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Para entender el Premio Aena
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Para entender el Premio Aena

Adriana Pacheco

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El 8 de abril en Madrid se darán los resultados de la primera emisión del Premio Aena de Narrativa. Seguramente será un día de gran felicidad para quien reciba €1,000,000 netos, de acuerdo con el anuncio del premio. Esto es, sin lugar a duda, un gran reconocimiento para los libros de los 5 finalistas: Ahora y en la hora, de Héctor Abad Faciolince (Colombia). Ed. Alfaguara, Marciano, de Nona Fernández (Chile). Ed. Penguin Random House, Los ilusionistas, de Marcos Giralt Torrente (España). Ed. Anagrama, El buen mal, de Samanta Schweblin (Argentina). Ed. Seix Barral y Canon de cámara oscura, de Enrique Vila-Matas (España). Ed. Seix Barral. Todos los nominados recibirán €30,000 euros, además de las regalías por las ventas de sus libros que Aena comprará para distribuir entre sus empleados y bibliotecas en donde operan sus aeropuertos. En la nómina de los finalistas están los nombres de dos grandes escritoras, una argentina, Samanta Schweblin y una chilena, Nona Fernández, Rosa Montero es la presidenta del primer jurado, otra escritora de gran seriedad, carrera y profesionalismo.

De acuerdo con la descripción de la página web de Aena, invertirán 2.4 millones de euros en un premio que busca “impulsar la creación literaria, fomentar la lectura y fortalecer el vínculo entre la literatura y la sociedad”. Aena SME, S. A. es el mayor operador aeroportuario español del mundo, por número de pasajeros —en 2025 movió 380 millones de personas— y administra 46 aeropuertos en España, 17 en Brasil y otros en México y Colombia. Aunque cotiza en la bolsa, el 51% de su capital proviene de Enaire, empresa pública que depende del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible.

El monto del premio, que ha sorprendido a tantos, iguala al Premio Nobel de literatura que otorga casi un millón de dólares, pero que, en 1901, cuando fue fundado, su primer ganador, el poeta y filósofo francés Sully Prudhomme recibió 150.000 coronas suecas.

Iguala también a otro premio español que viene de un grupo editorial, el Premio Planeta, fundado en 1952 por José Manuel Lara Hernández, cuyo primer ganador recibió 40.000 pesetas.

Y como cuando un premio literario aparece es inevitable hacer una comparación con los ya existentes, hago acá una pequeña revisión. El Premio Aena supera al prestigiado galardón que da el Swedish Arts Council, el Astrid Lindgren Memorial Award, con un monto de €450.000 y que se otorga a autores para literatura infantil, que tiene un programa enfocado en reconocer a ilustradores, narradores orales y promotores de lectura que trabajan para promover el derecho de los niños a leer y las iniciativas sostenibles para hacerles llegar libros. Rebasa por mucho al Premio Cervantes, el de más reconocimiento de la lengua española, fundado en 1975 y que da €125.000; al Carlos Fuentes que otorga la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con un monto de alrededor de €200.000; al Alfaguara de Novela, con unos €175.000; al The Windham-Campbell Literature Prize por Yale University con $175.000 USD. Rebasa al Premio Nadal, el más antiguo de España, fundado en 1944 por la revista Destino de Barcelona, cuyo primer premio de 5.000 pesetas lo recibió Carmen Laforet por su libro Nada y que hoy da €175.000. Lo mismo sucede con el Dublin Literary Award por el Gobierno de Dublin y el International IMPAC Dublin Literary Award, con un monto de unos $108,000.

De los premios de literatura que dan menos de cien mil euros hay varios de gran prestigio, todos ellos otorgados por instituciones privadas fundadas con dinero de filántropos como el International Booker Prize, con donaciones de Sir Michael Moritz y Harriet Heyman y la Booker Prize Foundation de £50.000; y aquellos establecidos por universidades como el caso del Pultizer Prize for Ficción de Columbia University, cuyo ganador recibe $15,000 USD.

Esta lista podría parecer ociosa o verse como una oportunidad para descalificar al premio que fue anunciado por primera vez en 26 febrero de este año y cuyo ganador se dará a conocer el 8 abril. Sin embargo, la intención no es esa sino es tratar de comprender la naturaleza de un premio que instaura una empresa aeroportuaria con recursos gubernamentales, y se convierte desde el inicio, en uno de los tres galardones más generosos del mundo para la literatura, además premiando a tres partes: el o la ganadora con el millón de euros, los finalistas, con 30.000 euros y las editoriales que publicaron dichos libros y a las que se les compraran ejemplares por un monto de casi otro millón de euros.

Muchas son las preguntas que surgen, como se ha visto ya en diversos medios y que, a mi criterio, no ensombrecen la buena noticia de que se reconozca y se dé lugar a la literatura. Sin embargo, sí me hace reflexionar sobre la falta de diversidad en las editoriales atrás de los libros, todas grandes, ninguna independiente. Pienso en el poder del dinero para constituirse como una autoridad cultural, para otorgar visibilidad a los y las autoras. Me hace pensar qué es lo que en realidad definirá al Premio Aena, en contraste con otros premios que se han definido por su prestigio cultural o que abiertamente sabemos que buscan impulsar los libros y autores de sus sellos editoriales.

Un premio que aún no ha ganado una legitimación cultural, como el caso de todos los que he citado anteriormente, otorga tantos recursos desde su inicio y no lo hace de manera gradual. Esta quizá no es la mejor administración de los recursos que provienen de los impuestos de los contribuyentes. Sería bueno saber o entender el criterio que se usó para lanzar un premio de esa naturaleza con un galardón tan alto. La legitimidad de un premio depende de los varios actores del campo, no puede venir exclusivamente del capital económico que lo abala.

Un premio se legitima por los miembros que conforman el jurado, escritores y escritoras, críticos, editores, periodistas, todos son agentes que consolidan la tradición e historia de la institución que lo establece y lo financia. En el caso del Aena no podía haber contado con un mejor jurado presidido por Rosa Montero e integrado por Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, Leila Guerriero, José Carlos Llop, Elmer Mendoza, Jesús Ga. Calero, Serio Vila-Sanjuán. Yo, misma como jurado del Premio José Donoso y en la oportunidad que me ha dado Hablemos, escritoras de entrevistar o conversar con jurados de otros premios importantes, sé de la responsabilidad de debatir a puerta cerrada sobre quién será el ganador de un premio que le dé además de reconocimiento, un lugar en una de las industrias más complejas del mundo: la de los libros. Esa responsabilidad es aún mayor cuando el premio involucra una retribución económica que puede, sin lugar a duda, marcar la vida del ganador.

La responsabilidad de quienes instituyen un premio es grande. Requiere de una visión, una misión, un destinatario, la certeza de una continuidad, de lograr una legitimación para el premio, no sólo en el campo de las letras, sino que en el mundo. Se trata también de una pregunta de legitimidad. En el caso del Aena, que busca constituirse como mecenas de la literatura, la alianza con la Cátedra Vargas Llosa y la Fundación Gabo, habla de un esfuerzo de trabajo conjunto, pero también de una búsqueda de esa legitimación. Claro está, que algunos dirán que muchos de los fondos que han financiado a otros premios literarios no vienen del mundo de las letras, sino de dinero de la iniciativa privada y los grandes capitales. Se podría citar por ejemplo el caso del Premio Nobel, pero tendríamos que recordar que Alfred Nobel no fue nada más un empresario que hizo su fortuna haciendo dinamita, sino que él mismo fue un hombre de ciencia, un inventor.

El mandato del Premio Aena, además de premiar a una obra de narrativa, dice que hará una inversión adicional de un millón de euros para la compra y donación de libros a sus empleados y a las instituciones y administraciones de ciudades en las que Aena tiene aeropuertos, para que lleguen a escuelas y bibliotecas. Esta donación masiva de libros en España y a distintos países del mundo de habla hispana, me hace pensar en el programa “25 para el 25” que se dio en México el año pasado, en donde se obsequiaron 2.5 millones de libros en 14 países de Latinoamérica. Estos esfuerzos por aumentar la lectura del español mediante el regalo de libros hablan tal vez de una conciencia de los bajos niveles de educación que hay en nuestros países, pero cuya eficacia se han cuestionado mucho por no tener programas de alfabetización y fomento a la lectura, así como seguimiento o mediciones del impacto que estas donaciones tienen realmente en la comunidad.

Respecto a esto, la adquisición de los libros finalistas al premio lleva a que las editoriales: Alfaguara, Penguin Random, Anagrama y Seix Barral —ya que en el caso de esta nómina se repite una de ellas— recibirán un ingreso masivo que beneficiará tanto al autor con las regalías, como a las editoriales. Este incentivo tal vez hará que ahora las editoriales pondrán aún más atención en promover los libros de los escritores que tengan posibilidades de competir en las siguientes emisiones del premio, para hacerlos aún más visibles para futuros jurados.

Pienso en lo que los mismos finalistas del premio han dicho, como Enrique Vila-Matas en su libro Esta bruma insensata y en cómo se ha distanciado de las exigencias del mercado editorial capitalista. Lo mismo sucede con Marcos Giralt Torrente y los otros escritores de esta nómina que se han destacado por su visión crítica del mercado y sobre qué es lo que en realidad mueve a la literatura.

La llegada del Premio Aena debe levantar otras preguntas, especialmente en la industria del libro en España y entre los españoles. Si viene para marcar un rumbo nuevo de la literatura, es importante que se consolide, se legitime, se afiance en el tiempo, pero que piense si no hay otras formas, además de sí premiar a los escritores generosamente, en utilizar parte de esos recursos para equipar bibliotecas, hacer cursos de lectura y alfabetización en las calles, centro comunitarios o prisiones, que en verdad impacte a los 630 millones de personas que hablan español en todo el mundo, o apoyar a la traducción de libros del español a otros idiomas para lograr la proyección internacional de la que habla la convocatoria del premio. Lo que es un hecho es que 2.4 millones de euros es mucho dinero.

 

Adriana Pacheco , PhD. es investigadora y es escritora. Fundadora del Proyecto Escritoras Mexicanas Contemporáneas y la fundadora y conductora de la página web y podcast Hablemos, Escritoras. Es coordinadora de los libros Romper con la palabra, violencia y género en la obra de escritoras mexicanas contemporáneas y Rompiendo de otras maneras, cineastas, periodistas, dramaturgas y performers. Es investigadora afiliada de LLILAS, University of Texas, Austin, miembro del Advisory Board del Texas Book Festival y fue miembro y presidente del International Board of Advisors en la Universidad de Texas, Austin. Su Twitter es @adrianaXIX_XXI

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Posted: April 6, 2026 at 8:37 pm

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