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Héroe trastocado

Héroe trastocado

Jaime Perales Contreras

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“Las traducciones son como las mujeres: si son bellas, no son fieles”, decía un antiguo refrán francés que James Joyce adoptó con sorna al referirse a la dificultad de trasladar una obra literaria a otro idioma.

La Odisea (2026), la nueva, espectacular y esperada película de Christopher Nolan, ofrece una traducción bella, difícil y deliciosamente infiel del legendario poema de Homero. Los historiadores se quejan, los críticos rezongan y el público la disfruta.

En el poema homérico, la guerra y la matanza no aparecen como traumas psicológicos que los guerreros deban superar, sino como oportunidades para alcanzar la gloria eterna y el honor. En cambio, la versión de Nolan presenta a Odiseo como un héroe marcado por la nostalgia del hogar, la pérdida de sus hombres y, sobre todo, el remordimiento por las atrocidades cometidas en Troya. De este modo, el director moderniza al personaje al dotarlo de rasgos asociados al estrés psicológico de los soldados que regresan de la guerra.

La adaptación de Nolan moraliza a Odiseo —o, más precisamente, lo actualiza— al convertir su violencia pasada en una carga emocional. El héroe ya no solo lucha contra dioses y monstruos: también enfrenta la culpa que arrastra desde la guerra. A su vez, en la versión cinematográfica, los dioses se encuentran físicamente ausentes y se expresan a través de la furia de la naturaleza; solo Atenea (Zendaya) se presenta con la fugacidad de un espíritu como la aliada de Odiseo para evitar que muera en su larga travesía hacia su hogar.

Para el papel de Helena, la fuente y excusa del conflicto de Troya, Nolan elige, por primera vez, a una actriz afrodescendiente (Lupita Nyong’o), desfigurada en la película con una cicatriz en la cara. ¿Qué sucedió con aquellos versos que aparecen en La Ilíada: “No es de extrañar que los troyanos y los aqueos de hermosas grebas sufran dolores tanto tiempo por una mujer como ella: pues su rostro se parece de modo asombroso al de las diosas inmortales”? En la literatura, la belleza de Helena es tan perfecta y de origen divino (por ser hija de Zeus) que justifica diez años de sangre. Al ponerle una cicatriz en la cara a la actriz, la película destruye esa “perfección de diosa” y la humaniza por completo a través del trauma físico. En ese sentido, La Odisea de Nolan es una versión que dialoga con el intento de ser realista en un entorno donde predomina la fantasía.

Es verdad que, a pesar de las quejas por su “inexactitud literaria”, la película conserva el eje axial de la historia: después de combatir durante diez años en la guerra de Troya y alcanzar la victoria, Odiseo (Matt Damon) decide regresar con sus hombres al reino de Ítaca, donde es amo y soberano. Sin embargo, el retorno se vuelve trágico cuando, durante el viaje, ciega al cíclope Polifemo. Como castigo, Poseidón, jerarca del mar y padre del monstruo, condena a Odiseo y a su tripulación a errar sin regresar a casa. Mientras tanto, en Ítaca, Penélope (Anne Hathaway), esposa de Odiseo, y su hijo Telémaco (Tom Holland) enfrentan el acoso de numerosos pretendientes, encabezados por Antínoo (Robert Pattinson), quienes buscan elegir un nuevo esposo y, con ello, al sucesor del héroe. Así se plantea el conflicto principal de la historia.

También, Nolan conserva los elementos nostálgicos de la obra de Homero: los descomunales lestrigones, la hechicera Circe, las letales sirenas, el encuentro en el Hades con Tiresias, el monstruo Escila de seis cabezas y doce patas que devora a seis tripulantes de cualquier embarcación, y Caribdis, el mortal remolino que traga y escupe agua tres veces al día amenazando con destruir cualquier nave a su alrededor.

Con respecto a las reinterpretaciones, el poema de Homero nos presenta situaciones de gran crueldad que Nolan evita; escenas que probablemente hubieran sido incómodas en la pantalla y que habrían presentado a Odiseo y a su hijo Telémaco como neuróticos desequilibrados, impidiendo que la audiencia empatizara con ellos. En la versión de Nolan no hay castraciones ni mutilaciones hacia los traidores, tampoco los ahorcamientos de las sirvientas que tuvieron relaciones con los pretendientes, un pasaje donde el texto original describe sádicamente cómo los pies de las mujeres se agitaban por un momento antes de morir. Presentar esas escenas hoy en día habría sido interpretado como crímenes de guerra y no como un acto de “limpieza” necesario y justo de la casa real.

Igualmente, las escenas eróticas explícitas están ausentes. En la isla de Eea, Odiseo se encuentra con la “hermosa y temible Circe” (Samantha Morton), una diosa menor con poderes de curación y hechicería que transforma a sus hombres en cerdos. En el poema, Odiseo hace un pacto con ella: si jura no destruir su virilidad y si convierte a los cerdos de nuevo en hombres, él se unirá a ella en la cama. En el texto homérico, así lo hace durante un año mientras sus hombres se dedican a disfrutar los banquetes de la isla. En la película, la relación sexual entre Circe y Odiseo se omite.

Más tarde, Odiseo desembarca en la isla de Ogigia, donde la ninfa Calipso (Charlize Theron) lo rescata en lo que, según David Denby, es el episodio más erótico del poema. Al final de su cautiverio, en su vigésimo año lejos de casa, el héroe se sienta en la orilla anhelando volver a Ítaca, ya que Calipso ya no lo complacía sexualmente; sin embargo, seguía cumpliendo su deber como hombre por la noche. La película de Nolan evita los detalles de esta relación, esbozando apenas una sugerencia entre ellos. En el poema, Odiseo disfruta del sexo mientras Penélope permanece casta rechazando a los pretendientes. ¿Es justo esto?, dirán las feministas en la actualidad.

También una queja que sobresale es que el inglés de los actores tiene una entonación muy contemporánea: ¿Quién gana en acentos Boston o Nueva York? Es cierto que escuchar el tono ríspido de Jon Bernthal (Menelao) da la impresión de oír a The Punishersituado en Troya, o que los diálogos entre Pattinson y Holland se sienten como ser testigos de una discusión entre Spider-Man y The Batman de tres mil años de antigüedad. El filme de Nolan es un curioso cruce cultural de los superhéroes de Marvel y DC comics.

En la película, Nolan, para una mejor comprensión de la historia, escogió la versión de La Odisea de Emily Wilson (2017), la primera mujer en haber traducido al inglés este poema y cuya adaptación ha vendido más de un millón de copias desde que se estrenó la película, según su editor W.W. Norton. Wilson comprime el poema en un treinta por ciento; sus versos son mucho más cortos y directos. A diferencia de la famosa traducción de Robert Fagles (1996), la cual es elegante y majestuosa. En fin, siempre ha sido difícil mudar completamente los 12,110 versos de la Odisea, divididos en 24 cantos o rapsodias, al cine.

Nolan, a su vez, curiosamente para una obra clásica, cambia el final del poema original. Tal vez al director no le pareció el desenlace correcto y por eso ofreció una versión diferente. Esto recuerda un poco a Jorge Luis Borges cuando cambió el final de Palmeras salvajes de Faulkner por un desenlace más apropiado y literario. Muchos prefieren la versión traducida de Borges, más directa, que el texto original y barroco de Faulkner. ¿Ocurrirá lo mismo con la interpretación cinematográfica? ¿Preferirán algunos la versión de Christopher Nolan sobre el poema original de Homero? Hay mucha vanidad en ello. El tiempo lo dirá.

Al ver la versión de Nolan, uno no puede omitir la adaptación del exbanquero y sobrino de Luchino Visconti, Uberto Pasolini: El regreso (2024). A diferencia de Nolan, Pasolini se concentra en el retorno de Odiseo (Ralph Fiennes) a Ítaca; es decir, en los últimos once cantos en los que el héroe planea estratégicamente su cruel venganza contra los pretendientes. En esta versión, Fiennes perdió volumen corporal a través de ejercicio y pesas para mostrar a un héroe moralmente derrotado que regresa a casa. Se percibe una diferencia contrastante entre el héroe con esteroides (Matt Damon) y el personaje escuálido y de apariencia inofensiva (Fiennes). La bella película se concentra en el triángulo entre Odiseo, Penélope (Juliette Binoche) y Telémaco (Charlie Plummer) y, al igual que Nolan, se toma sus licencias artísticas ofreciendo un final distinto al canto original de la Odisea.

En esta versión, curiosamente, Odiseo le recrimina a Penélope la masacre de los pretendientes: “¿Es esto lo que querías?”, le increpa el héroe empapado de sangre a su esposa. Telémaco, a su vez, le reclama a su padre el haber mantenido una larga relación amorosa con Calipso mientras su madre guardaba su integridad moral ante la insistencia de los pretendientes. Además, Telémaco se refiere a Calipso simplemente como “una mujer”, despojándola de cualquier referencia como la ninfa que le ofrece la inmortalidad a Odiseo. El regreso es una versión muy bella y austera en donde la actuación de Fiennes y Binoche supera a la de Matt Damon y Anne Hathaway.

James Joyce, probablemente el admirador más poderoso del héroe griego —cristalizado en su monumental novela Ulysses (1922)—, le dijo a su amigo Frank Budgen que Ulises (en su latinización) era el hombre más perfecto de la literatura: “Hamlet es un ser humano, pero solo es un hijo. Ulises es hijo de Laertes, pero es padre de Telémaco, esposo de Penélope, amante de Calipso, compañero de armas de los guerreros griegos en los alrededores de Troya y rey de Ítaca”. Sin embargo, nos dice David Denby:

«(…) en términos morales actuales, no siempre es un buen hombre. Como héroe cinematográfico, encaja de forma forzada en la cultura popular de las últimas décadas, especialmente en la de los grandes éxitos de taquilla: la saga de Star Wars, la historia de Hogwarts, una docena o más de películas de Marvel y prácticamente cualquier otra serie en la que las fuerzas del bien luchan contra las del mal. Los buenos contra los malos: esa es la base “moral” de la creación de mitos comerciales modernos. Sin embargo, no era así en las culturas antiguas, y en particular no en la civilización griega de la Edad de Bronce tardía que produjo las historias de Troya y sus consecuencias (…)».

En ambas versiones cinematográficas, el maniqueísmo de Hollywood triunfa: se intenta ocultar la moralidad ambigua de Odiseo. Con todos los grandes atributos que ambas películas tienen, la frustración moral de las dos versiones radica en la hipocresía que el cine demuestra ante este personaje.

 

Photo: Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

 

Jaime Perales Contreras. Escritor, ensayista y comunicador. Trabajó durante doce años en la Organización de Estados Americanos (OEA), en la sede en Washington, D.C., en las áreas de Democracia y Seguridad humanitaria. Entre sus distinciones, ha obtenido la John William Fulbright Scholarship, la beca del Consejo Británico y la del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). De sus libros, se publicó una nueva edición corregida y aumentada de su ensayo biográfico Octavio Paz y su círculo intelectual (Ediciones Coyoacán, 2017), su volumen de relatos se titula El gallo que fingió ser Jorge Luis Borges (Fontamara, 2015) y su último libro de ensayos sobre la relación entre el séptimo arte y la literatura  se titula Leer Cine(Fontamara, 2020). Actualmente es profesor de cátedra del Tecnológico de Monterrey en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. De su libro sobre Octavio Paz, el escritor Mario Vargas Llosa comentó de este como una obra de consulta obligada.

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Posted: July 21, 2026 at 11:10 pm

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