Essay
La creadora y el amor (in)feliz

La creadora y el amor (in)feliz

Ioana Gruia

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En el libro Autorretrato que la gran pintora Celia Paul publicó en 2019 y donde explora, entre otras cuestiones, su compleja relación con Lucian Freud, hay una frase extraordinaria, que resume la tensión que atraviesa a muchas creadoras: “Uno de los mayores desafíos que enfrenté como artista y mujer es el conflicto entre que me importe alguien, amar a alguien, y al mismo tiempo permanecer íntegramente dedicada a mi arte”. La incompatibilidad entre el amor feliz y la vocación creadora femenina es uno de los rasgos más perturbadores que atraviesa lo que podemos llamar “la novela de la artista” (novelas protagonizadas por escritoras, pintoras, cantantes, etcétera).

El dilema se plantea desde Corinne o Italia (1807) de Madame de Staël. En 1795 una mujer es coronada poeta laureada en el Capitolio, como Petrarca en 1341. Se trata de Corinne, “la mujer más célebre de Italia”, definida como un “genio” (es la primera vez que aparece en la literatura la idea de genio femenino), que antes de enamorarse de lord Nelvil vive feliz. La bondad se une en Corinne a una inteligencia afiladísima y a una clara apuesta por la literatura y el arte como garantes de una vida plena y feliz. Aunque posee también grandes cualidades morales, lord Nelvil tiene una mentalidad tradicional con respecto a las mujeres. Se pregunta si Corinne podría sacrificar su genio para amarlo. “Calle tu talento y que tu corazón sea mío”, llega a espetarle.

Esta exigencia es muy inquietante. ¿Por qué no puede Oswald aceptar la compatibilidad entre el talento arrollador de Corinne y su amor por él? Aunque lord Nelvil admita y admire con sinceridad el genio de Corinne, este mismo genio le inspira reservas a la hora de casarse con ella. El hecho de que considere que su futura mujer no debería tener un gran conocimiento de su propio corazón indica no solo que Oswald se adhiere a la mentalidad imperante, sino que teme a nivel íntimo el profundo autoconocimiento femenino. ¿Teme la lucidez de Corinne, su natural franqueza, su apabullante inteligencia y su talento arrollador? Parece que sí. ¿Por qué?

Corinne afirma algo importantísimo: que necesita “mis talentos, mi espíritu, mi imaginación para sostener el brillo de la vida que he escogido” y que amar a Oswald le “hace mal, mucho mal”. Es decir, defiende con toda claridad que ella ha elegido una forma determinada y brillante de vida (por la que, como sabremos, tuvo que batallar). Una vida que le resulta placentera y feliz, dedicada al estudio, a la literatura, a las artes y a la estimulante conversación con personas que la quieren y la admiran.

 Cuando lord Nelvil la abandona Corinne ya no puede concentrarse en su trabajo creativo, enferma y llega a morir de amor. El genio no puede proteger a Corinne, y esta es otra cuestión inquietante: ¿por qué Corinne, rica, llena de amigos, con un prestigio inmenso como creadora, que vive una vida que ha escogido libremente y también posee su gabinete de trabajo, el equivalente a lo que Woolf llamó en 1929 “una habitación propia”, no logra encontrar refugio después del alejamiento del lord Nelvil en su inteligencia, el estudio y su talento? El dilema que plantea Madame de Staël y deja en herencia a las novelas de la artista siguientes es de un calibre monumental.

En 1962 encontramos la misma incompatibilidad entre amor feliz y creación femenina en Un cuaderno dorado de Doris Lessing. Bien es verdad que en 1856 Elizabeth Barrett Browning publica Aurora Leigh, la novela en verso que la crítica definió como respuesta a Corinne o Italia y donde al final la protagonista, convertida en escritora de éxito, vive su amor por su primo Romney, cuya petición de matrimonio había rechazado años atrás por considerar que la apartaba su proyecto vital. Sin embargo, me atrevo a decir que entre las novelas de la artista Aurora Leigh es una excepción.

En Un cuaderno dorado se plantea la cuestión sumamente compleja del vínculo entre el amor y la inteligencia. La protagonista, Anna Wulf, escritora reconocida, reflexiona sobre la relación con su último amante: “Comprendí que no me podía separar de Saul, y esto me aterrorizó aún más, porque mi inteligencia me decía que aquel hombre repetía el mismo ciclo continuamente […] Cuanto mejor fuera la mujer, antes empezaba a huir él. Esto lo sabía por mi inteligencia, pero continué en la habitación a oscuras […]”. El lucidísimo análisis perfila la zozobra de la mujer artista, que comprende perfectamente una dinámica afectiva descorazonadora y al mismo tiempo no logra escapar a esta dinámica. Anna y su criatura de ficción, Ella (que a su vez escribe, aunque no se lo dice a su amante) reflexionan con excepcional agudeza sobre sus relaciones con hombres inteligentes, cultos, en algunos casos escritores, a los que se les supone una apertura mental que debería garantizar relaciones igualitarias y de respeto por la creación femenina, pero no es así.

También aparecen escenas de fagocitación de la artista: cuando Saul intenta arrebatarle a Anna el cuaderno dorado (y ella debe resistir bastante para no regalárselo) o en el muy inquietante embrión de cuento que ella apunta, donde un hombre se alimenta de la “artista, pintora o escritora” que lo ama “como si fuera una dinamo que le abasteciera de energía. Por fin emerge como artista de verdad, completo, mientras que en ella muere su personalidad artística”.

La amiga de Anna, Molly, dice que ambas son “mujeres libres” y este es también el título de la novela que escribe Anna.

¿Qué significa que una mujer sea libre? ¿Libre con respecto a qué? ¿Qué relación hay entre la libertad, la plenitud vital y artística y la felicidad amorosa? ¿Qué precio hay que pagar?

La perturbadora pregunta que planea sobre Corinne o Italia en 1807 parece seguir vigente: ¿por qué se teme íntimamente a la mujer artista? ¿Por qué pocas veces conoce en las novelas (y, ay, en la vida) el amor feliz duradero?

 

Foto de portada: Celia Paul, Self-Portrait, April 2021, 2021. Oil on canvas, 63.7 × 56.5 cm, 25 4/50 × 22 12/50 in. © Celia Paul.

 

Ioana Gruia (Bucarest, 1978) es autora de El sol en la fruta (Premio Andalucía Joven de Poesía, 2011) y de las novelas La vendedora de tiempo (2013) y El expediente Albertina (Premio Tiflos, 2016). Su último libro de poesía publicado es Carrusel (Premio Emilio Alarcos, 2016).

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Posted: May 11, 2026 at 8:51 pm

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