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Para abrirle las siglas al fútbol (y entender la MLS gringa, I)
COLUMN/COLUMNA

Para abrirle las siglas al fútbol (y entender la MLS gringa, I)

Carlos Labbé

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Es como cuando, en plena canícula de cualquier ciudad en la Abya Yala, secado por el cemento ubicuo y tostado por el sol que desfiltra la atmósfera petrolizada, cualquier institución o comunidad barrial súbitamente nos abre un parque o placita para ofrecernos la fronda de cierto árbol con una banca de madera a su sombra.
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Fresco entonces ahí mismo, bajo un eastern hemlock en pleno Jackson Heights en Queens, me siento a intentar escribir esa sensación de que todo se me expande por dentro cuando lo que era pura dureza, concreto, amenaza, estrechez, inesperadamente se vuelve acogida y se me expande por eso la lengua: celebrar un gol tras una jugada urdida de a cuatro pases consecutivos, jugadores que corren con propósito por las bandas y usan la mutua percepción telepática para marcarse un pase al vacío en diagonal con que la pelota terminará en redes adversarias no como resultado de un sometimiento destructivo del otro, sino como consecuencia natural de la armonización gozosa del grupo humano admirable.
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Jugar ahí, contemplar eso o aplaudirlo y gritar involuntariamente de placer ante la maravilla de gravedad, peso y movimiento –que para eso vinimos en forma de cuerpos oxidables y oxigenables a este mundo– es parecido a encontrar la sombra de este árbol y también se asemeja a pronunciar en voz alta, para alguien que lo necesita con urgencia y no logra agarrar su sentido, la frase continua de palabras completas, demoradas y rápidamente en conjunto de cualquier sigla que ha sido hecha para dejar fuera de su significado a todo quien no conoce su contexto en jerga técnica: WWW, ROLF, AI, pero también ONU, USA, UK y también YOLO, PIP, DNI, CEO, FIL (incluyéndome en eso I, incluyéndote U, I/O). Un goce que no es el acto puro de abrir la sigla, verbigracia la sensación de desplegar aquí alguna sigla dura que es mejor que se quede arcana, como ese ICE que nos congela todo alrededor ahorita. Por cortesía a ti, que me lees, no quiero abrir la naturaleza del goce hasta el último párrafo –también te prometo que sí lo haré en propiedad en un futuro no muy lejano, oxalá, cuando la terminología ICE sea imitación de sangre seca en los museos de la memoria junto a las SS, IDF, KGB, CNI y CIA.

A cambio, por ahora quiero ofrecerte esto: aclarar que decir la localidad en donde nos leemos es lo opuesto a encerrarme con siglas. Cuando digo que escribo desde la Abya Yala es por una voluntad de vivir nombrando –de nombrar lo vivo– en vez de quedarme en sacar cuentas de la cantidades de caracteres en todos los niveles de realidad en que me toca habitar y recorrer los Estados Unidos ahora, que son al mismo tiempo y profundamente la Colonia de la Nueva Inglaterra en negocios con la Nueva Ámsterdam y con la Plantación, que son todavía América con o sin acento, con o sin K y triple K –el mercado a secas–, pero que vuelven a ser también la enorme Turtle Island y los territorios frondosos antes y sobre todo hoy llamados Haudenosauneega. Quiero todos esos lugares a la vez si acepto su entidad en mí como quien acepta escaleras que son colinas y postes, como quien pisa firme los estratos que solo pueden apilarse tocándose, que resuenan juntos y distantes cual acordeón y cual acorde, igual que la sigla y sus palabras no son para nada lo mismo pero se enfrentan unas a otras por sus significados, unas para explicar y otras en busca de que se terminen adhiriendo, que se sumen y se escondan juntas para luego, contagiadas y atraídas en su oposición, ojalá se exhiban a plenitud –que la misma ojalá exceda la mezcla del árabe inch’alá con el hebreo ah’lai por gracia del orixa de la creatividad el gran Oxalá.    

Así mismo la MLS, el campeonato principal de fútbol de estos rincones, portón de fierro ante el cual quienes disfrutamos del juego tantas veces hemos pasado de largo, podría convertirse en acordión, costanera, bulevar y tobogán para la fanaticada si se nos abrieran las siglas a Major League Soccer y pudiéramos pronunciar eso simplemente como la liga local, el campeonato gringo, the angloamerican league, a confederation of united teams, el lugar donde los centros desperdigados por toda la inmensidad y carreteras de estas tierras siempre extrañas se encuentran en algo tan chiquitito y con las reglas tan claras como jugar a la pelota, en algo solemne de compañerismo sin acento como lo es jugar al fútbol y al futbol, en algo diverso que divierte como lo es jugar al balompié, al fulbito y a la pichanga, a la cascarita, al picado y al scrimmage, a la pelada, al partidí y a la caimanera y a la chamusca y a pegarle fuerte nomás aunque se nos vaya a caer al agua o a la calle o quebremos un vidrio de la comisaría que es el monasterio, el banco y la cárcel con portón de fierro al que no llamamos estadio sino arena porque igual no tiene ventanas, sino forados infranqueables en altura; si las ventanas se quiebran, también pueden abrirse para conseguir ventilar el espacio y además para el encuentro a cortina cerrada, y si se te hace áspera esta enumeración acompáñame mejor a abrir las ventanas de lo que el mensaje oficial de la MLS anticipa sobre el partido del Los Angeles Football Club contra elPortland Timbers del viernes 25 de julio de 2025 a las 10:30 de la noche del horario del Este de Estados Unidos:

«Tras cuatro partidos sin perder, LAFC vuelve a la punta de la Conferencia Oeste después del feroz empate 3-3 con sus rivales de LA Galaxy. Denis Bouanga, talismán de los Oro & Negro, hizo historia contra la G, al convertirse en el primer jugador que marcó goles en seis partidos consecutivos de El Tráfico y ha desplazado a Zlatan Ibrahimović para convertirse en el segundo jugador con más goles en la historia de los clásicos de esa ciudad, con diez goles. El seleccionado de Gabón fue también uno de los jugadores sobresalientes del juego del MLS All-Star Game, mientras la estrella del Portland, David Da Costa, no estuvo ahí por una lesión. Aun sin certeza de que Da Costa esté contra LAFC, los Timbers buscarán un resultado positivo en California después de un dramático 1 a 1 contra el Minnesota United. Sin ganar desde hace tres fechas, para el Portland (con 34 puntos) una victoria los catapultaría por sobre Los Angeles (con 36 puntos) en las posiciones de la Conferencia Oeste.»

No son tantas las siglas en este párrafo y sin embargo qué puede entender uno que es aficionado al fútbol y no tanto a las frases hechas, a menos de que sean pronunciadas por voces que han alcanzado la sabiduría performática de la compasión mediante el antiguo oficio como Juan Gabriel, Myriam Hernández, Manuel Puig, Clarice Lispector o Bad Bunny. ¿Qué son el «feroz empate», aquel «talismán de oro y negro», «el dramático 1 a 1» y esa «victoria [que] los catapultaría por sobre Los Angeles» sino claves retóricas del éxtasis de la cópula, tropos del bolero, títulos de cualquier salsa romántica, bachatitas, suspiros de trap de amanecida, líneas místicas de consumación por las cuales sor Juana y sor Úrsula y Juan de la Cruz y Zurita y Margo Glantz morirían por no poder morir más?

Más allá o más acá de la ley del Estado, ¿qué resulta territorialmente –en términos de nuevos lugares donde poder pronunciar el lugar donde vivimos– de un ayuntamiento entre Los Angeles y Portland, entre Portland y Minnesota, entre Minnesota y Vancouver y sigamos por favor, no te detengas, hacia el norte y hacia el este y hacia adentro de la vastedad hasta perder las coordenadas, desde el río hasta el mar, hasta disolver todos estos periodos de la oración en el mar, en la mar, que es el morir?

Sospecho ante el portón de fierro que no se trata ya de únicamente encontrar respiro bajo una fronda durante la canícula de la Abya Yala, cuando todo pareciera estar quemándose alrededor. El portón no solamente permanece cerrado, sino que cambió su estado físico, quema nada más tocarlo y así afloja, se abre y el lenguaje antipático de los bárbaros negociantes, ingenieros, programadores, guardias, porteros, empleadores, cede, el vocablo por fin se entiende, es la boca de mamar de cada ser humano que da un alarido, se abre y nos abre para poder penetrar en su arena para que en la próxima entrega sea el grito multitudinario, la lengua amorosa de quienes se pegan patadas entre sí y luego se las celebran a puro beso y abrazo.

Foto de Resat Kuleli en Unsplash

Carlos Labbé vive entre Machalí, Santiago, Brooklyn y Queens. Ha publicado diez novelas, entre ellas Pentagonal: incluidos tú y yo (primera novela en hipertexto latinoamericana, 2001), Libro de plumas (2004), Navidad y Matanza (2007), Locuela (2009), Piezas secretas contra el mundo (2014), La parvá (2015), Coreografías espirituales (2017), Viaje a Partagua (2021) y Riachuelo (2025), varias traducidas al inglés, turco y alemán. También es autor de las colecciones de cuentos Caracteres blancos (2010) y Cortas las pesadillas con alebrijes (2017), y del ensayo Por una pluralidad literaria chilena: el colectivo Juan Emar (2019).

Formó parte de las bandas de rock pop Ex Fiesta y Tornasólidos, del colectivo Sangría Editora, y tiene cinco discos solistas disponibles en todas las plataformas. Ha sido guionista de los largometrajes Malta con huevo (2007) y El nombre (2016). Trabaja como traductor y editor bilingüe.

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Posted: August 31, 2025 at 10:38 pm

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