Essay
Tocqueville y la izquierda

Tocqueville y la izquierda

José Antonio Aguilar Rivera

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En los 90’s Jacoby se burlaba de los profesores de literatura que pensaban que con su jerga posmoderna estaban haciendo la “revolución” en las aulas. Hoy, sin embargo, la cosa es mucho más seria.

¿Cómo ha recibido la izquierda a Alexis de Tocqueville? En algunos momentos del siglo pasado se convirtió en un referente común para ambos lados del espectro político. Sin embargo, jamás llegó a ser, como George Orwell, un santo secular. En la Democracia en América predijo que los Estados Unidos se tragarían a Texas junto con otras partes de México y que Rusia sería el próximo rival de la joven democracia norteamericana. Conforme se acercaba el fin de siglo una parte de la izquierda intelectual empezó a encontrar a Tocqueville irritante. Por un lado, los teóricos políticos e historiadores comenzaron a señalar dos pecados capitales. El primero era el colonialismo de Tocqueville. Durante toda su vida el francés fue un partidario de la colonización de Argelia y pensaba que África era consustancial a la nación francesa. Un teórico consistente de la democracia no podía apoyar al imperialismo. En segundo lugar, los historiadores hicieron un largo memorial de los errores interpretativos, omisiones y sesgos respecto a Estados Unidos en los 1830’s. Tocqueville no entendió las tensiones sociales, no calibró el populismo de Jackson y no apreció el impacto de la economía en la sociedad, etc. Tocqueville era un mal historiador. Algunos también afirmaron, incorrectamente, que había minimizado la esclavitud y el conflicto racial. Una parte de la izquierda intelectual encontró al autor de la Democracia en América errado e irrelevante, si no es que un poco pernicioso.

Con todo, Tocqueville fue una inspiración en dos importantes campos de acción social. Como señala Robert Gannett en el Cambridge Companion to Democracy in America , numerosos activistas en Estados Unidos hallaron ahí inspiración desde los años 30. Los organizadores comunitarios crearon asociaciones políticas como las descritas por Tocqueville para defender sus intereses. De la misma manera, el asociacionismo que cobró vigor en los noventa y que hacía énfasis en el capital social y la comunidad cívica, (como el de Robert Putnam) tuvo como referente ineludible a la teoría de la sociedad civil tocquevilleana.

En la tercera década del siglo XXI, y a contra corriente, el historiador Russell Jacoby, (un heredero tanto de  Hofstadter y Lash como de la escuela de Frankfurt) descubrió a los liberales del siglo XIX: Humboldt, Constant, Tocqueville y Mill. El camino de ese descubrimiento es muy notable. Desde hace tres décadas Jacoby es un crítico de izquierda del multiculturalismo. ¿Qué tanta diversidad cultural real puede existir cuando la sociedad de consumo es una poderosa fuerza homogeneizadora? El discurso que celebra la diversidad enmascara la creciente uniformidad social. En On Diversity (2020) Jacoby elaboró esa línea argumentativa que se insinuaba desde los 1990’s. La crítica condujo a Jacoby a Tocqueville y Mill. Como ambos autores afirmaron, las mayorías oprimen. La tiranía de la mayoría no es fundamentalmente un problema de instituciones políticas, sino social, espiritual y cultural.

Jacoby relee a los liberales decimonónicos como defensores de la diversidad individual. Las fuerzas impersonales que avasallan a los individuos –y éstas bien pueden provenir de una sociedad de consumo– impiden la libertad y la democracia. La política de la identidad acaba por legitimar la ausencia de la verdadera diversidad individual. La uniformidad hace vulnerables a las sociedades ante el embate del autoritarismo. Si el individuo “ha perdido independencia, entonces colectivamente los individuos no constituyen un electorado informado sino una masa informe”. La idea del individuo libre tocquevilleano, de claros rastros aristocráticos, entusiasma a Jacoby. Ese individuo no ha rendido su juicio a sus pares, aunque no sea ni se considere superior a ellos. Es una persona que entiende que en un estado social igualitario la cooperación horizontal es crítica para la acción colectiva en la búsqueda de fines comunes. Sin embargo, ese individuo no es solamente un consumidor pasivo, “una persona cuya única actividad es elegir entre artículos, apps o bienes”. Tenía un juicio propio. Los liberales del siglo XIX entendían muy bien el peligro que entrañaba la pérdida de la individualidad. Hoy, en un contexto de democracias frágiles, que pueden ser barridas por populismos autoritarios, ese riesgo es evidente.  Jacoby tiene en mente a Trump en Estados Unidos, pero esta prevención aplica perfectamente para los populismos de izquierda como el que viven varios países latinoamericanos. Esa conciencia del peligro separa a los liberales del pasado de quienes hoy celebran a la “diversidad”.

En los 90’s Jacoby se burlaba de los profesores de literatura que pensaban que con su jerga posmoderna estaban haciendo la “revolución” en las aulas. Hoy, sin embargo, la cosa es mucho más seria. Profesores confundidos y atolondrados, “que aprendieron de sus mentores que todo es texto, ya no son capaces de distinguir una cachiporra de una pluma, o una piedra de un insulto. Todo es lo mismo”. Las consecuencias de esta posición son evidentes: “primero las expresiones, después la docencia y escribir se vuelven acciones sospechosas. En una extraña transmigración los izquierdistas universitarios que una vez defendieron  la libertad de expresión ahora se oponen a ella. Buscan cancelar expositores y censurar artículos que les molestan”.

En el mundo real  la única diferencia que aumenta es la de ingresos, pero esa “difícilmente puede ser capturada con el idioma de la diversidad. La desigualdad económica y sus consecuencias se incrementan pero aquí el vocabulario de la diversidad ilumina muy poco”. Lo que la pobreza produce, acusa Jacoby, no es diversidad sino exclusión. ¿Y qué queda del marxismo? Se ha retirado a las universidades en donde los profesores les sirven a sus alumnos, (o sea los próximos profesores)  un cocktail deslactosado de jerga teórica. Fuera de las universidades, se lamenta Jacoby, “un débil liberalismo se enfrenta  a un creciente autoritarismo, populismo y fanatismo religioso”. Aquí hay más que afinidades electivas entre el liberalismo y la teoría crítica: hay un reconocimiento pleno del valor moral y simbólico del individuo. En esa trinchera nos encontramos.

 

José Antonio Aguilar Rivera (Ph.D. Ciencia Política, Universidad de Chicago) es profesor de Ciencia Política en la División de Estudios Políticos del CIDE. Es autor, entre otros libros, de El sonido y la furia. La persuasión multicultural en México y Estados Unidos (Taurus, 2004) y La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 (FCE, 2010). Publica regularmente sus columnas Panóptico, en Nexos, y Amicus Curiae en Literal Magazine. Twitter: @jaaguila1

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Posted: October 2, 2023 at 9:41 pm

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