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Comala en otra voz: Rulfo en inglés
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Comala en otra voz: Rulfo en inglés

Gerardo Cárdenas

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En la primera semana de 2026 se cumplieron 40 años de la muerte de Juan Rulfo. Me considero un rulfiano de hueso colorado, alguien que cada cierto tiempo emprende el viaje de descenso al Hades de Comala, que vuelve a ver amaneceres y anocheceres a la sombra de los cerros altos del Sur, que viaja a Talpa, que oye ladrar a los perros. No importa cuánto tiempo haya pasado: El llano en llamas y Juan Rulfo me siguen hablando, con los tercos susurros de los muertos.

Rulfo me habla también en otros idiomas. Sus dos libros han sido traducidos a casi 40 idiomas, tal vez más. Hoy me quiero detener un poco en las traducciones al inglés de Pedro Páramo, y verlas ya sea desde la perspectiva de Paul Ricoeur, de la traducción como “desafío y fuente de felicidad”, o desde la de Yoko Tawada, que habla de las brechas que surgen entre el idioma original y lo traducido, por la imposibilidad de alcanzar una mediación perfecta.

Converso con tres versiones al inglés de Pedro Páramo que, me parece, son las que se han hecho esta ahora. La más antigua es la de Lysander Kemp, de 1959; le sigue la de Margaret Sayers Peden, que incluye un prólogo de Susan Sontag, que es de 1994; y la más reciente, de Douglas J. Weatherford, de 2023.

Me sorprenden las decisiones tomadas por los traductores. Kemp elimina en su versión parte del diálogo entre Juan Preciado y Abundio donde, debido a un malentendido, Abundio habla de un pájaro, el correcaminos, cuando Preciado habla de la decadencia de Comala. Sayers, quien tradujo otras obras de Rulfo (El llano en llamas y El gallo de oro), sí la incluye y lo hace con precisión.

Mi mayor sorpresa viene con una escena clave, muy al principio de la novela, donde Preciado, que ya se ha enterado que es medio hermano de Abundio, le pregunta ¿quién es Pedro Páramo? Y el arriero le contesta: “un rencor vivo”. ¿Se puede traducir esta frase al inglés, con la misma contundencia que tiene en español?

            Veamos las soluciones de cada traductor:

 

Kemp: “He’s hate. He’s just pure hate.”

Sayers: “Living bile,” was his reply.

Weatherford: “Bitterness incarnate,” he answered.

Kemp opta por “hate”, cuya traducción más directa sería odio. Pero Rulfo nos dice que lo de Páramo era rencor. La RAE define odio como animadversión, pero rencor como resentimiento “arraigado y tenaz”. Rulfo ancla el rencor a lo vivo. La novela nos llevará a descubrir que ese rencor va más allá de la vida.

Sayers y Weatherford eligen traducir con algo más visceral. “Bile”, que entendemos como bilis, y “bitterness”, amargura, parecen subir a la boca como un reflujo maligno. Weatherford añade “incarnate” que me parece una decisión muy interesante: la introducción de un elemento metafísico. La opción de Weatherford es más poética. Pero ¿describe a Pedro Páramo? “Bitterness incarnate” es tal vez la apuesta del traductor por la hospitalidad lingüística, un riesgo poético asumido desde la felicidad de la lectura, desde la invitación a los lectores a entrar en el mundo infernal de Comala.

Si yo lo hubiera traducido, quizás me hubiera inclinado por hate, aunque habría ensayado con “he’s living hate.”La traducción de “vivo” me parece tan importante como la de “rencor”, porque lo que Rulfo plantea es que Páramo recargará su odio de rencor mientras viva, pero viendo la vida como algo permanente, que no depende la extinción del cuerpo.

“Rencor” me crea conflictos. En inglés existe “rancor” que, como en la palabra española, proviene del francés, y por ende del latín y tiene una conexión con lo rancio, es decir, algo dañino, echado a perder. Usar “rancor” constituiría una traducción más literal, pero ¿quién en el año 2025 en Estados Unidos, Inglaterra o Australia, lo usaría?

Para quienes quieran ir más a fondo en el debate sobre estas tres traducciones, les recomiendo ampliamente la excelente reseña que sobre la versión de Weatherford escribió Rebecca Hanssens-Reed para la Cleveland Review of Books, que se puede consultar aquí.

Ricoeur, inspirado por Benjamin y por Sigmund Freud, habla de la traducción como un trabajo asociado a la remembranza y a la pérdida, esto es, como un trabajo donde algo se salva y algo se pierde. El traductor media entre el autor y el lector. Algo se pierde y algo se gana.

Entre lo perdido y lo ganado, no creo que una traducción sea mejor que otra; son decisiones diferentes, pero que tienen un peso trascendental, porque definirán para el lector angloparlante quién es Pedro Páramo, en la vida y en la muerte.

Rulfo nos sigue hablando, desde Comala, y su voz nos llega en la barca de Caronte, ese aciago traductor.

Foto de Sergey Nikolaev en Unsplash

Gerardo Cárdenas (México, 1962) es escritor, periodista, estratega de comunicación y promotor cultural. Su más reciente título es la colección de relatos Correr es de cobardes, que publica Abismos Editorial.

Gerardo Cárdenas es escritor, traductor, promotor cultural y agente literario. Actualmente es estudiante del doctorado en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Houston.

 

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Posted: January 13, 2026 at 8:29 pm

There is 1 comment for this article
  1. Domingo Javier Alvarez Díaz at 9:52 am

    Interesantísimo análisis sobre uno de los más grandes desafíos para un traductor: el universo rulfiano. Docto, ágil y, como todo buen texto, rico y controversial.

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