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Latino Poetry, nuestra antología de Library of America
COLUMN/COLUMNA

Latino Poetry, nuestra antología de Library of America

Carlos Labbé

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Desearía que ya nos hubiéramos puesto de acuerdo en leer Latino Poetry como el registro impreso de algo precioso: nada menos que la historia de un esfuerzo verbal de siglos y siglos para nombrar no solo un modo no-oposicional de sobrevivir, sino también de vivir más allá de la mera sobrevivencia. Porque hace tiempo ya que superamos eso de definirnos por el idioma que hablamos y por los lugares de donde vinieron nuestros ancestros, ¿no?

 

Responder a esa pregunta fue mi objetivo de lectura hasta la página 696, final, de esta antología. Sin embargo mi respuesta no pudo ser definitoria. Los últimos poemas me mandaron de vuelta al primero y viceversa y fuera del libro y adentro mío: he aquí un volumen exhaustivo, abarcador, urgente, revolucionario para los anales de la literatura occidental, compilado por el escritor y académico mexicano-estadounidense Rigoberto González; he aquí la novela norteamericana que quisiera leer, una polifonía coral, una marcha de 186 voces que marchan a paso firme del pasado al futuro, salvo que todas estas voces son autorías reales, de carne y hueso; desearía que una novela pudiera ser así de concreta, políticamente diáfana, directa y sublime como la mayoría de los poemas que estas narraciones crean. Quisiera que fuera así porque soy novelista y espero llegar algún día a ser poeta.

Con ese deseo quiero leer este proyecto bibliófilo que se metamorfoseó durante los dos últimos años en una serie de lanzamientos, lecturas, performances y mesas redondas que llevaron a sus poetas por muchas localidades de Estados Unidos bajo el título Places we call home: como un ensayo no solo sobre la identidad latina sino también sobre la relación indecible que cualquier ser humano puede establecer con experiencias tales como el tiempo que pasa, la geografía, los endónimos, la idea de nación, las uniones posibles, las brechas inefables, la comunidad. ¿Es el origen algo más que meras palabras? ¿Debería ser el origen algo más que el mejor arreglo de palabras, de palabras que, combinadas, pronuncian un encantamiento que nunca falla? ¿Es la poesía el encantamiento del origen, cuyo efecto hace que esta pregunta no pueda responderse sino con más preguntas? Quién soy. Quiénes somos. Por qué debería importarme eso. Preguntas tan simples y no obstante. Sus respuestas no son una catarata de lenguaje directo, jamás un eslogan.

La retórica debe haberse inventado para responderlas.

La literatura lo ha hecho ya tantas veces.

¿Dónde vives?

En mi casa.

¿Dónde está tu casa?

Prefiero no responder, porque con la certeza de esa información podrías planear algo para desplazarme. Además, mi casa no es realmente mi casa. Pero espero tener un hogar algún día. Pero nunca le hablaría a un extraño al respecto, porque mi hogar será el sitio donde solo las personas que me pueden conocer entran y se quedan. La pregunta más insistente en esta Latino Poetry, cómo en tantos otros libros del ahora aquí, es por qué hablamos tanto del hogar. Es fácil afirmar que el tema burgués de poseer un lugar donde nadie pueda entrar si uno no quiere que lo haga un espacio de libertad respecto a otros o respecto a cualquier estado de incomodidad, el ideal de tu propio espacio, del cuarto propio versus el refugio, versus la urgencia de poseer y ser poseído por la tierraes el núcleo del impulso de ocupación, de la colonización de tierras, de conquistar un mayor espacio de control del otro. Y ese impulso es fundacional para la literatura latina: el primer hecho rastreable en estos anales es que Latino, Hispanic, Latinx, Latine comienza con el encuentro entre pueblos aborígenes que nunca reclaman su existencia porque no poseen nada y gente extranjera feroz que lo quiere todo porque siempre ha poseído todo.

Un sacerdote de la iglesia católica y un soldado, los españoles Alonso Gregorio de Escobedo y Gaspar Pérez de Villagra, abren esta antología con fragmentos épicos octosílabos, altamente formalizados y rígidos, de La Florida y de Historia de la Nueva México. Pueden parecer obras seminales de un encuentro de culturas si las leemos desde el punto de vista del militarismo, la jerarquía, el castigo y el irrespeto general por cualquier cosa o cualquiera que sea diferente de la voluntad de conquistar lo desconocido por el bien del emprendimiento y la riqueza robada. Nada muy diferente del ideal más tardío de Estados Unidos y de la expansión contemporánea de la vida moderna a cada aspecto de la experiencia humana; nada muy diferente de cualquier otra expresión artística estadounidense, excepto que el trauma de la violencia se manifiesta tanto en la superficie misma del contenido como en la estructura del poema.

Ese trauma creó este mundo y estableció la romantización de la vida indígena jamás escrita. Su ausencia presenta ese impulso colonial e imperialista como tema recurrente de la literatura latina. Por eso esta antología no comienza con el relato de alguna tradición indígena, de algún cuento folklórico, trickster tale, mito o leyenda. Un poema titulado «Los comanches» ocupa un tercer lugar de origen en este libro, después del sacerdote y el soldado, y sólo puede estar ahí si su autoría es anónima. Puede hablar de cualquiera de las muchas naciones silenciadas al centro de la poesía latina si no explicita una sola descripción, elogio, afirmación o declaración sobre la subjetividad de aquellos que estuvieron aquí antes de la invasión: ser el resultado de un trauma es hablar del pueblo comanche sin decir una sola cosa sobre el pueblo comanche y todo sobre sus opresores nombrar constantemente la división, la etiqueta, el régimen, el malentendido; al principio, la única forma de buscar un hogar era hablar de la ausencia de un hogar.

Luego viene el problema de la traducción. Todos sabemos que la literatura latina se escribe tanto en inglés como en español, así como en muchos otros idiomas lenguas indígenas, tal como su hermana, la literatura latinoamericana, siempre está comerciando lingüísticamente su paisaje de español, portugués, krèyol, patwa y muchos idiomas locales antiguos, todos juntos o mezclados. Me parece problemático que en esta bella criatura cambiante que es esta antología cada poema originalmente escrito en español tenga que tener su texto paralelo en inglés. Entiendo que puede ser una decisión editorial, una práctica de empatía afín a los valores de la abrumadora mayoría de los poemas aquí, de democratizar nuestra cultura compartida y hacerla ampliamente accesible cuando el 78% de quienes están en Estados Unidos habla inglés y solo el 14% habla español. Pero, también, esta equivalencia español-inglés me indignay remarco que esa indignación es solo mía, como la rabia debería pertenecer nada más que al individuo que la siente y no a su comunidad, especialmente cuando el ciclo de publicación de Latino Poetry ha transcurrido al mismo tiempo que el enésimo intento de una administración gubernamental de estos territorios por hacer del inglés su idioma oficial, para así desfondar, exotizar, censurar y volver extranjera a una vasta gama de voces que siempre han sido locales en Estados Unidos, para el beneficio de cierta intentona de monopolio apocalíptico milenario.

Todas estas estadísticas provienen de los últimos reportes del U.S. Census Bureau, por cierto, y he de decir que me parece también indignante que tengamos que seguir hablando de la imposición del monolingüismo cuando el 75% de la población estadounidense es decir, 235 millones de personas son parte de una tercera generación de personas nacidas aquí. En otras palabras, una de cada cuatro personas en una habitación debería al menos recordar, sonreír, derramar una lágrima o sentir orgullo de las diferentes maneras en que su bisabuela pudo hallar significado mientras trataba de adaptarse a un nuevo horizonte cultural. Entonces, ¿por qué imponer la traducción, crear una falsa distancia profesional, recurrir a la cursiva cuando todo el mundo sabe lo que significan abuelita y casa?Con todas estas cifras demográficas en mente, anticipemos entonces una primera lectura de la poesía latina no como literatura arraigada en un territorio y obsesionada con esas raíces como tradicionalmente se ha hecho muchas veces, siempre con un regusto de disconformidad sino como una creación lingüística cuya disciplina es el proceso de traducción habilidosa, la protección de la poliglosia, la apertura estratégica a tantas culturas y experiencias como el fenómeno verbal permita. En tal sentido, el hecho de que los primeros poetas no colonizadores en este libro de historia Latino Poetry son dos autores de México (Quintana y Tablada), dos de Cuba (Martí y Heredia), una de Puerto Rico (Lola Rodríguez) y un nicaragüense (de la Selva), aunque todavía se consideran «Antecedents» en la primera sección del libro. Porque sí, ¿qué pasaría si todos esos lugares fueran también Estados Unidos de América y no vestíbulos, salas de espera, anticipaciones? De todas maneras puedo imaginarme una administración gubernamental provisional que hoy también esté pensando seriamente en esto. Y todos nos iremos a El Salvador al final. Al final de este ensayo, quiero decir.

Quiero decir, el gobierno estaría absolutamente de acuerdo sobre la necesidad de estirar no sus propias fronteras, por favor, sino su territorio. Por un momento voy a pensar en una literatura que imponga fronteras pero expanda la mera idea de tierra, paisaje, horizonte, espacios sobre los cuales reflexionar. Ay, ¿acaso no es eso nuestra bienamada world literature? World literature en inglés estadounidense es una idea rica una complejidad de planes de negocios, subsidios, acuerdos comerciales bilaterales, fondos para cooperación y colaboración y, en el caso de Puerto Rico o Hawaiʻi, anexiones y asentamientos. La poesía latina siempre puede ser y quiero estar consciente de eso en mi lectura un medio de expansión política de todos los lados involucrados. Para no perder la esperanza, elogio la decisión de Rigoberto González de terminar la sección de «Antecedents» con William Carlos Williams, el primer poeta del volumen que, aun si tenía a mano varios lugares disímiles como posibles hogares su padre era inglés y su madre, puertorriqueña, con ascendencia francesa, holandesa, española y judía por ambos lados inaugura la tradición de poesía latina de desechar todo esencialismo para buscar significado en el aquí y ahora de la lucha entre la sublimidad de la creación y la rudeza del trabajo cotidiano (véase su «The Poet and His Poets» en este libro), todo matizado porque esto es poesía, no finanzas exactas por la aceptación de que siempre es posible acudir a la noción de una tierra prometida que yace a lo lejos Puerto Rico en su caso, pero también la lengua materna que podría ser no solo español, no solo lo latino, sino lo ladino.

La segunda sección de Latino Poetry plantea una nueva dicotomía que es crucial para completar nuestro entendimiento de esta tradición estadounidense de vivir en traducción, de explorar la creatividad verbal como refugio del trabajo capitalista interminable y de siempre cantar sobre una idea de hogar: la poesía podría no ser poesía si no abraza el hecho de que está escrita y siempre estará recordando su origen nomádico, de rimas y ritmos caminantes, su lucha con la impermanencia. Esta segunda parte, que compila versos de tradición oral, es corta y siempre estará incompleta a propósito, porque la canción debe estar siempre abierta a nuevas melodías, silbidos, aplausos, tarareos, cánticos políticos y canciones de cuna.

En la antología encontramos corridos, sones, merengues, pero lo que Rigoberto González define como «Nostalgia songs» para enfatizar la necesidad de incorporar letras musicales cotidianas al canon poético es también la alegría de despertarse súper temprano para animarse a uno mismo melódica y ruidosamente en ruta a la jornada de trabajo, la fiesta de cumpleaños, la protesta y el coro religioso. Desearía poder ver aquí también algunos boleros, cumbias, sones, himnos, tangos, mambos, bachatas, reggaetones, cueca, merengue, rock y trap; desearía no leer esas terribles traducciones de canciones famosas, pero elogio el gesto editorial de reclamar el lugar apropiado de la oralidad y la música en la poesía latina.

Para un volumen canónico tan grueso como este hay mucho potencial en declarar tal como el comienzo de una historia de poesía latina tiene que empezar con el trauma fundacional de aceptar la conquista, las fronteras, el capitalismo y la inmigraciónque la musicalidad es una reversión optimista de la impuesta escritura europea, que el sacrificio de la sacralidad indecible y de la oralidad cotidiana por una organización de las cosas no tiene significado en sí mismo. ¿Qué mejor logro para un poema que convertirse en una canción popular, qué más hermoso que una canción popular sin autoría en una página impresa en papel biblia y bien encuadernada en un intento de memoria humana a largo plazo?

La sección tercera de esta antología se titula «Latino Ancestors». De manera apropiada, los poemas incluidos giran alrededor de la categorización, el etiquetado, del impulso de ser exactamente claros y racionales sobre el lugar donde todo y todos deberían ubicarse. América Latina como nombre para muchos rincones diferentes comienza aquí, en este período, tal como Estados Unidos y la extendidad idea de América, de estadidad, de continentes, de geografía política, de separación, y de la necesidad de un pasaporte para moverse. Pertenecer pareciera ser otra cosa. Hay aquí poemas de voces de todas partes de América Latina que hablan de su experiencia al visitar Estados Unidos, de su confusión y admiración, su nostalgia, su vértigo ante la revolución industrial y del mercado erigidos como excusas de ciudades y pueblos. Ninguno de esos autores quiere arraigarse; muchos de los poemas huyen del país con ellos. Pertenecer pareciera ser otra cosa y la huida una opción real; no necesitamos vivir en cierta localidad toda una vida para obtener un entendimiento profundo al respecto y dejar una huella hecha de palabras con esa impresión. ¿Puede alguien que sólo ha pasado un tiempo limitado en las calles de Chicago, New York o San Francisco, en las carreteras de Los Angeles, Houston o Miami, en las tierras de cultivo y lagos del Midwest, en los desiertos y llanuras hacia el Oeste, o en los pantanos al Sur, obtener un conocimiento de la forma en que su gente trabaja ahí para establecer un hogar hecho de palabras?

En su cuarta sección, titulada «Let Me Tell You What a Poem Brings», el volumen se enfoca en los latinoamericanos que decidieron quedarse y en sus hijos, estadounidenses de primera generación. Estos poemas todavía instalan, exploran y aceptan la noción externa de que los latinos deben ser etiquetados chicano, raza, rican, caribeño, hispano, latino, todas esas palabras son acuñadas en esta sección de nuestra historia y al mismo tiempo las mejores estrofas luchan, con intensidad no tan lejana a los poemas épicos de los «Antecedentes», con el monstruo de las categorías y la generalización mediante una profundidad mítica en la adición que Gloria Anzaldúa hace de una voz espiritual de la tierra al esfuerzo creativo humano, por ejemplo, una parte de su obra que está ausente en esta antología o mediante la creación de un nuevo código para la lucha urbana al sumar el idioma español a una gama más amplia de sistemas de comunicación para la supervivencia, incluyendo música negra y política abolicionista, slam poetry, alternativas secretas de naciones nativas al transaccionalismo, éticas de trabajo comunitaria asiático-estadounidenses para evitar serchivos expiatorios, así como la búsqueda que los poetas Beat hicieron de lo sagrado en todo su exceso occidental, a excepción de su privilegio incluso elevaron nuevas imágenes latinas contenciosas hasta hacerlas parte de organizaciones políticas, como los poemas incluidos de Pedro Pietri llevan toda la fuerza delThe Young Lords Party.

El citado título de esa sección, «Let Me Tell You What a Poem Brings», se dirige al mainstream estadounidense. Los versos seleccionados fundan algo una y otra vez, muestran, ofrecen de manera abierta y orgullosa esta cultura nuestra siempre nueva a esa otra nación-estado que rige Estados Unidos, como una afirmación constante de identidad en los términos que impone el núcleo anglo. Eso es lo que desafían los poemas de la quinta sección, «Howling As They Came». Porque el libro Latino Poetry es ante todo la historia de una revuelta, del reclamo de la ferocidad como única tradición que se sostendría en el tiempo incluso al experimentar melancolía, pero por favor nada de nostalgia cuando no queda origen que reclamar si ya dejamos atrás el lugar lejano; lo que poseemos es nuestra decisión de vivir aquí tal como las bisabuelas de tres de cada cuatro personas del país vinieron aullando para enriquecerse en una tierra que querían creer que era nueva y suya. Nada más que una reafirmación sólida de su ahora. Eso es por lo que vinieron aullando esas bisabuelas. Por ejemplo en la denuncia del racismo constitutivo de muchas comunidades latinas trabajadoras en el experimentalismo de Raina León. O con la declaración de «The end of poetry», la arenga de Ada Limón («I am human, enough I am alone and I am desperate,/ enough of the animal saving me, enough of the high/ water, enough sorrow, enough of the air and its ease,/ I am asking you to touch me.»). O con la exigencia directa de que se termine de una buena vez el profiling de nuestra gente, después de cientos de años de persecución burocrática: «I am Sicilian today, I am Moroccan today, I am Chilean today, I am American today», según los versos del poeta californiano-peruano Farid Matuk incluidos aquí. Tal vez los únicos territorios e identidades que puedan nombrarse con certeza sean las extremidades y la cabeza y el corazón y las venas de quien lee, debo agregar.

Para esa seguridad, la última sección del volumen se titula «My Body Sang Its Undeath». Leyendo poemas de mi edad al completar, por ahora, estos anales de los visionarios de las traducciones en Turtle Island, siento que finalmente estoy parado en una nueva tierra que se renueva cada noche. Un lugar donde la equidad, la inclusión, la justicia siguieran siendo valores por los cuales cantar, vivir y morir aplaudo el criterio de Rigoberto González de ordenar los poetas alfabéticamente en esta sección para honrar nuestro buen ánimo hoy, sólo por hoy, valores que no se evaporan a través de la codicia, el miedo, el conformismo y la hipocresía mientras hablamos. Esta sección final continúa y al mismo tiempo se libera de la obsesión oposicional, siempre comparativa, de las primeras cuatro secciones de este importante volumen antológico. Pero hoy, siempre por hoy, ya sabemos que identidad es solo una etiqueta más de la industria social y la poesía, bueno la poesía es al lenguaje cotidiano, al chateo funcional, al manejo comunitario estratégico, a la inflación de noticias falsas y de eslóganes hinchados en gorras y campañas, lo que Latino, LatinX, LatinE son a vivir a la intemperie.

Como dice mucho mejor que yo un verso antologado aquí de Emmy Pérez, «Euphoria more ancient than any bow», con el extremismo de confesiones corporales y usando ninguna otra arma que nuestro organismo, los poemas al final de este ensayo coral sobre migrar a través del alto lenguaje humano se deshacen de todas las armas de la dicotomía. El objetivo es disolver las fronteras en territorios, enredarlo todoal fin tal como era antes del inglés y del español, antes de que la mera noción de lenguaje fuera algo que los humanos examináramos como un utensilio, confundir el cuerpo social con todo lo que nos rodea natural e invisible, vasto y microscópico.

El desarme de la Historia a través de la poesía en esta sección recupera todo el cuerpo de la poesía latina, como escribe Alan Peláez López en «Sick” in America»: «before the crossing our family could understand the whispers of the water». A través del desarme de la memoria, el archivo se vuelve alguien, ojalá todos. A través del desarme del lenguaje, el colonialismo se vuelve nada más un cuerpo que ocupa, en contraste con un cuerpo amado en Gaza, acorde a «Punctum / Image of an Intifada» de Carolina Ebeid, incluido aquí. A través del desarme de la identidad, el futuro es cualquier mezcla entre un nombre del pasado y el nombre de alguien que importa: «Where your hands have been are diamonds/ on my shoulders, down my back, thighs––/ I am your culebra/ I am the dirt for you», escribe Natalie Diaz en su «Postcolonial Love Poem», incluido aquí.

Desearía que esta apertura para el amor postcolonial en la última sección de Latino Poetry fuera el final de estos anales, de esta novela, de este ensayo, de esta gran antología. Pero también hay un cierre que amenaza con enviarnos de vuelta al inicio: el terror y sufrimiento que millones de personas latinas están experimentando ahora bajo el asedio del régimen. Es un cierre dirigido intencionalmente a denunciar la revictimización continua, la amenaza explícita que el antólogo oye y ve alrededor suyo, como todos los demás. El hecho de que nadie excepto la gente latina oiga y vea lo que está pasando basta para explicar cómo llegamos a esa multitud creciente e incomprensible de detenidos desaparecidos en Estados Unidos. Por eso el último poema de Latino Poetry es «El Salvador», de Javier Zamora: «Parents say: dont go; you have tattoos, It’s the law, you don’t know/ what law means here, but what do they know? We don’t».

El volumen cierra con la sangría de otro territorio destruido por administraciones demócratas y republicanas consecutivas, El Salvador, transformado en campo de concentración masivo de vigilancia de alta tecnología, armado dolorosamente con el nombre «the jail of America»; cierra con la estética lírica de la sociedad de tolerancia cero, donde la música, las imágenes, las metáforas, cualquier figura retórica ha desaparecido dentro de celdas ciegas y de tortura a cualquier desviación de la norma versos donde solamente el testimonio, la certeza de la descripción familiar y el diálogo persisten en la oscuridad. La poesía latina por estos días se ha vuelto una zona de tolerancia cero a cualquier cosa que no inspire esperanza, cuando quieren que pensemos que breathtaking solo puede tener un significado literal.

Que así sea. Por ahora. Sin embargo Latino Poetry propone, desde el comienzo de su tarea de construiruna tradición poética, una perspectiva desde la cual examinar la zona de tolerancia cero: si el idioma español y el origen latinoamericano son las únicas cosas en común que tenemos en esta literatura, la -O al final de la palabra latino es una expresión de respeto por la historia según la norma tradicional que tiene el idioma de aceptar la masculinidad como único plural posible, la única integración posible si el trauma prevalece. Cruzamos del origen traumático del asentamiento colonial a una pertenencia mítica y distante, superamos el intermedio radical de la X en latinX para revivir nuestros cuerpos atacados, finalmente cantamos una canción postcolonial popular sobre resurgimiento, sobre resurrección, ¿solo para volver al punto cero, al punto de tolerancia cero?

Nada se pierde.

Este libro es prueba de que las palabras no olvidan.

Desearía que ya nos hubiéramos puesto de acuerdo en leer este libro, Latino Poetry, como un registro impreso de que, si algo fue precioso una vez, siempre lo será y para cualquier persona. Gracias, Rigoberto González.

Portada del libro con autorización de Library of America

Carlos Labbé vive entre Machalí, Santiago, Brooklyn y Queens. Ha publicado diez novelas, entre ellas Pentagonal: incluidos tú y yo (primera novela en hipertexto latinoamericana, 2001), Libro de plumas (2004), Navidad y Matanza (2007), Locuela (2009), Piezas secretas contra el mundo (2014), La parvá (2015), Coreografías espirituales (2017), Viaje a Partagua (2021) y Riachuelo (2025), varias traducidas al inglés, turco y alemán. También es autor de las colecciones de cuentos Caracteres blancos (2010) y Cortas las pesadillas con alebrijes (2017), y del ensayo Por una pluralidad literaria chilena: el colectivo Juan Emar (2019). Formó parte de las bandas de rock pop Ex Fiesta y Tornasólidos, del colectivo Sangría Editora, y tiene cinco discos solistas disponibles en todas las plataformas. Ha sido guionista de los largometrajes Malta con huevo (2007) y El nombre (2016). Trabaja como traductor y editor bilingüe.

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Posted: December 15, 2025 at 6:43 pm

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