Interview
De espíritu justiciero

De espíritu justiciero

Óscar Garduño Nájera

Getting your Trinity Audio player ready...

Share / Compartir

Shares

No es De espíritu justiciero (Ariadna, 2025) apta para lectores que suelen dar concesiones a sus lecturas; tampoco para puristas del lenguaje; al contrario, lo que el escritor, editor y periodista David Magaña nos presenta en De espíritu justiciero  es una historia híbrida que va de lo policíaco a lo noir, con personajes muy bien cimentados, historias entrelazadas con ejemplar maestría, hasta presentarnos a un grupo de justicieros que imparte la justicia por cuenta propia, así como un amplio, y geográfico, recorrido por ese México que se ha ido pero sin caer en las acarameladas nostalgias, una novela violenta, amena, bien escrita, tuvimos oportunidad de charlar con su autor, quien busca, primordialmente, contar una historia, y lo hace con la Ciudad de México como tema principal.

Óscar Garduño (OG): Me parece, David, que desde aquella propuesta cuentística De qué lado mascan las iguanas hay una preocupación en tu propuesta narrativa por exponer temas como la justicia que no se logra, la corrupción, la impunidad, sobre todo la de los personajes, pero también la de las instituciones de un México que se dice democrático. Y veo que ahora en Espíritu justiciero también hay una exposición de muchas dualidades morales en cada uno de los personajes.

David Magaña (DM): Tú señalas el cuento De qué lado mascan las iguanas, sin embargo, me he ocupado del mismo tema también en otros cuentos, y ahora, en esta novela, De espíritu justiciero, retomo el punto de partida inicial: la justicia.

OG: ¡Sin duda, un gran tema!

DM: De hecho, te voy a confesar algo que nunca lo he dicho: el título que tú señalas: De qué lado mascan las iguanas fue el primer título de Espíritu justiciero, así se llamaba y se publicó, en una primera instancia, como cuento. Mi preocupación es esa: mostrar, no criticar, ni discutir; no, mostrar que mis personajes clasemedieros están preocupados por esa situación, tratan de transformar su realidad: tanto los muy concientizados como los que no.

OG: Y en Espíritu justiciero se mete de lleno…

DM: Sí, hay que meterse a las entrañas del monstruo para, desde ahí, destrozarlo. Y es lo que hacen, a final de cuentas, mis personajes desde las iguanas, el cuento que ya has señalado, hasta la próxima novela que estoy por publicar, Malva, ya la leerás en su momento: mostrar la corrupción y la injusticia, la falta de oportunidades, etc. ¿Y cómo lo logran los personajes de Espíritu justiciero? No asumiendo riesgos, ni mucho menos, sino metiéndose al propio sistema, en algunos casos, y en otros, como en esta novela, al luchar contra la mafia que viene de las propias instituciones.

OG: Me parece que también hay una propuesta arquitectónica en De espíritu justiciero, eso me gustó, una precisión detallada de lugares, de ambientes, muchos de ellos incluso que hoy ya no existen. ¿Por qué hay ese toque?

DM: Es una respuesta muy evidente: el México que se nos va, el México que se fue. De recordar, en un momento, que eso estuvo, incluso en los cabarets, en cabaretuchos, en el teatro Lírico, en el Iris, el Teatro de la Ciudad, que era un centro taibolero, ¡imagínate!, y que ahora ya pertenece al gobierno. Creo que el personaje básico de esta novela es la ciudad, aunque pueda parecerles pesado a muchos. En su estructura, en sus personajes, que en el caso de Espíritu justiciero aparecen los “condesos”, que son parte de esta ciudad y se involucran, como en mi próxima novela va a ser el sur de la Ciudad de México: Cuemanco, Culhuacán… estoy agarrando “clasemiederitos” en distintas situaciones económicas y con distintas posturas ideológicas.

OG: Los personajes de Espíritu justiciero buscan un cambio…

DM: Sí, una transformación, pero no se manifiestan con algún partido político, ni con un movimiento de izquierda o de derecha. No, simplemente, y sencillamente, quieren un cambio y lo llevan a cabo conforme a sus creencias.

OG: Buena parte de Espíritu justiciero se desarrolla en la colonia Condesa de la Ciudad de México, y hay lugares que se presentan, ¿ya los conocías previamente, porque tuvo oportunidad de vivir ahí, en la Condesa, o más bien fue un proceso de investigación que realizó para la novela?

DM: No, todo lo que expongo lo conocí e incluso lo frecuento. Sí, además si uno habla de la Ciudad de México, uno habla de la Condesa, que fue la colonia, para mí, por excelencia, digamos de las décadas de los sesenta, setenta, ochenta, y luego se volvió la “fondesa”, un sitio decrépito, pero yo trato de rescatar esa grandeza con sus personajes y todo.

OG: En una de las entrevistas leí que señalas que estamos rodeados de un sarcasmo constante actualmente, sin embargo, a mí me parece que ese punto, el del sarcasmo, también es una muestra de su propio carácter, que es parte ya intrínseca de su personalidad y también como autor y como parte primordial de su propuesta literaria: hacer del sarcasmo un medio para llegar a una muy buena propuesta narrativa.

DM: Es mi estilo, Óscar. Yo me formé como periodista, y de ahí empecé a agarrar ese tono, y también el estilo, el cual es el periodismo cultural, y de ahí surge. Entonces yo como autor no soy ni netamente literario al cien por ciento, ni netamente periodístico. No, mi estilo es una combinación de dos: la manera en que yo voy estructurando tiene que ver mucho con ese ritmo, esa agilidad que el periodismo me heredó.

OG: Al inicio de Espíritu justiciero usted agrega un epígrafe de Eusebio Ruvalcaba que tiene que ver con la dificultad de escribir, con la lucha diaria que, como escritor, se libra con la sintaxis. ¿Tiene relación con lo que me acaba de señalar?

DM: Nunca vamos a aprender eso, Óscar, y no es que uno no sea purista del lenguaje. Por supuesto, es muy difícil, muy complicado. Siempre tenemos un problema muy grave con la sintaxis, siempre.

OG: ¿Se lo han señalado?

DM: ¡Claro!, dos o tres amigos, que son especialistas en eso, me han dicho “es que te falló en esto”, y aunque me reconocen y alaban el uso del lenguaje, que es muy rico, la construcción gramatical a veces se me escapa y quizás se me siga escapando, a pesar de que tuve un excelente maestro que insistió mucho en ello: Raúl Prieto Río de la Loza, “Nikito Nipongo”, pero es que son cosas que, lamentablemente, son deformaciones como autor… Un día, tal vez, me volveré un Alejo Carpentier (ojalá). Risas.

OG: De cualquier manera, no es su finalidad alcanzar una propuesta ejemplar en cuanto a la sintaxis…

DM: Ni Vargas Llosa, ni García Márquez, ni mexicanos, como Carlos Fuentes, eran unos grandes puristas del lenguaje, eran otros, y creo que es valido cuando se habla de estilo, yo no lo tengo perfecto, no puedo; tengo limitantes al respecto, pero no me preocupa, Óscar.

OG: ¿Tiene usted otras preocupaciones como narrador?

DM: A mí lo que me preocupa es contar una historia, contarla, lo más depurada posible. Contar algo sin atiborrar al lector y manteniendo siempre la atención. Y perdón la falta de modestia, pero en Espíritu justiciero lo consigo.

OG: La novela Espíritu justiciero se consigue en la página y redes sociales de la editorial Ariadna.

 

 

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.

 


Posted: December 18, 2025 at 11:37 pm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *