"Cuéntame tu vida", de Estela Ruiz Milán
Adolfo Castañón
• Estela Ruiz Milán: Cuéntame tu vida. Reflexiones psicoanalíticas (Trilce, 2025)
I
Cuéntame tu vida. Reflexiones psicoanalíticas, de Estela Ruiz Milán,[1] presenta un haz de contribuciones al tema anunciado por el título. También se puede leer como una reunión de ensayos para calar en la vida, pensamientos y acción de una de las personas más importantes en la vida de sus numerosos pacientes, de sus hijos, Juan y Carmen, y de su esposo, el escritor y filósofo Luis Villoro. Cabe recordar que Estela Ruiz Milán se caso por lo civil con Luis Villoro el 3 de septiembre de 1955, y que sus testigos fueron Jorge Portilla, Francisco Gárdera, Raúl González y Harry Fletzcher. También puede leerse a una mujer que desarrolló su oficio médico y terapéutico en un medio propicio para el desarrollo de la disciplina.
No puedo pasar por alto el hecho de que la Dra. Estela Ruiz Milán comparte con la Dra. Estela Morán Núñez, la autora de mis días, el misterioso nombre de pila que designa tanto a los fenómenos meteorológicos como marinos.
Uno de los motivos que me intrigó de esta reunión de ensayos es el lugar central que ocupa “Un cuento para niños: el Mago de Oz” (pp. 61-70). Estela Morán nos solía contar a mi hermana Margarita y a mí, en las noches, un cuento. Uno de sus preferidos era precisamente El Mago de Oz. Lo que recuerdo de este cuento no es tanto la trama sino la forma fascinada, y para nosotros fascinante, en que ella recreaba con distintos tonos de voz los diálogos entre los personajes y los hacía vivir ante nosotros, como si ella hubiera aprendido de memoria la trama. Una y otra vez, durante una buena temporada, las historias de los personajes de El Mago de Oz tuvieron vida en nuestras infancias gracias al talento teatral de Estela Morán de Castañón.
A eso se añade otra estela de pequeñas circunstancias entre la Dra. Estela Ruiz Milán y yo. Casi todas tienen que ver con los encuentros fortuitos que hemos tenido a lo largo de los años, ya en los vestíbulos de presentaciones y conciertos, o con motivo de hacer llegar a ella manuscritos y documentos de otras personas. Siempre se dieron momentos de empatía y simpatía. Por ejemplo, cuando le iba yo a dejar a su casa, en la calle de Mina, los materiales de la correspondencia con Emilio Uranga para que se los mostrase a su hija Cecilia, tuve la oportunidad de preguntarle por el tema del coche de Luis que menciona Uranga. Ahí me dijo que el vehículo era un Opel al que su esposo le había puesto el nombre de “Tadeo”. De ahí que cuando llegó a mis manos Cuéntame tu vida, estuviese dispuesto a adentrarme en sus páginas.
Me interesó mucho la línea que traza entre August Strinberg e Ingmar Bergman. Su presencia en el discurso subyacente de buena parte de la creación contemporánea. También me gusta la forma austera y desprovista de énfasis innecesario de las historias vividas que transmite tratando siempre de adentrarse en el mundo secreto del otro. Esa línea es acaso como la línea de la vida en la Palma de la mano o la línea recta que comunica a ciertas personas elegidas con el bosque encantado de la infancia.
Podría leerse este libro como un breviario de pistas en clave psicoanalítica para despertar los recuerdos ocultos de aquellos que están dispuestos a escuchar las “lecciones psicoanalíticas” de alguien que aparece de pronto e invita con voz a la par cándida e imperativa: “Cuéntame tu vida”.
Esta increíble invitación deja en la penumbra no pocos enigmas. ¿Por qué, por ejemplo, se reduce el argumento psicoanalítico a la referencia exclusiva de Sigmund Freud y no se toca ni menciona a su discípulo disidente Carl Gustav Jung? Esa inquietud tiene, si se quiere, un carácter inguinal y toca uno de los motivos neurálgicos de esta obra que podría inscribirse en el anaquel de los nuevos tesoros de la Juventud que nos toca armar para reinventar lo que vale la pena de ser transmitido.
Esta obra forma parte de esas claves, motivos secretos de esta arquitectura.
Uno de los hilos conductores del libro es el de la presencia de la mujer en la historia en general y, en particular, en la historia de la psicología y del psicoanálisis. Cabría pensar, como lo sugiere la doctora Ruiz Milán, que no es fortuita la presencia de “La mujer en el proceso terapéutico” (pp. 151-164). El capítulo final, “Un mundo en cambio” (pp. 171-175), muestra la revaloración de la voluntad en el “reconocimiento de nuestra debilidad y nuestros límites. Es herramienta para sobreponernos a ellos; es energía yoica para manejar adecuadamente los impulsos. Es también esperanza realista para reparar lo destruido”. Desde ese trasfondo, la creatividad humana se podrá afirmar como una brújula para hacer que, como decía Freud, “donde está el ello, allí debería estar el yo” (p. 175).
Si alguna vez se reedita el libro de la doctora Estela Ruiz Milán, sugeriría que incluyese un índice de nombres para así poder ver cuantas veces cita a Octavio Paz, Gabriel García Márquez o Héctor Carreto.

II
Si se hiciese hoy una antología del ensayo mexicano moderno como la que hizo José Luis Martínez, tendría que incluir los nombres de ensayistas y prosistas como Rosario Castellanos, Juliana González y, desde luego, Estela Ruiz Milán.
Estela Ruiz Milán (México, 1933) publicó con el sello de Trilce, dirigido por Deborah Holtz y Juan Carlos Mena, este volumen que se titula como el de la película homónima de Alfred Hitchcock actuada por Ingrid Bergman y Gregory Peck, con el diseño de un sueño realizado por Dalí.
Durante la presentación del libro, Carmen Villoro dio lectura a una breve pero incisiva semblanza de la autora de sus días. Gracias a ella el lector del texto publicado en el suplemento Laberinto de Milenio[2] se pudo enterar de que Estela Ruiz Milán fue asistente y amanuense amable del poeta Pedro Garfias, de que se adicionó a tal punto a la obra y vida del dramaturgo sueco August Strinberg que escribió un libro sobre él,[3] de que fue a Suecia en varias ocasiones y de que, al igual que Unamuno, aprendió danés para leer a Soren Kierkegaard; ella se inició en la lengua de Ibsen y Lagerlöff para poder leer mejor al dramaturgo precursor del teatro del absurdo. Estos elementos no fueron en absoluto accesorios en el itinerario que la llevó a interesarse en el cine de Ingmar Bergman y, desde luego, no fue ajeno a su lectura aplicada de Sigmund Freud. La simpática semblanza que hace Carmen de los avatares de su madre en el teatro infantil y en la práctica del psicoanálisis como una vocación casi religiosa a lo largo de más de medio siglo trazan una silueta a la vez profesional y, si se quiere, deportiva y risueña.
Cuéntame tu vida traduce la doble vocación de esta singular autora, y puede ser considerada como un legado y como una herencia.
Guadalupe Alonso transcribió en Milenio parte del diálogo que sostuvo con la autora en la Casa Universitaria del libro previo a la presentación con Carmen Villoro, Martha Reynoso y Deborah Holtz, el pasado 28 de junio: https://milenio.com/cultura/laberinto/estela-ruiz-milan-publica-cuentame-vida-libro
Notas
[1] Trilce, 2025.
[2] Carmen Villoro, “El consultorio de Estela”, Milenio, 5 de julio de 2025 (https://www.milenio.com/cultura/laberinto/cuentame-vida-legado-vital-psicoanalitico-estela-ruiz-milan).
[3] Estela Ruiz Milán, Strindberg, una mirada psicoanalítica, Difusión Cultural UNAM,
Colección El Estudio, UNAM, México, 2006, 57 pp.
Adolfo Castañón es poeta, traductor y ensayista. Es autor de más de 30 volúmenes. Los más recientes de ellos son Tránsito de Octavio Paz (2014) y Por el país de Montaigne (2015), ambos publicados por El Colegio de México. Premio Xavier Villaurrutia 2008, Premio Alfonso Reyes 2018 y Premio Nacional de Artes y Literatura 2020. Creador Emérito perteneciente al SNCA. Twitter: @avecesprosa
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Posted: August 18, 2025 at 9:22 pm







