La traducción que cayó de Bolivia: Lovecraft, en otras palabras
Gerardo Cárdenas
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Traducir no es nada más un recorrido entre dos lenguas, es también un recorrido entre dos mentes, de la del traductor que muchas veces batalla con una palabra, una frase, un modismo, un párrafo, a la del autor que las puso en el papel. En otra parte del viaje está el lector. Si el lector solo ve la meta, el resultado del viaje, probablemente estemos ante una buena traducción, no así si ve los mapas y los equipajes usados por el traductor. No debemos ver el andamiaje, sino el edificio terminado.
Pero entrar en la mente del autor para traducirlo, es un viaje que no solo consiste en las palabras, en la lengua. Se entra en esa mente para estudiar la historia, el contexto histórico, social, político, cultural, personal en que el autor operó; es un recorrido arduo por un laberinto, sin otro hilo de Ariadna que los nuevos sentidos que da la traducción, y que esperan escondidos en la página en blanco.
Liliana Colanzi (Santa Cruz, Bolivia, 1981) tradujo The Colour Out of Space (El color que cayó del cielo), que se publicó en Bolivia en 2020 en el sello DumDum, que ella fundó. Lovecraft publicó por primera vez el cuento en 1927, en la revista Amazing Stories. Está considerado como uno de los relatos de horror cósmico más conocidos y también más traducidos de Lovecraft, por lo que mi reflexión tiene que ver más con lo que significa esta nueva traducción, que con la obra original.
En varias ocasiones y foros, Colanzi ha relatado la lucha con el lenguaje rebuscado y sobrecargado de Lovecraft, con su fastidiosa adjetivación y sus giros arcaicos, bastante fuera de lugar en la literatura estadounidense de su época, y más conectada con Poe y con Dunsany que con sus propios contemporáneos.
Pero hay otro punto que ella también ha destacado y que me parece muy revelador: traducir a Lovecraft le llegó a Colanzi en medio de una encrucijada creativa. Saltar a la mente del autor y bregar con su barroquismo le abrió nuevas posibilidades. No puedo dejar de pensar en Hölderlin, luchando con su traducción al alemán de Antígona, o en Mireille Gansel y el nuevo mundo que se le abrió, en plena guerra de Vietnam, para traducir al francés y antologar a los poetas de esa nación asiática.
El prólogo de Edmundo Paz Soldán hace un recorrido meticuloso por la obra de Lovecraft y su importancia en la literatura de horror, pero no nos habla mucho sobre la traducción misma. Yo intentaré hacerlo, pensando siempre en las decisiones que la traductora tomó para presentarnos un texto que nos permitiese apreciar el poder narrativo de Lovecraft.
Pienso por ejemplo en un término que Lovecraft repite en el cuento: “blasted heath” y que describe la región específica donde ocurre la acción. Hay algo explosivo en ese término, una suerte de imprecación. Es también la frase con que Macbeth describe el desolado campo donde se encuentran las brujas. Colanzi escoge “páramo maldito”, una traducción precisa, pero que juega con la música del lenguaje. Donde “blasted heath” es explosión, “páramo maldito”, con sus “m” y sus “a” adquiere un tono de encantamiento.
Otra decisión interesante, que para mí se trata de una búsqueda de sonoridad, de darle en español más intencionalidad al texto: “furtive wild things rustled in the undergrowth”, que ella transforma en: “furtivas criaturas salvajes susurraban en el subsuelo”. “Rustled in the undergrowth” podría haberse traducido como “crujían en la maleza” y hubiera sido correcto. Pero “susurraban en el subsuelo” le da otro giro, otra intencionalidad: la musicalidad del “su-su” adquiere un giro aún más siniestro.
Conforme avanzamos en el texto, la intención se vuelve más clara: la musicalidad, el tono, transmitirán mejor para el lector que la traducción directa, literal, del estruendoso barroquismo lovecraftiano:
“All the farm was shining with the hideous unknown blend of colour; trees, buildings, and even such grass and herbage as had not been wholly changed to lethal grey brittleness. The boughs were all straining skyward, tipped with tongues of foul flame, and lambent tricklings of the same monstrous fire were creeping about the ridgepoles of the house, barn, and sheds.”
“La granja entera resplandecía con la espantosa mezcla de color: los árboles, las edificaciones e incluso el pasto y la vegetación que aún no se habían convertido por completo en grises y quebradizos. Todas las ramas estaban extendidas hacia arriba, coronadas con lenguas de fuego depravado, y radiantes chorros del mismo monstruoso fuego trepaban por las vigas del techo de la casa, del establo y de las casetas”.
Una nota final. Las traducciones de Lovecraft al español abundan: desde Borges, a Rafael Llopis; de Francisco Torres Oliver a Molina Foix. Quizás me equivoque, pero creo que la traducción de Colanzi es la primera hecha al español por una mujer, y el detalle no es menor. Lovecraft era un individuo problemático y conflictivo: abiertamente misógino y racista. Viajar a su mente para traducirlo, es también viajar a ese mundo de odios y prejuicios. De ese viaje, la propia Colanzi ha contado que regresó con nuevos bríos y con una nueva energía creativa. El “páramo maldito” le resultó fértil.
Foto de Chris Hardy en Unsplash
Gerardo Cárdenas (México, 1962) es escritor, periodista, estratega de comunicación y promotor cultural. Su más reciente título es la colección de relatos Correr es de cobardes, que publica Abismos Editorial.
Gerardo Cárdenas es escritor, traductor, promotor cultural y agente literario. Actualmente es estudiante del doctorado en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Houston.
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Posted: November 13, 2025 at 9:56 pm







