Marcos Ramírez ERRE, la semiótica del albañil
Edgardo Bermejo Mora
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1.
En septiembre de 2020 se inauguró una gran exposición retrospectiva del artista tijuanense Marcos Ramírez ERRE (Tijuana, 1961), en uno de los sitios más importantes para las artes en los Estados Unidos: el Massachusetts Museum of Contemporary Art (Mass-Moca). Se mantuvo en exhibición por dos años, lo que daba cuenta del peso y la importancia de este acontecimiento.
Ocurrió además cuando recién se cumplía un año de la masacre de El Paso, Texas, donde perdieron la vida decenas de mexicanos a manos del joven supremacista blanco que apretó el gatillo de un fusil de asalto en el estacionamiento de un Walmart. Frente al odio xenofóbico, la relación entre México y Estados Unidos a través del arte y la cultura resultaba -entonces como ahora- absolutamente estratégica.
El Mass-Moca es una vieja fábrica del siglo XIX transformada en uno de los más grandes centros para las artes de los Estados Unidos, con siete edificios convertidos en museo y un área de exhibición de cerca de 12 mil metros cuadrados.
Ahí se presentó la exposición de ERRE con el sugerente título “Them and Us” (Ellos y nosotros), que hacía referencia a uno de los principales temas de su obra: la frontera, la migración, la historia compleja de las relaciones entre ellos (los Estados Unidos) y nosotros (los mexicanos). O al revés, entre ellos (los mexicanos) y nosotros (los estadounidenses) porque precisamente Marcos Ramírez ERRE, es un artista de identidad binacional, un representante ejemplar de lo que significa vivir y trabajar, estar y ser, a ambos lados de la frontera.
En la década de los cincuenta del siglo pasado sus padres migraron de Jalisco a Tijuana para establecerse en uno de sus barrios más populares y emblemáticos: la Colonia Libertad, cuyas antiguas chabolas y construcciones precarias, hoy reconvertidas en armatostes diversos de ladrillo, varilla y cemento, (emblemas de neobarroco urbano en ese cruce virtuoso entre la esperanza, la resistencia y la tenacidad urbana) se despliegan a todo lo largo del actual muro fronterizo.
Ultima porción de suelo nacional en el mapa -el real y el imaginario-, con los años la colonia se fue poblando de otros inmigrantes nacionales -como los Ramírez Pimienta-, y especialmente de mexicanos repatriados tras su incursión efímera en el “sueño americano”. Habitantes todos de un espacio auténticamente liminar, los separaba del país vecino una simple malla ciclónica que devino muro de acero.
Para alguien como ERRE, como para muchos millones de mexicanos que viven en el cruce fronterizo, los pronombres “ellos” y “nosotros” tienen una doble manera de leerse y de entenderse. Reconocerse en alguno de los dos alude a un desencuentro inevitable, a subrayar una diferencia, una disputa constante, pero también implica un espacio obligado de convivencia, de diálogo, y de ineludible integración, el resumen más depurado de lo que podemos entender por hibridación.
Para esta retrospectiva los curadores dividieron su obra en cuatro ramificaciones que se entrecruzan en el mismo espacio museal: “Oficio”, piezas que abordan aspectos biográficos y formativos de ERRE integrados al corpus general de sus creaciones; “Contexto” que describe el entorno geográfico y sociopolítico de su trabajo; “Política” siendo la suya una lectura crítica del poder; y “Poética”, el espacio de sus impulsos creativos donde las estéticas urbanas y las geografías de los afectos más íntimos se reúnen.
2.
La trayectoria artística de ERRE se sostiene a partir de una serie de esculturas, instalaciones, videos, fotografías, performance site specific, acciones participativas, y proyectos conceptuales multidisciplinarios y transmediales en torno a seis líneas temáticas: la noción polisémica de las fronteras; la ciudad de Tijuana y su entorno urbano; México y su realidad política, histórica y social (particularmente la violencia); la relación presente y pasada entre México y los Estados Unidos; la influencia global de los Estados Unidos como un imperio económico, político y militar con una producción cultural propia y heterogénea (lo cual le agrega complejidad a la ecuación identitaria, y le disputa el terreno a los prejuicios de todo signo); y las transiciones a la materialidad poética de todo aquello que conforma la biografía íntima del artista, sus querencias, pasiones, lecturas, duelos y fugas.
“La manera en que nos percibimos a nosotros mismos, cómo construimos nuestra propia noción de identidad y de cómo dicha identidad es proyectada en el amplio ámbito de las relaciones humanas, es lo que explica mi obra” nos dice ERRE en una suerte de declaración de principios de alguien que se asume como constructor de objetos artísticos que ensayan la semiótica de la interculturalidad, desde una aproximación a un tiempo lúdica y crítica.
ERRE es quizá el único artista visual mexicano en cuya semblanza profesional se reúnen cuatro profesiones disímbolas: abogado, albañil, herrero (como su padre) y carpintero. Se graduó como licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Baja California Norte, tras lo cual vivió 17 años del otro lado de la frontera como obrero de la construcción.
Desde 1989 se acercó al campo de las artes visuales y en 1994, con 31 años de edad, alcanzó notoriedad con su participación en una de las primeras ediciones del festival InSite, una serie de proyectos artísticos y colaborativos sobre el tema de la frontera y las identidades que por años se ha realizado en Tijuana y en San Diego, bajo la dirección de Carmen Cuenca y Michael Krichman.
Tituló aquella instalación de gran formato “Century 21”, en alusión socarrona a la gran empresa constructora de vivienda popular que agregó al paisaje urbano nacional la monotonía cuadrada del subdesarrollo, la anti utopía urbana de la unidad habitacional y el conjunto multifamiliar como versiones infinitas de la misma caja de zapatos.
Para ello construyó una esmerada réplica de una vivienda provisional típica de la periferia tijuanense, ensamblada con todo tipo de materiales reciclados -piso de tierra apisonada, techos de lámina, tablas de madera o de asbesto, llantas, barriles de petróleo, cables- y la instaló con detallado realismo en la explanada del Centro Cultural Tijuana, subrayando así el contraste entre la arquitectura monumental e institucional del CECUT (a cargo de Pedro Ramírez Vázquez, amo y señor de la arquitectura pública en la era dorada del PRI) y la arquitectura nómada de la sobrevivencia y la resistencia, endémica al paisaje tijuanense. Un diálogo delirante entre lo macro estatal y lo ultra marginal, entre lo hegemónico y lo subalterno, entre los hijos consentidos de la Revolución y los desplazados de la tierra.
En el interior de la vivienda había muebles modestos, un refrigerador, un televisor en blanco y negro, y toda la parafernalia ornamental de las clases populares -del mantel de plástico estampado al florero con rosas de papel-. Una escenografía depurada de la marginalidad resiliente. Todos los aparatos estaban conectados a una extensión que se robaba la electricidad del CECUT. La instalación, a un tiempo firme y precaria, modesta y altiva, era un parásito jubiloso que se alimentaba del edificio principal.
La televisión estuvo encendida durante todo el periodo de la muestra, transmitiendo la programación chatarra a la que millones de mexicanos se someten diariamente. Todo el conjunto podía entenderse como una hipótesis curatorial sobre la ciudad: la periferia como gramática de alteridades, la autoconstrucción como archivo de la memoria migrante, lo nómada que deviene sedentario, semilla y raíz.
Esta obra anticipaba su programa posterior: convertir el arte conceptual y sus múltiples ramificaciones metodológicas en una sintaxis visual y material de nuestra contemporaneidad: una suerte de anti pedagogía urbana, en el horizonte siempre abierto y siempre en movimiento de la interculturalidad.
A partir de ese año se fue consolidando una trayectoria ascendente que lo ha convertido en una referente internacional del tipo de arte conceptual con marcado acento social.
3.
Tres años después, en 1997 y también como parte de InSite, instaló en la línea fronteriza que divide a Tijuana de San Diego su ya célebre escultura monumental: “Toy-an Horse”. (el título juega con el nombre de Troya, la ciudad amurallada escenario de la guerra homérica, y con el de la famosa juguetería estadounidense Toys “R” Us). Su caballo es eso: un enorme juguete identitario. Se trata de la emblemática escultura de 10 metros de altura de un caballo de dos cabezas, montada sobre ruedas, evocación de aquel otro que los aqueos obsequiaron a los troyanos en el desenlace de La Ilíada.
El caballo de ERRE, construido con madera y acero, originalmente instalado en la garita de San Ysidro -a unos cientos de metros de su casa familiar en la colonia Libertad- representaba simultáneamente a los Estados Unidos y a México: una criatura bicéfala que mira en direcciones opuestas: el norte y el sur. La continuación de la guerra mitológica en otras latitudes históricas. Alegoría escultórica de la interdependencia y la simbiosis, la estructura instalada entre la delimitación simbólica de dos naciones se alzaba como una amenaza de doble vía -¿Quién invade a quién?,pero también como una oportunidad, a mitad del camino entre el intercambio celebratorio, el recelo histórico, la invasión latente, el TLC por entonces recién puesto en marcha, y la mutua y continua incomprensión.
Veintidós años más tarde ERRE incluyó las cabezas de “Toy-an Horse” en el catálogo de la retrospectiva del Mass-Moca. Esta vez quemadas y arrancadas del resto de la estructura. Una alegoría del deterioro y las crecientes tensiones en la manera en que mexicanos y estadounidenses nos miramos en la era Trump: ellos y nosotros, nosotros y ellos. Dos países que ERRE considera, y son, su casa. Una casa -bicéfala como su caballo alegórico-, con dos techos, dos historias, y dos idiomas que se entrelazan, se tesan y se reinventan continuamente hasta construir un lenguaje propio. ERRE ha sido, precisamente, un traductor de ese idioma transfronterizo al lenguaje de lo visual.
4.
Uno de los proyectos de ERRE que llamó la atención en año recientes fue el titulado “Delimitaciones”, el cual emprendió junto con el fotógrafo estadounidense David Taylor. Lo que hicieron fue marcar de nuevo los límites que dividían a México de los Estados Unidos en 1821, instalando para ello 47 marcas a todo lo largo del actual territorio norteamericano: desde la costa del Pacífico hasta Port Arthur, en Texas. ERRE diseñó y construyó los obeliscos que fueron colocando a la manera de los que en el pasado delimitaron la vieja frontera, mientras que Taylor documentó a través de la fotografía este largo viaje memorioso, fatigado y simbólico. Una acción interdisciplinar que cuestionaba de manera radical la noción de las fronteras y los territorios desde los discursos nacionalistas, la expansión imperial, los neocolonialismos, y las reivindicaciones históricas de viejo cuño. Un repaso a pie por las geografías del despojo, la intrusión, y la imposición.
Dentro de las piezas que se exhibieron en el Mass-Moca destaco dos más:
La titulada “OF FENCE” un juego de palabras que entrelaza dos vocablos del inglés: “of” (fuera) y “fence” (barda), y los une a un tercero de obvio significado: “offence” (ofensa), que en inglés, además, tiene la doble acepción de insulto y delito. Elaborada con placas de metal corrugado unidas por vigas de acero de apariencia oxidada, se trata de una réplica escultórica de 100 metros de largo de la barricada de metal que ya forma parte de la vida cotidiana en Tijuana desde que gradualmente sustituyó a la malla alámbrica en la década de los noventa. El poder simbólico de la pieza nos ahorra mayores interpretaciones. Es un trabajo de absoluta actualidad y de enorme destreza y valentía.
Como crítico de la realidad mexicana, en otra de sus piezas presentó su ya emblemática bandera nacional fragmentada en tres paneles separados (Democracia 2000) como la expresión tricolor de nuestras divisiones y entuertos, a la que añade la reinterpretación elocuente del escudo de todos conocido. La serpiente enroscada en el nopal que, en la versión de ERRE, al tiempo de ser devorada por el águila, alcanza a clavarle los colmillos a su depredadora. Una alusión a nuestro propio temperamento mexicano: violento e insumiso. Un homenaje cívico al “México bronco” y una resignificación del mito fundacional.
5.
La retrospectiva del MASS MoCA confirmó que ERRE ha convertido la frontera en un lenguaje polisémico más que en un simple tema coyuntural: una aritmética de materiales industriales, juegos de palabras, arqueologías culturales y arquitecturas precarias para documentar ese espacio liminar que es a la vez puente y abismo, grieta y vena.
De paso, aspira a que el museo deje de ser una institución condescendiente y pasiva, donde prima lo meramente expositivo como sinónimo del consenso, para volverse un espacio de fricción, alteración y disidencia: la ética de la estética, el tránsito del susurro al grito. Reinventa los lenguajes artísticos del presente al incorporarles la sintaxis de la historia. El museo como territorio en disputa, como lugar de la memoria activa y vigilante que ejerce la crítica del poder. Para lo cual los dispositivos objetuales de sus piezas no sólo se observan, también se escuchan, se leen, e intervienen y desacralizan el espacio museístico.
Su obra funciona como una suerte de diplomacia cultural alternativa entre México y los Estados Unidos: no ocultan la herida, la cartografían; no sacralizan los símbolos, los desmontan para resignificarlos. Frente a los muros físicos -y los mentales- ha encontrado el equilibrio entre el activismo del ciudadano fronterizo y el oficio artístico, entre el dato duro y la metáfora, aunque en su caso lo “metafórico”, no es una alegoría distante y rebuscada, sino el medio por el cual hace palpable las tensiones entre su biografía y los territorios binacionales que habita. Albañil, a fin de cuentas, algo hay de obra negra en sus creaciones: diálogos rupestres con lo arquitectónico, construcciones, deconstrucciones, y ensamblajes interculturales.
En su caso, el lenguaje será el otro material constructivo de su proyecto. Tan decisivo como lo son el acero o la madera, aparecen las palabras, las cuales conjugan todos los tiempos verbales que admite ese puente entre la identidad y la otredad establecido en cada una de sus creaciones: somos, fuimos, seremos.
Ha participado en residencias, conferencias y muestras de arte colectivas e individuales en Canadá, Estados Unidos, Alemania, Suecia, Polonia, Portugal, Francia, España, Rusia, China, Cuba, Colombia, Puerto Rico, Chile, Brasil y Argentina. (Es, por cierto, es uno de los artistas que aun falta de estar presentes en el pabellón mexicano de la Bienal de Venecia, el foro más importante para las artes contemporáneas donde México participa en cada edición).
Entre 2003 y 2010 auspicio y dirigió el espacio interdisciplinario “Estación Tijuana”, un laboratorio de arte, arquitectura y urbanismo que nutrió el debate contemporáneo sobre las ciudades como hazaña y como grieta civilizatoria. Es también, el albañil-escultor-semiólogo, un gestor cultural.
Su obra no se agota en la denuncia, la decodificación de los símbolos o la traducción de doble vía (aquello que entre lo mexicano y lo estadounidense podemos definir simplemente como lo norteamericano). ERRE diseña dispositivos para que el museo funcione como aula y como plaza pública. He ahí su valor para el diálogo México–Estados Unidos en estos tiempos de alambradas discursivas, ideológicas y materiales: aprender a cruzar sin morir en el intento. Incluso cuando las señales nos indican hacer un alto, nuestro destino es cruzar.

Edgardo Bermejo Mora (Ciudad de México (1967) es escritor, diplomático, historiador y periodista. Obtuvo el Premio Nacional de Novela Política, de la UdeG por su novela Marcos Fashion, o de cómo sobrevivir al derrumbe de las ideologías sin perder el estilo (Océano, 1996). Textos suyos forman parte, entre otras, de las antologías Dispersión multitudinaria (Joaquín Mortiz, Ciudad de México, 1997), y Líneas aéreas (Lengua de Trapo, Madrid, 1999). Dirigió el suplemento Lectura (1997—98),del periódico El Nacional, y ha colaborado como articulista en diversos diarios, suplementos culturales y revistas literarias. Fue corresponsal de la agencia Notimex para el Sudeste Asiático con sede en Singapur. Fue agregado cultural de las Embajadas de México en la República Popular China y en Dinamarca. Ha sido director general de asuntos internacionales del CONACULTA y director de Artes del British Council en México. Su Twitter es: @edgardobermejo
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Posted: November 27, 2025 at 10:24 pm







