Essay
La elástica memoria
COLUMN/COLUMNA

La elástica memoria

Angelina Muñiz-Huberman

La memoria, pródiga memoria. Para bien o para mal. Recuerdos agradables, amorosos y los no deseados mejor olvidarlos. Memoria y olvido unidos. Memoria que pierde la memoria y olvido que no se olvida. En algún rincón las cosas quedan para salir en su momento oportuno. O inoportuno. Según.

Memoria un tanto cuanto distraída. A veces la llamo y no viene. Necesito un nombre o una fecha y se me escapa. ¿Por qué, memoria? Si estás ahí para recordar. Ese es tu papel. No se te olvide.

Hay muchos tipos de memoria. Me acuerdo de los siguientes: memoria sensorial, memoria a corto plazo, a largo plazo, y catorce significados más que incluye el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Luego están las comparaciones con el reino animal: memoria de elefante para una gran memoria. En cambio memoria de pez, de grillo o de gallo para poca memoria. Y me pregunto ¿quién decidió eso?, si recuerdan su camino en el mar, su puntual canto de alegría al salir el sol y otras cosas que nosotros no sabemos.

Memoria en todas partes. ¿Acaso el reino vegetal no recuerda cada estación del año y así acomoda sus cambios? Como siempre, la arrogancia de los humanos de creerse únicos y privilegiados.

Luego están los sinónimos. La cantidad que hay para la memoria y que podemos seguir agregando por su calidad elástica. Recuerdo, evocación, conmemoración, retención, memorial. Pero también biografía, historia, ciencia  y lo que se aprende cada día. Y hasta discursos e informes. No digamos con preposiciones: de memoria, en memoria, a la memoria, por la memoria, con la memoria. Y, claro, la moda es referirla a la capacidad del mundo cibernético. A la virtualidad en marcha.

La memoria no tiene fin. Se sigue acumulando. Encuentra su acomodo y empuja para encontrar su lugar. Hazte a un lado que ahora entro yo, la poderosa.  Y, en efecto, cabe.

Sin memoria no hay conocimiento.

Memoria, entendimiento y voluntad,

las potencias del alma

según Aristóteles.

Sin olvidar que la memoria puede ser una condena, una carga, una obsesión y mejor borrarla. Recuerdos molestos, asociaciones desagradables, arrepentimientos. Mala conciencia.

¿La memoria es una forma de la experiencia?

¿Es una situación desgastada?

¿Es el pasado irrevocable?

¿Sirve o no sirve?

Según.

Para bien o para mal, está ahí y no se va. También da vueltas. Surge inesperadamente. En el momento adecuado para ayudar. En el momento inadecuado para silenciar. Depende de la palabra: dilo o cállate.

Va caminando a nuestro lado. Es una sombra que delata o protege. Lleva en sí todas las posibilidades. Se convierte en un secreto. Sabe lo que sabe, pero no siempre lo dice. Es maleable, escurridiza, saltarina. No siempre de confiar. Hay que estar en guardia ante ella. Preparados para la esgrima, el juego, la lección.

Tiene su vida propia y se escapa como un gato en la esquina de las tinieblas. Es una luz aleatoria que se enciende y se apaga. Por más que se la invoque si no quiere acudir no lo hace. Se pasea por los tejados en perfecto equilibrio igual que el gato. Tal vez sea su doble. Y nos hace quedar mal.

No recordar es imperdonable.

Crea un vacío.

La conversación se interrumpe.

(No digamos cuando la memoria se enferma:

Alzheimer.)

Sabe tejer muy bien, con hilos de colores y patrones sólo por ella establecidos. Si se quiere descubrir las conexiones intracerebrales baste con seguir un chip en su deambular electrónico. Tiene mucho de parecido con un circuito virtual. O viceversa.

La memoria es la sorpresa después de media noche manifestándose en el sueño. El sueño que sintetiza la memoria del día revivido. Como un cóctel la memoria agita los acontecimientos y los trasforma a su gusto en situaciones inéditas. La inventiva triunfa hacia el amanecer.

Aunque también ocurre que al despertar sabemos que soñamos, pero ¿el qué? Es cuando la memoria nos traiciona y ella tendrá sus razones. ¿Por qué lo haces, memoria? ¿Por qué te niegas a ti? ¿No te gusta hacer esfuerzos? Los tengo que hacer yo por ti y no encuentro el camino.

Ahora ha surgido un rival. La memoria de las máquinas.

Las máquinas recogen la memoria.

La memoria dispersa.

La ordenan.

La memoria sin esfuerzo.

Se desmaya.

Ahí está

Ahí.

Ah.

Y luego están las seudomemorias (así sin “p”, por favor, no la pronuncio), género que me inventé contra la memoria y en el que he escrito varios libros. Que me ha servido para enmendarle la plana a la memoria. Es decir, para hacer con ella lo que quiero y no aferrarme a su vaivén. O sea, inventármela. En lugar de contar las cosas como creo que sucedieron, hacerlo como me hubiera gustado que sucedieran.

Seudomemorias.

Después de todo, no son comprobables.

No son una operación matemática.

Son elásticas y, a veces, simpáticas.

Tienen su propio reloj.

Quieren ser rígidas, apegadas a la verdad, sin lograrlo.

Un tanto cuanto despistadas.

Eso me permite que la memoria sea “seudo” o no.

Jugar con ella. Trasladarla.

Estar o no estar. Ser o no ser, no faltaba más.

                                                                                                Adiós, memoria.                                                                                                                                                                                                                                                                                              

*Imagen de Melanie Smith. De su serie sobre la memoria. Acrílico sobre madera

 

Angelina Muñiz Huberman es autora de más de 50 libros. Ha ganado el Premio Xavier Villaurrutia ,  el Premio Sor Juana Inés de la Cruz el Premio José Fuentes Mares, Magda Donato, Woman of Valor Award, Manuel Levinsky, Universidad Nacional de México, Protagonista de la Literatura Mexicana, Orden de Isabel la Católica, Premio Nacional de Lingüística y Literatura 2018, entre otros.

 

 

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Posted: December 21, 2021 at 7:16 pm

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