Film
Valor sentimental, de Joachim Trier

Valor sentimental, de Joachim Trier

Naief Yehya

Getting your Trinity Audio player ready...

Share / Compartir

Shares

La historia de la familia quebrada del otrora exitoso director de cine Gustav Borg (Stellan Skarsgård) y sus hijas con síndrome de abandono, Nora (Renata Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), resulta convencional y al mismo tiempo fresca y sorprendente en Valor sentimental, sexto largometraje del noruego danés Joachim Trier. Cuatro generaciones de memorias, ruidos, silencios, secretos, pasiones y desconsuelo son imaginadas en un ensayo en voz de la casa que Nora escribió para la escuela y es leído en off. Con su conocido estilo para entrelazar viñetas, recuerdos, flashbacks y anécdotas, Trier da inicio a una trama que va desde la ocupación nazi de Noruega hasta la muerte de la exesposa de Gustav, Sissel, que él abandonó cuando las hijas eran muy jóvenes.

La casa comparte el protagonismo de la historia con Nora, quien en su primera escena sufre un ataque de pánico, poco antes salir al escenario en una versión modernista de La gaviota, de Anton Chejov (originalmente la confundí con La casa de muñecas, de Ibsen debido al tema del hogar como una trampa asfixiante y que la protagonista también se llama Nora, mi colega, conocedora de teatro y editora sensacional Tanya Huntington me señaló el error). Durante el velorio de la madre el padre ausente regresa a la casa familiar. No es la tristeza que lo guía sino una razón pragmática: quiere que Nora, quien se ha vuelto una exitosa actriz de teatro y alcanzado la popularidad con una miniserie, estelarice su próxima película, una obra semiautobiográfica en la que evoca el suicidio de su madre. Nora rechaza la oferta de forma contundente. Gustav, decepcionado pero distante y nostálgico del éxito después de 15 años de inactividad, le ofrece el papel a una muy entusiasta e impresionable estrella estadounidense, Rachel Kemp (Elle Fanning). Muy pronto queda en evidencia que la decisión es un error y aunque su presencia representaba traer una inyección de fondos, filmar en inglés y el aura de estrella de Hollywood hubiera destruido el proyecto.

Trier explora, mediante la relación entre Gustav y Nora, el vínculo entre el arte y la vida, y la dificultad de encontrar la armonía entre la creación y los afectos (un tema que domina su obra desde su debut, Reprise, 2006). Los sueños artísticos frustrados y el impacto emocional familiar son constantes en su cinematografía y la propuesta aquí es que la ambición creativa puede ser un objetivo egoísta pero también una fuerza de unión. Para Nora actuar el papel de la abuela suicida que fue torturada por los nazis y que Agnes permita a su hijo aparecer en una película de Gustav (algo que ella misma hizo de niña y fue la mejor y peor experiencia de su infancia) es un desafío a la lógica y dignidad, es pedir demasiado y a la vez es el sacrificio que puede redimir a la familia. Los demonios que acosan a Gustav y a Nora son similares: la mortalidad, la soledad, la depresión y angustia ante el posible fracaso. La manera de exorcizarlos es interpretar a alguien en un escenario o crear un universo frente a la cámara. La impersonalidad técnica para construir historias es el refugio de las emociones reales y el recurso para reducirlas a simple valor sentimental.

La cinta nos sumerge en el torbellino estético y creativo del egomaniaco envejeciente Gustav pero Trier, quien supuestamente no cree en centrar una obra en las actuaciones, usa ese pretexto narrativo para crear una ambiciosa sinfonía actoral con una troupe que incluye a su actor fetiche, Anders Danielsen Lie, a la sorprendente Reinsve, así como al gran Skarsgård y a la fulminante Elle Fanning. Son los actores quienes con inmenso talento resuelven la historia, tanto en la trama como en el filme dentro del filme, desde el conmovedor diálogo de las hermanas ante el dilema que impone el regreso y propuesta de Gustav hasta la escena en que Nora actúa la secuencia que encapsula la tragedia de la infancia del padre. En la preparación del filme el director discutía la obra Chéjov e Ibsen con los actores para centrar las actuaciones en torno al tema de la familia, el hogar y la actuación. El título anuncia que estamos ante una reflexión acerca de los afectos reales y lo que tiene valor únicamente por la costumbre, la acumulación, la nostalgia. Al vaciar las cosas de la casa familiar las hermanas se reparten los objetos y Nora deliberadamente pone en evidencia su desprecio por el valor sentimental de los objetos.

Aunque Nora es el eje del relato, Trier se siente fascinado por los defectos de Gustav, quien es incapaz de reconocer su culpa como padre ausente y menos de arrepentirse (si ese es el caso). Lo que puede hacer es crear una gran obra para recuperar a sus hijas y su lugar como artista. Este es un padre que no tiene paciencia o interés para ver a su hija en una obra de teatro o la televisión. Sin embargo, ese aparente rechazo o desprecio también pone en evidencia su incapacidad o miedo de presenciar la vulnerabilidad y fragilidad de Nora. Gustav es un manipulador cínico capaz de describir el suicidio de su madre a Rachel y añadir el detalle cronológicamente imposible de que usó un banco de Ikea para ahorcarse. Gustav es tan ajeno a las emociones humanas considera adecuado regalar a su nieto, Erik (Oyvind Hesjedal Loven) al cumplir diez años, dos DVDs: la desgarradora La maestra de piano, de Michael Haneke y la fabulosa atrocidad de Gaspar Noe, Irreversible. Sin embargo, la provocación queda anulada debido al detalle técnico de que nadie tiene un aparato para ver esos discos. Esta es una curiosa manera de decir que el cine vive una decadencia, tecnológica y moral. Trier hace una celebración del cine en la era de Netflix y la asfixia de las miniseries que consumen el oxígeno y tiempo del público.

Valor sentimental, que Trier coescribió con su colaborador de siempre Eskil Vogt, ganó la Palma de Oro en el pasado festival de Cannes y se exhibió en el Festival de Nueva York, es una obra madura y compleja, un drama formidable que pasa de la comedia estridente a la intimidad angustiante por medio de una mise en abyme con rupturas meta narrativas a escenas cinematográficas y teatrales. Trier emplea una serie de recursos contrastantes, nerviosas cámaras en mano y largos planos secuencia, una selección emotiva de música pop, jazz y clásica, y muy evidentes homenajes a Persona, de Bergman y a Another Woman, de Woody Allen, (aunque aquí las confesiones hechas a la psicoterapista que se escuchan a través de los ductos resuenan con las voces de los soldados nazis que buscan a la madre de Gustav).

Gustav no ofrece respuestas ni explicaciones por los traumas generacionales, de ahí que no sepa explicarle a Rachel qué motivación tiene su personaje. Al retomar la casa familiar para filmar ahí su película el pesado legado intergeneracional es transformado. La casa deja de ser un personaje metafórico para volverse literalmente un escenario. Al parchar las grietas que atraviesan los muros la reparación cosmética pone en evidencia el significado del valor sentimental.

Los temas y la vibrante presencia de Reinsve conectan a esta cinta con la anterior La peor persona del mundo (2021), así como la escena final está en directa correspondencia (casi movimiento por movimiento y en un tono similar) con Oslo, 31de agosto (2011), ambas son parte de su Trilogía de Oslo. Si bien aquí se reúnen los impulsos y temas de su carrera, la impecable y cómoda sobriedad de esta cinta la hace sentir demasiado calculada, casi arrogante, y muy distante de la intensidad y vitalidad enfebrecida que caracteriza a su obra.

 

naief-yehya-150x150Naief Yehya es narrador, periodista y crítico cultural. Es autor, entre otros títulos, de Pornocultura, el espectro de la violencia sexualizada en los medios (Planeta, 2013) y de la colección de cuentos Rebanadas (DGP-Conaculta, 2012). Es columnista de Literal y de La Jornada Semanal. Twitter: @nyehya

 

 

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.

 


Posted: February 11, 2026 at 8:44 pm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *