Venezuela del tiempo presente
Frédérique Langue
La revolución de Independencia de Venezuela constituyó el punto de partida de la formación de la nación que acompañó un relato histórico fundado en las hazañas del Libertador Simón Bolívar. Así se creó el “culto a Bolívar” que se afianzó en el siglo XIX y perduró hasta hoy. El presidente Hugo Chávez acentuó esta tendencia. De ese imaginario redentor y nueva historia oficial del tiempo presente venezolano junto a la “guerra de las memorias” que se desató en las últimas dos décadas trata este breve ensayo.
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Las memorias de Bolívar, en la Venezuela del tiempo presente
En su gran mayoría, las historias nacionales de América Latina encuentran su punto de partida en la Revolución de Independencia, en las primeras décadas del siglo XIX. De ahí la denominada “historia patria”, que recoge las hazañas de los libertadores, héroes fundadores de las jóvenes naciones que se independizaron de España. En Venezuela, la revolución de Independencia dio paso al “culto a Bolívar”, cuya memoria perduró hasta nuestros días con el Bolívar del siglo XX/XXI, Hugo Chávez.
El carismático presidente Hugo Chávez (1999-2014) acrecentó y actualizó esta tendencia marcadamente personalista, al fomentar una interpretación oficial del culto dirigida esta vez ya no en contra de España sino del “segundo imperio”, Estados Unidos. Este breve ensayo contempla la “guerra de las memorias” que se desató durante su mandato. Intenta poner de relieve ese singular proceso de reescritura de la historia, sus actores, sus principales hitos y disputas alrededor de la figura de Simón Bolívar (El Libertador), o sea los usos políticos del pasado y sus contiendas memoriales en el marco de la “República bolivariana”.[1]
Los orígenes republicanos del culto
El “culto a Bolívar” encuentra sus orígenes en la Revolución de Independencia de Venezuela (1810-1821) y en la gesta guerrera del Libertador Simón Bolívar. Después del fracaso de la Gran Colombia y de una guerra considerada una de las más violentas del continente, el culto al héroe se convirtió en una “religión republicana”. En 1842, las cenizas del héroe fueron repatriadas a Caracas (Bolívar murió en Santa Marta en 1830) y se crearon “lugares de memoria” (plazas, lugares). Ese culto “por y para el pueblo”[2] se oficializó durante el gobierno positivista de Antonio Guzmán Blanco (1870–1788). Se inició entonces la liturgia cívica con su calendario, sus desfiles, reliquias y estatuas del héroe convertido en “Dios de la Nación frente al Dios del Universo”. Cada 28 de octubre, día de San Simón, tienen lugar fiestas conmemorativas y el Libertador se convierte en la encarnación de los principios republicanos. En 1876, se trasladan sus restos desde la Catedral de Caracas hasta el recién creado Panteón Nacional. El culto bolivariano alcanzó una etapa decisiva durante la presidencia de Hugo Chávez (1999-2013). Apologeta de una “segunda Independencia”, Chávez se convertiría en el “Bolívar del siglo XX/XXI”, en un contexto continental favorable, el de las conmemoraciones del Bicentenario de las Independencias iberoamericanas en la década del 2010[3].
Conspiración y “rebelión de los ángeles”
Para entender mejor la manera como las memorias de Bolívar y el “bolivarianismo” cundieron en Venezuela en su forma más autoritaria, estrechamente vinculada al sector militar, resulta fundamental reconsiderar los orígenes del imaginario político nacional. Se remonta en efecto a la primera etapa democrática del siglo XX, con la fundación de los partidos Acción Democrática (AD, social demócrata, 1941) y COPEI (social cristiano, 1946). El segundo elemento definitorio del bolivarianismo tiene que ver con el papel del sector militar. Los intentos golpistas del año 1992, incluyendo el que protagonizó Chávez y el golpe urdido en su contra en abril de 2002, no serían sino la expresión de una secular tendencia conspirativa[4]. El movimiento bolivariano (Ejército Bolivariano Revolucionario y luego Movimiento Bolivariano Revolucionario 200), logia militar clandestina fundada por Chávez con motivo del Bicentenario del nacimiento de Bolívar, el 17 de diciembre de 1982, con juramento “bolivariano” similar al realizado por el Libertador en Roma, se deriva precisamente de esa tendencia pretoriana. A raíz del fallido, aunque muy mediatizado golpe de Estado — la “rebelión de los ángeles” quedó en las memorias colectivas (1992)—, el movimiento bolivariano fue cambiando de estrategia para llegar al poder, asociándose en adelante a componentes de la sociedad civil.[5]
Fue entonces por medio de elecciones, no de un alzamiento militar apoyado por una izquierda radical, como el Movimiento Va República (1997) y el bolivarianismo en su expresión cívico-militar, llevaron al teniente coronel H. Chávez a la Presidencia de la República (diciembre de 1998). La ruptura de abril 2002 (intento de golpe contra Chávez) desembocó en la radicalización de la Revolución bolivariana, sentando las bases del modelo estatal autoritario que culminaría con la creación del PSUV en 2008 (Partido Socialista Unificado de Venezuela) y la proclamación del “Socialismo del siglo XXI”. A partir de este momento predominaría la “fusión civil-militar” de los textos fundadores del movimiento bolivariano y la aspiración a extenderse al continente (cf. la Alianza Bolivariana para las Américas o ALBA, fundada en La Habana en 2004). En adelante, el discurso oficial coloca claramente a Hugo Chávez en la gesta de los Libertadores del continente latinoamericano y en una retórica anti-imperialista: el Bolívar de los siglos XX-XXI es el “nuevo constructor de la Patria Grande” —sueño inconcluso de Bolívar—, artesano del “destino superior de los pueblos latinoamericanos”.[6]
El discurso bolivariano de H. Chávez y las memorias contrastadas de Bolívar se derivan por lo tanto de la omnipresencia de un mito bolivariano arraigado en prácticas políticas seculares. El imaginario se vuelve redentor: se plasmó en la Constitución de 1999 que cambió la denominación del país, devenida en República Bolivariana de Venezuela.[7] Dentro de la teleología bolivariana, recordemos también que no fueron pocas las apariciones del nuevo salvador del continente con el librito azul en una mano (la Constitución bolivariana de 1999) y un crucifijo en la otra. Las memorias oficiales de Bolívar siguen marcadas sin embargo por la impronta del sector castrense, incluso el vocabulario militar utilizado por el chavismo durante las campañas electorales. Este “historicismo político bolivariano”, basado en “falsa religión” y “teleología”, ya había sido desmontado por pensadores venezolanos.
Reinterpretar el pasado: etapas bolivarianas
La instrumentalización del pasado promovida por la nueva historia oficial con visos anti-imperialistas y “bolivarianos” descansa sin lugar a dudas en la satanización del pasado —tanto de la Colonia como del periodo democrático 1958-1998 (después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez y la restauración de la democracia). Llega a desvirtuar la tradicional historiografía patria al reformular el calendario conmemorativo nacional. El 12 de octubre, día del “descubrimiento de América” se convierte en el “día de la Resistencia indígena” (decreto firmado por Chávez, 2002). Se celebra asimismo el aniversario de la rebelión popular del 27 de febrero de 1989 y del intento de golpe de Estado capitaneado por Chávez el 4 de febrero de 1992, “rebelión patriótica”, “revolución de la juventud militar”. La nueva gesta bolivariana multiplica los desfiles militares, inspira los nombres de promociones militares y otras celebraciones del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, sendas celebraciones encaminadas a “rememorar la historia de la Revolución Bolivariana”.
El manejo simbólico de la historia nacional desempeña por lo tanto un papel clave en la reescritura de la historia “bolivariana”. Así sucedió con los “símbolos patrios” (escudo y bandera), modificados en 2006 —ahora el caballo blanco mira hacia la izquierda —. Fue el punto de partida de la movilización y hasta “rebelión” de los historiadores profesionales desde la Academia Nacional de la Historia. Otro símbolo muy mencionado en los discursos y en la propaganda fue la espada de Bolívar: “camina por América”, confortando el mito del salvador de la nación y “Bolívar del siglo XXI”. Otra notable etapa en la conformación de la historia oficial es la creación por decreto presidencial del Centro Nacional de la Historia (18 de octubre de 2007), promotor de una “historia insurgente” por medio de una publicación titulada Memorias de Venezuela, “instrumento para la estrategia rememorizadora”. La “guerra de las memorias” incluye una comisión presidencial encargada de comprobar las causas de la muerte del héroe, “asesinado por oligarcas venezolanos y colombianos”[8], en realidad con el fin de denunciar las conspiraciones del “imperio” en contra del Bolívar del siglo XXI.
La siguiente etapa del enfrentamiento memorial entre partidarios del régimen e historiadores críticos fue la transferencia de los archivos del Libertador Simón Bolívar y del Precursor Francisco de Miranda desde la Academia Nacional de la Historia al Archivo Nacional de la Nación (10/6/2010). La exhumación de los restos de Bolívar “con fines científicos” el 16 de julio de 2010 consagra la identificación entre el Bolívar de ayer y el Bolívar del presente. Coincidió con el natalicio de Bolívar y permitió retomar la interpretación del “asesinato” del Libertador divulgada por un presidente enfermo que aspiraba a salvarse. La reescritura de la historia culminaría< con el nuevo retrato de Bolívar, realizado a petición del Comandante antes de su muerte (2013). En el retrato digital presentado en acto oficial en 2012, el aristócrata blanco se convierte en un mestizo de piel oscura y cabello rizado.
De la actuación del “comandante supremo” en el área de la historia se recordará por lo tanto no sólo su interpretación de la vida de Bolívar, sino también el manejo de las emociones (odio, resentimiento, venganza) que contribuyó a que el bolivarianismo del siglo XXI desembocara para la posteridad en una memoria fundamentalmente negativa. En contraste con hechos históricos debidamente comprobados, las memorias bolivarianas no son la expresión de una sociedad democrática o de una cultura popular —como fue el caso en los inicios del culto a Bolívar en el siglo XIX—, sino un factor de división en una sociedad civil ya de por sí muy polarizada.
Recursos digitales
Centro Nacional de la Historia, https://www.cnh.gob.ve
Academia Nacional de la Historia, https://www.anhvenezuela.org.ve
[1] Langue, Frédérique, “La Independencia de Venezuela. Una historia mitificada y un paradigma heroico”, Anuario de Estudios Americanos, 66, n°2 (2009): 245-276.2
[2] Carrera Damas, Germán, El Culto a Bolívar (Caracas: Grijalbo, 1989).
[3] Pino Iturrieta, Elías, El divino Bolívar. Ensayo sobre una religión republicana (Madrid: Catarata, 2003). Langue, Frédérique, “Bolivarianismos de papel”, Revista de Indias, n°270 (2017): 357-378.
[4] Domingo Irwin, Relaciones civiles-militares en el siglo XX, Caracas, El Centauro ediciones, 2000.
[5] Zago, Angela, La rebelión de los ángeles (Caracas: Warp Ed., 1998).
[6] Hugo Chávez: el destino superior de los pueblos latinoamericanos: conversaciones con Heinz Dieterich (Caracas: Alcaldía de Caracas, 2004).
[7] Quintero, Inés, “Un nuevo nombre para Venezuela: la creación de la República Bolivariana”, Boletín de la Academia Nacional de la Historia, n°421 (2023): 9-61
[8] Straka, Tomás, “Hartos de Bolívar. La rebelión de los historiadores contra el culto fundacional”, Boletín de la Academia de la Historia, n°365 (2009), 51-92.
Frédérique Langue. Directora de Investigación en el CNRS, adjunta al Instituto de Historia del Tiempo Presente. Historiador e hispanista, Doctora en Historia (París 1), se especializa en la historia del tiempo presente y su escritura en los mundos ibéricos, en particular en Venezuela. Coordina el International Research Network Inshs “Historia del tiempo presente, memoria y emociones en América Latina y España” (2022-2026).
Posted: October 3, 2025 at 11:07 pm







