Reviews
Mistificación periodística

Mistificación periodística

Lissete Juárez

Getting your Trinity Audio player ready...

Share / Compartir

Shares

El 2025 cierra con la aparición de un libro imprescindible: Feminicidio mítico, publicado por Penguin Random House bajo el sello Debate. Cada vez que Lydiette Carrión toma la palabra conviene escucharla, y esta vez no es la excepción. En este nuevo trabajo, el lector se topará con la misma intensidad de investigación periodística a la que su autora nos tiene acostumbrados y, también, con una voz cercana que escudriña, imagina y formula preguntas incómodas sobre el consumo, el de ella y el de todas, de la violencia y, en específico, del consumo de la representación del asesinato de mujeres.

Tengo que confesar que, al pasar las páginas, me he sentido parte de la indagación que hace Lydiette. Con mucha frecuencia me observé cuestionando mi propio comportamiento ante los productos que claramente mitifican el feminicidio, es decir, que mitifican al perpetrador y, a veces, también a la víctima, claro, siempre que esta sea la “víctima perfecta”. Hasta el día de hoy no puedo dejar de cavilar en cómo el pensamiento patriarcal ha gobernado mi percepción mucho más de lo que había creído, porque sí, me siento identificada con lo que dice al final del primer capítulo: “Las mujeres necesitamos comprender lo que nos pasa, lo que les pasa a otras mujeres; los miedos que sentimos, de dónde vienen, los riesgos que enfrentamos, qué hacer”. El problema radica en quién ha producido las respuestas y en cómo han saciado esta necesidad.

La mistificación del feminicidio se da por partida triple: de la realidad a la representación narrativa (periodística y ficcionada), y de ahí a la publicitaria. Desafortunadamente, los hechos, ya de por sí siempre mutilados en los expedientes judiciales, son desplazados muy pronto por las notas y reportajes creados por la prensa, encabezados por titulares, como dice la autora, dignos de una novela negra; que mezclan investigación con invención; que hacen esbozos, casi siempre distorsionados, de las víctimas y retratos detallados, a veces hasta románticos, de los agresores; y que son acompañados por fotografías, muchas veces, manipuladas. Lo peligroso es que la historia que nos cuentan es la que queda en el imaginario colectivo, la que influye en cómo se imparte justicia y la que da pie al surgimiento del mito.

Para entender cómo se ha llegado a esto es necesario mirar hacia atrás, y para ello Carrión menciona el trabajo de Robert Graves, “para tratar de situar el inicio de la representación simbólica de los feminicidios en este momento de inflexión”, momento en el cual las diosas comienzan a perder su poder tras la llegada de un nuevo orden: la era patriarcal, que concierne a las sociedades desprendidas de las religiones donde hay un solo dios y ya no quedan diosas, solo santas, santas dispuestas a ser sacrificadas, como la hija de Jefté o Ifigenia. Resulta sorprendente, o no, que, en las historias de estas figuras femeninas, la violencia esté sentimentalizada, embellecida, pues si estas víctimas son nombradas es por su carácter especial y único, por su virtuosismo. Y esto lo vemos más adelante en narraciones fantásticas como Caperucita Roja, Blancanieves o Scheherazade, donde el feminicidio se encuentra presente bajo el relato de una sobreviviente que, a diferencia de las otras, “merecía” vivir.

Scheherazade llama particularmente la atención porque, como apunta Lydiette, ha sido la más replicada y vigente en el mundo actual; ha estado presente en la pintura, la literatura, el espectáculo y el cine, y se han hecho interpretaciones o estudios feministas que destacan su solidaridad con las demás muchachas, así como su inteligencia para sobrevivir. Sin embargo, nos sugiere la autora, hay algo que no logramos ver: se deja en manos de la víctima el poder de salvarse por medio de su ingenio, de sus cualidades individuales que la hacen diferente de las otras jóvenes que sí fueron asesinadas. Y no solo eso, sino que de ella emerge la idea de la mujer que logra que el monstruo la deje vivir por ser única, como en El silencio de los inocentes, donde el asesino trata de forma especial a Clarice precisamente por esta razón, enfatizando que el mundo es mejor si ella vive.

Yo he caído en este engaño una y otra vez, y desde muy joven. El silencio de los inocentes se estrenó en 1991; seguramente la vi algunos años después, siendo adolescente, y aún hoy recuerdo a la perfección el impacto que me causó el personaje de Clarice Starling. Recuerdo querer ser igual de inteligente que ella; querer poder estar frente a un monstruo y salir indemne de su maldad, salir viva, y también querer poder entenderlo. Esto, mientras todo a mi alrededor era un grito de alarma por los feminicidios en Ciudad Juárez y en la Ciudad de Chihuahua, donde yo vivía. Esta representación, enfatiza la autora, frecuentemente nos da un alivio a las mujeres frente a los contextos de alta violencia, pero al mismo tiempo vale la pena preguntarnos si no se corre el riesgo de culpabilizar a la que no se salvó, si esta narrativa no acentúa la creencia de  que hay mujeres que no vale la pena salvar y otras que sí.

Por otro lado, y esto también me interpela, Lydiette nos habla del gusto femenino por el true crime y enfatiza que esto no es un fenómeno moderno. El “¿por qué?” no tiene una única respuesta. El consumo de podcast, películas, series de televisión o libros sobre homicidios, y nuestros intereses criminológicos y psicoanalíticos, nos dice la autora, se explican por nuestra necesidad de dar sentido a toda la violencia feminicida, porque no es un consumo de cualquier tipo de violencia, sino de aquella que involucra asesinatos sexuales, feminicidio íntimo o asesinos seriales.

“…Y luego veo series de televisión y siento la posibilidad de dar un orden al caos, de diseccionar, de tener control. Me digo que a mí no me va a pasar porque estaré preparada, porque en las películas las chicas más interesantes sobreviven…”

Comparte Lydiette sobre su propia experiencia, y también hace referencia a Kate Tuttle respecto al consumo de este tipo de productos culturales: “Aquí también la identificación resulta problemática, pues son las mujeres blancas asesinadas las que son elevadas a un estado casi de culto, mientras las mujeres de color, que son asesinadas a un ritmo mayor, son ignoradas con demasiada frecuencia”.

Por último, en Feminicidio Mítico encara, además de la representación del asesinato de mujeres y su mistificación periodística y narrativa, la que se genera desde la publicidad, y para ello nos ofrece ejemplos concretos de cómo el feminicidio es contado (prensa), narrado (ficción) y, por último, comercializado (moda). Esta especie de cronología se agradece profundamente, ya que resulta muy útil para entender cómo irrumpe la mitificación de la violencia desde diferentes lugares en nuestra sociedad.

En uno de estos ejemplos, Carrión menciona el anuncio de la fragancia Dahlia Noir, de Givenchy (2012), que muestra a una modelo en ropa interior, semienvuelta en transparencias oscuras, con unas botas de cuero negro hasta los muslos; y en otra secuencia, lleva un vestido negro.

El cuerpo de Elizabeth Short, nos cuenta la autora, fue encontrado el 15 de enero de 1947, y esa misma tarde, en su edición vespertina, The Examiner Extra publicó una fotografía editada del cuerpo de la víctima, dibujando una “manta” sobre él y borrando las heridas del rostro, dando como resultado la imagen de lo que parecía una resplandeciente joven dormida sobre la hierba. La cabeza de la nota decía: “Monstruo tortura, mata a chica. Deja el cuerpo en un baldío”. El primer párrafo de Los Angeles Times era: “Por medio de huellas digitales, la atractiva víctima del brutal asesinato sexual…”. Y en el cartel que publicó la policía de Los Ángeles se incluyó la frase “muy atractiva”. Para el 19 de enero de ese mismo año, el FBI ya la llamaba “Black Dahlia”.

Este caso, podemos leer, ha suscitado la creación de múltiples productos culturales: desde libros de ficción y no ficción, hasta películas, videojuegos y venta de fotografías de la víctima; y todo esto fue, quizá, (y no el caso en sí) la inspiración para el perfume Dahlia Noir de Givenchy.

El libro nos ofrece casos similares, donde el común denominador es siempre esta misma cronología: primero hay una representación periodística, luego una representación narrativa y, por último, una representación publicitaria. 

Lydiette Carrión señala, a modo de cierre, que el propósito central de su investigación es examinar los motivos que sustentan la representación de los feminicidios y la violencia sexual contra mujeres y niñas en la publicidad de moda femenina de alta gama. Su trabajo no solo cumple este objetivo, sino que lo excede con amplitud. Feminicidio Mítico revela con claridad que la mistificación del asesinato de mujeres se manifiesta, de forma explícita y simbólica, en numerosos productos culturales y comerciales que consumimos cotidianamente. Su lectura nos confronta con la urgencia de cuestionar y transformar nuestra relación con aquellas narrativas que velan, en lugar de exponer con precisión, la brutalidad real ejercida contra mujeres y niñas; y esto nos permitirá, como ya se ha estado haciendo, unirnos, evidenciar y denunciar cuando se esté lucrando con el horror de la violencia de genero.

Fotografía

Lissete Juárez (Chihuahua, 1982) Estudió Literatura y Creación Literaria en Casa Lamm México. Algunos de sus cuentos han sido publicados en las antologías: Dime si no has querido (Literal Publishing, 2018) y Suele Pasar que nos quedemos (Literal Publishing, 2021). Es coguionista del cortometraje Necios (México, 2022). Instagram @lissari

 

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.

 


Posted: December 4, 2025 at 6:39 am

There is 1 comment for this article
  1. Maria Quiroga at 6:32 pm

    Nos empeñamos en hacer de las mujeres un producto aleccionador. Mi hija hizo un análisis sobre las películas del género slasher en donde las chicas asesinadas siempre son aquellas que tienen sexo, las virginales suelen sobrevivir, creando la lección moralina del castigo al pecado. En las series, usualmente el investigador es un hombre conflictuado consigo mismo o una mujer que está pagando algún tipo de castigo. La narrativa visual siempre es la misma.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *