Contra la escolarización de la existencia
Miriam Mabel Martínez
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Hace unos años rescatamos un ave que parecía águila; la encontré paralizada en una noche de tormenta. Con una docilidad que quizá sólo se da por miedo o por sobrevivencia, aquella “águila” se postró en el antebrazo de mi pareja. Ambos tenían miedo, sí, pero eligieron confiar en el otro, no tenían opción. O quizá sí, pero atacarse no resolvería nada a ninguno. Supongo que la intuición los guió a los dos. Esa que algunos olvidamos escuchar y practicar. A pesar de los prejuicios, la metimos a la casa, estaba empapada. Todos nos mantuvimos cautelosos hasta que llegaron los especialistas y nos explicaron que era un halcón bebé y que seguramente la tempestad lo había desorientado y no sabía hacia dónde volar para regresar con los suyos. Me sorprendió saber que tanto las águilas como los halcones permanecen con sus progenitores dos años más o menos, durante los cuales les enseñan a volar, a cazar, a orientarse… y cuando han aprendido a ser independientes toman su rumbo. Aquel halcón había perdido, literalmente, la brújula. Me fascinó la historia de una cadena de aprendizajes generacionales para sobrevivir, para comprender el entorno y moverse en él. Las aves mayores y menores comparten esa brújula para saber cuidarse y vivir en libertad. Sentí envidia, ¿por qué a los humanos se nos priva de una brújula y en cambio se nos enseña a seguir instrucciones y acumular información de quienes la atesoran? Lo contrario a construir pensamiento propio, como cuestiona Rita Segato, para sencillamente saber vivir. Utilizar nuestras brújulas para elegir hacia dónde volar y en el camino aprender, tal como lo hace Tania Martínez Báez (Monterrey, 1989) en la exposición Honores a la bandera, que se presenta en Casa de Cultura San Pedro, en el municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León, del 16 de agosto al 13 de septiembre.
¿Cuándo la artista Tania cuestionó a la niña abanderada? ¿Quién impuso esta memoria que nos une? En 1981, el entonces presidente, José López Portillo, oficializó los lunes de los honores a la bandera en las escuelas de educación básica públicas y privadas. Con uniformes impecables y escoltas blancas instituidas por los mejores alumnos, aprendimos a competir por ser la y el abanderado. El orgullo con sonido marcial marcando la disciplina escolar como una preparación a la escolarización de la existencia. Y ahí, entre cánticos de céfiros y trinos, Tania Martínez Báez, de una manera casi instintiva, fue moldeando su disidencia, prueba de ello es Honores a la bandera un proyecto vivo y abierto que, desde 2023 con la exposición colectiva curada por Eliud Nava ONCE85. Parte 2. Contenedores, empezó a tomar volumen en piezas realizadas en distintas técnicas que han ido integrando una posología visual para curarnos de esa escolarización de la existencia impuesta por el statu quo que nos exige la asepsia como única posibilidad.
Cada una de las partes que arma esta puesta museográfica es una dosis de un remedio artístico contra la indiferencia que recupera los pellones didácticos, ejemplos de las tecnologías tradicionales de la educación, para problematizarlos, deconstruirlos y construir nuevos conceptos exaltando su materialidad y reinventado un campo semántico cruzado por técnicas como la pintura, la fotografía y el dibujo. La artista utiliza el acrílico y el óleo para crear capas plásticas que sugieren guiños a otras formas de crear y conversar con la Inteligencia Artificial o la posibilidad escultórica de las computadoras, que también participan en juegos performáticos que van más allá de sus interfaces, acompañadas de imágenes, signos y palabras que documentan cómo los gestos corporales aprendidos en la niñez pueden ser un mecanismo de memoria para entender una enfermedad que habita en la impermanencia de la edad adulta, lugar donde Tania marca las posibilidades curativas de pensar y hacer arte, al rendir honores al pensamiento.
Como artista, ciudadana y mujer-creadora de pensamiento, Tania se ve afectada por la pulcritud de la enseñanza. Desde sus prácticas anticuratoriales promotoras de otras rutas de generación y expansión de conocimiento, se ha cuestionado la limpieza educativa con la que desde niños nos enseñan a ser “mejores” a través de la competencia. “Educar” a un bebé que camina antes, que habla antes, vaticina una persona que desde la niñez se ajustará a las medidas de aprendizaje exigidas para engranar en lo que será la existencia escolarizada. ¿Cómo nos afectan esos cruces educativos en nuestra comprensión de las diferencias? ¿Cómo nos limitan en nuestra capacidad de desobediencia? ¿Cuándo la aspiración a ser la abanderada de la escolta se transforma en renuncia? ¿Cómo esas renuncias nos vacían de imaginación?
Estas son algunas de las preguntas que me despiertan al observar la obra de Tania, quien de una manera inteligente hilvana su historia y sus vacíos infiltrándose en la narrativa patriarcal, confirmando que lo personal es político. Así, recupera sus memorias escolares y las cruza con sus preocupaciones adultas para, más que resolver, generar pistas que nos ofrezcan alternativas para aprender a autocuidarnos como estrategia de supervivencia. El cuidado como eje de la existencia. Porque cuidar es la mejor manera de existir y de crear comunidad. Y en un sentido primordial, es una estrategia más que de sobrevivencia, de rebeldía. Cuidarnos como nuestra fuerza, como las aves rapaces que se enseñan a orientarse para saber hacia dónde no deben volar. Tania es un águila que está reajustando su brújula para aprender a desaprender lo aprendido, utilizando las mismas herramientas con las que a ella le enseñaron distintas rutas para llegar al mismo destino: la escolarización de la existencia. En este método visual que está construyendo como artista, plantea la necesidad de cuestionarnos, de pensarnos y mirarnos no en los deberes sino en las desobediencias. Aspirar no a la perfección tecnológica sino al error humano. No en la negación sino en la aceptación de “eso” que nos enseñan a temer: la vida con sus dolores, tristezas, enfermedades. Quizá asumiendo lo fallido podríamos aprender no sólo a detectar el problema, sino, como dice Donna Haraway, a seguir con el problema.
Tania no sólo sigue con el problema sino que lo comparte en pellones en forma de banderas, al recuperar ficciones de su infancia y transformarlas en narrativas que nos explican distintas versiones de los abecedarios de la existencia. Aprender la A no de ave sino de anticuerpo, la M no de mamá sino de mujer, la V no de vaca sino de virus… y así, al desglosar un vocabulario disidente, creamos un lenguaje que no teme nombrar violencias ni desigualdades, ni diferencias ni fallas ni enfermedades; así vamos construyendo una semiótica valiente que nos enseña a entender la vida con la responsabilidad humana que busca protegernos de ese modelo de vida que pareciera ser un producto a consumir o un remedio para no morir.
A través de estas obras, la autora no sólo visibiliza la enfermedad como parte de la vida, sino la necesidad de aprender el lenguaje de la enfermedad para darle otro significado a la salud. Una salud que no es mercancía, que no es sólo corporal, sino que nos invita a sanar la mente y las emociones en colectivo, a ponerle palabras en pro de cuestionarnos los males sociales para no sólo detectar virus desde el miedo, sino para aprender por qué son parte de la vida. Quizá cuestionarnos los males sea una de las rutas posibles para desescolarizar la existencia. Quizá esta es la antipedagogía que Tania Martínez Báez está buscando, ¿por qué no?
Miriam Mabel Martínez es escritora y tejedora. Aprendió a tejer a los siete años; desde entonces, y siguiendo su instinto, ha tejido historias con estambres y también con letras. Entre sus libros están: Cómo destruir Nueva York (Conaculta, 2005); los ebook Crónicas miopes de la Ciudad de México y Apuntes para enfrentar el destino (Editorial Sextil, 2013), Equis (Editorial Progreso, 2015) y El mensaje está en el tejido (Futura libros, 2016). Coordinó las antologías Oríllese a la izquierda y Mujeres (2019) y Mujeres. El mundo es nuestro (2021) ambas bajo el sello Universo de Libros.
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Posted: August 28, 2025 at 9:53 pm







