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Venezuela: umbral

Venezuela: umbral

Gisela Kozak Rovero

La tragedia de mi país en estos últimos meses ha sido fecunda en imágenes que han dado la vuelta al mundo; pero hay algunas que se quedarán para siempre en la memoria personal. Una joven, Paula Colmenárez, hija del defensor de derechos humanos Andrés Colmenárez, es agredida por guardias nacionales bolivarianos. Paula está envuelta en la bandera de Venezuela y un grupo de no menos de quince efectivos la rodean, como una jauría hambrienta cebándose en el miedo de una mujer valiente y desarmada. En otra foto uno de ellos la arrastra con la bota mientras pilotea una motocicleta. Qué gozo el de esas caras envilecidas de seres que se comportan cual mercenarios que buscan botín de guerra; los mismos que roban carteras y teléfonos mientras nos inundan de gases tóxicos, nos lanzan perdigones o balas, matan a muchachos o se ríen como el coronel Bladimir Lugo, personaje del que me ocuparé luego. El fotógrafo Miguel Gutiérrez captó la detención arbitraria de la muchacha y el padre de Paula agradeció en Twitter su trabajo, que tal vez ayudó a dejar en libertad a una adolescente de 17 años que empieza a estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Sin testigos, quién sabe lo que los roedores vestidos de verde hubiesen hecho.

El coronel Lugo antes mencionado está encargado de la custodia del Capitolio Nacional, nada más y nada menos que la sede del parlamento venezolano; en un video testimonio de humillación empuja por la espalda, cual pelele, al presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, y en aquel momento nos dio un empellón a todos nosotros, los venezolanos desarmados, que con nuestro voto apoyamos un cambio sustantivo en nuestro país al darle la mayoría a la oposición en el parlamento. Lumpen vestido de verde que se da el lujo de ser condecorado por el tirano Nicolás Maduro por habernos empujado a los hombres y mujeres civiles que hemos estado en rebelión o que hemos emigrado porque nos han arruinado la vida. Lugo, el que ríe mientras los colectivos rojos atacaron la sede del parlamento y repartieron golpes y tubazos entre los parlamentarios. Lugo, el que no permitió que se celebrase una sesión del parlamento porque no le dio la gana. Lumpen vestido de verde en alianza con egresados de las universidades públicas, instituciones que por cierto se han opuesto sistemáticamente al avance dictatorial. No obstante, estas queridas casas de estudio pagan su pasado marxista con creces al ser atacadas por los cuadros de la izquierda tribal dictatorial que salieron de sus aulas, esa izquierda hija del estalinismo del siglo XX. Las públicas de alto estándar, como la Universidad Simón Bolívar, que nunca se plegó al maximalismo comunista de los años setenta de mi alma mater, la Universidad Central de Venezuela, se ve intervenida por el gobierno: pretenden imponer como vicerrector académico a Luis Holder, un seudo académico de seudo universidades militares, sin publicaciones y experto en “seguridad nacional y enfoque crítico de los derechos humanos”.

No es de extrañar tamaño desprecio al rigor académico cuando no se tiene el mínimo respeto por la población. Héctor Rodríguez, abogado de la Universidad Central de Venezuela y Jefe de la Fracción Parlamentaria del Polo Patriótico, amenaza públicamente a quienes tiene “el carnet de la patria”, un instrumento de control cuyo fin es asegurar la clientela del gobierno, con quitarle las bolsas de comida y las pequeñas dádivas monetarias a todo aquel que no vote en los comicios tramposos de la Asamblea Nacional Constituyente. Emula al tirano Maduro, quien ordenó al vicepresidente Tareck El Aissami que le dejara claro a quienes trabajan en la inmensa burocracia venezolana que si no votan en 31 de julio pueden perder el trabajo. Qué caro ha pagado su voto la ex-ciudadanía sometida que ahora es interpelada por el látigo del peor patrón que se puede tener: el Estado.

©Miguel Gutiérrez

Como esclavos nos tratan; cuando nos “portamos mal” los esbirros llevan a los varones jóvenes a la tumba y a las muchachas a la máxima humillación. Triste es la vida de quienes no son dueños de sí mismos: enflaquecidos hacen largas colas, agobiados, miedosos, cansados y pedigüeños. Contrastan con la valentía de quienes se prefieren muertos, expatriados, perseguidos, encarcelados, desafiantes frente a la censura o viviendo a duras penas antes de aceptar como natural el yugo rojo. Pero cada vez más los jóvenes hijos de los enflaquecidos, pedigüeños y enfermos recuerdan al famoso coro de los esclavos hebreos de Nabucco, de Verdi, y tratan de convertir el padecimiento en virtud.

Esos jóvenes, sin más arma ideológica que el impulso de vivir de otra manera, acompañan a los estudiantes, se arman con escudos artesanales que recuerdan a la cultura popular cinematográfica y se colocan en la primera fila de las manifestaciones. De ellos es la otra imagen que quedará para siempre filtrada en mi memoria en medios del caos de 2017, la del fotógrafo Miguel Gutiérrez: los escudos se unen y conforman una conmovedora y apenas simbólica valla defensiva frente a una Guardia Nacional Bolivariana armada hasta los dientes con equipo antimotín de la que sólo vemos las espaldas y la silueta de sus escudos. Una población indignada se enfrenta así al petróleo convertido en fuerza mortífera. Más de tres meses de lucha callejera indican que un gobierno dictatorial es golpeado por la belleza de una protesta que, como indica El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos. Todos los derechos para todos y todas, conocido como PROVEA, se ha convertido en una gran rebelión popular. Detrás de los escudos artesanales de la fotografía comentada no están sólo los marchistas que podemos observar, sino una población que en todo el país, en todos los sectores sociales, niveles educativos y procedencia geográfica, se ha levantado contra una dictadura que se da el lujo no sólo de arruinar a un país petrolero sino de que sus asesinatos den la vuelta al mundo.

©Miguel Gutiérrez

David Vallenilla, enfermero de 22 años, recibe el impacto de perdigones disparados a quemarropa cerca de la base aérea de la Carlota en Caracas. En la foto de Miguel Gutiérrez el joven se dobla vencido; sus compañeros lo protegen con sus escudos artesanales. En su cuerpo que se desarticula como si fuese de trapo vemos la sombra de los jóvenes que han muerto reventados por bombas lacrimógenas lanzadas directas al pecho, por los perdigonazos y balas. Una cosecha de la muerte que no cesa, un ritornello de la ignominia que parece no tener fin mientras un conjunto de islas del Caribe se alimenta de la ruina de Venezuela como aves rapaces y vota a su favor en la OEA. Lástima por ellas pero su sumisión no debe ser olvidada. El imperialismo también es de izquierda.

La rebelión popular no es suficiente. ¿Diálogo, negociación, elecciones generales, transición y gobierno de unión nacional, elecciones libres y democráticas? ¿Implosión del chavismo, parte importante del cual hace frente común con la oposición contra la dictadura? ¿Presión internacional sostenida? Sí. Que se cierre la puerta del infierno pero con todas estas imágenes en relieve.

*Imagen  de portada de Miguel Gutiérrez

Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006);  Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales(Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.


Posted: July 18, 2017 at 9:00 pm

There are 2 comments for this article
  1. Pingback: Venezuela: umbral – Literal Magazine | Gisela Kozak Rovero
  2. SIMEON THOMAS at 5:33 pm

    Veo que la jente de Twitter ha cerrado su cuenta . Pero que mas da, por aqui le he encontrado. Los arriculos y Libros de Gisela kosak merecen nuestros agradecimientos . Maduro, Diosdao y su combo tenebroso no saben que la replica ya anda en Camino.

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