras escribo, lo alcanzo a ver arriba de un escenario, en una de las tantas series de streaming, o en una película, siempre en la actuación, pues Gerardo Taracena soñó con actuar desde que era muy joven, con entregarse de lleno a un trabajo que le exigía demasiado, y al cual siempre supo responder; con su partida se pierde a uno de los actores más destacados no solo en el ámbito nacional, sino en el internacional, como bien señaló en la nota, que publicó en sus redes sociales, el actor y director Mel Gibson, con quien Gerardo Taracena filmó la película de “Apocalypto” (2007), una de las tantas que catapultarían a Taracena a las grandes ligas, con actores igual de grandes. Así que pregúntale, Tara, dile a ese Dios por qué te llevó tan pronto, por qué no te permitió la carrera exitosa que aún tenías por delante.

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Las molestas guitarras de tres hombres suenan tras de nosotros, persistente el sonido, un bolero de irreconocible nombre, una voz, la de un chaparrito, con bigote mal cortado y cabello a lo Óscar de León, que insiste en cantar rancheras, baladas románticas, una que otra de Vicente Fernández y, claro, hasta la perpetuidad, las oficiales baladas de José José y Juan Gabriel. Estamos los tres en una de las mesas de una cantina ubicada al sur de la Ciudad de México. A mi lado está el también actor Fernando Berzosa, quien no deja de revisar con ahínco la pantalla de su celular a la espera de un importante mensaje; frente a mí está Gerardo Taracena, quien me comparte, desde su móvil, un video de lo que para él es una de las escenas más difíciles de toda su carrera: de entre el espumoso oleaje del mar de las Islas Canarias aparece él con los brazos en alto, festejando, su sonrisa es infantil: Taracena es, en ese momento, un niño que conoce el mar por primera vez; a lo lejos, en la playa, la producción de una serie española le aplaude, lo festejan lo mismo que a un indolente Ulises, y es que la escena no es para menos, me comenta Taracena, durante varios segundos tuvo que permanecer bajo el agua simulando estar sin vida, pues en la trama ya lo habían asesinado, mientras cámaras acuáticas lo filman en una escena que comenzó a las diez de la mañana y que se consiguió, por fin, a las cinco de la tarde. Pero Gerardo Taracena se especializa en trabajos así: arduos, disciplinados, con muchos requerimientos mentales y, claro, físicos. El mismo Mel Gibson aplaudió su trabajo actoral al realizar la película de “Apocalypto”: a Taracena lo persiguen por tierra y él corre veloz, incansable, parece que no se agota, es como si hubiese nacido para actuar, sí, lo es: nació para actuar, lo supo desde joven. Termina de mostrarme videos y fotografías y me repite que esa escena es una de las más complicadas de su carrera. Lo felicito. Luego me cuenta una anécdota que tiene que ver con el director Martin Scorsese, con la película “Toro Salvaje” (1980) y con Pedro Infante y su Pepe el Toro. Reímos. Las risas nos cubren. No lo sabemos en ese momento, pero ese es nuestro último encuentro, porque semanas más tarde me anuncian su muerte por un mensaje de Messenger. Como diría Eusebio Ruvalcaba: “Andar así y a estas horas. ¡Carajo!

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No quiero enlistar el trabajo fílmico y televisivo de Gerardo Taracena porque eso ya lo han hecho hasta el fastidio las revistas de espectáculos, las cuales también han especulado, en ese podrido amarillismo que las caracteriza, con los motivos de su muerte. Quiero hablar del otro Gerardo Taracena: del amigo con el que compartí carcajadas, borracheras, obras de teatro; al que tuve la oportunidad de invitar al estreno de mi primera obra de teatro, “¿Qué tan altos son los edificios en Nueva York?” (2016) y sus inmejorables críticas, a ese amigo tan querido cuyas primeras escenas, de sus primeros trabajos, nos representaba en vivo en el pequeño departamento de Laureano Castrejón, uno de sus primeros maestros de teatro de Gerardo, porque siempre que llegaba emocionado por su trabajo, le pedíamos que nos lo interpretara, entonces Taracena se metía en la única habitación, hacíamos una cuenta regresiva y salía para actuarnos el papel que iba a tener en la película, en la serie. Hablo del experto en el teatro de Jorge Ibargüengoitia, del amigo que, en una ocasión, en medio de una obra de teatro, tenía que meterse a un féretro para espantar a alguien que aparecía en escena… y no despertó, por primera vez a Taracena lo había vencido el cansancio, porque pocas veces se cansó de trabajar desde los catorce años, de entregarse a sus personajes, como cuando se paraba a las cinco de la mañana para acudir al parque a aprender a andar en patineta, porque tenía en puerta un proyecto de un chico que era skate.
Ese es el Gerardo Taracena que yo conocí, quien también dirigió lo que fue mi horrorosa primera obra de teatro, “La esperanza de la insurrección”, cuando incluso de nuestro bolsillo tenía que salir para los pasajes, pues las camionetas de la alcaldía Benito Juárez nos dejaban, a todo el equipo de la obra, colgados en los sitios a donde nos trasladaban para presentar la obra de teatro, una que Gerardo Taracena me destrozó en cinco ocasiones, hasta que por fin, luego de escuchar con atención sus sugerencias, conseguí escribir el maravilloso arte de la dramaturgia, de ver a los personajes frente a ti en el desarrollo de la acción, de ese Taracena es del que hablo, a ese Gerardo es al que voy a extrañar, hasta que nuestros caminos otra vez se junten, descansa, querido, amigo, descansa al fin.
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Posted: February 19, 2026 at 7:41 pm
Óscar Garduño Nájera. ha publicado en Newsweek en español, GQ México, Laberinto, Replicante, Opera Mundi, Forbes México, Milenio, así como en distintas antologías.






