Arqueología del futuro
Adolfo Castañón
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• Kyra Galván: Las mansiones de Zatar (México, FCE, Col. Popular 994, 2025, 236 pp.)
Zatar es el nombre de un condimento árabe que acaso inspiró el título de Las mansiones de Zatar. Es un preparado compuesto de tomillo, hinojo, ajonjolí y comino, muy común en la cultura de Medio oriente y su existencia de hecho se remonta a la antigüedad, cuando se abrió la tumba del faraón Tutankamón encontraron algunos restos de esta mezcla.
La novela fabula en su trama la inteligencia artificial, representada por un perro guardián que es en una suerte de robot archidotado, los videojuegos, la vida marcada por el amor y el desamor de la protagonista, que es una bióloga renombrada, llamada Liliana, avasallada por el suicidio de su hijo. En el paisaje de fondo aparece el narcotráfico, una mafia perversa que inventa un juego adictivo y siniestro que da título a la novela (cabe decir que este mercado de los videojuegos es una industria creciente y, hasta cierto punto, peligrosa). La narración se desarrolla en un México mutilado que da lugar a la creación de un espacio territorial llamado “Téxico”, y a la invención de una alta burocracia capaz de arrinconar a los seres humanos y someterlos a tratamientos para redimirlos de la depresión…
Esta sinopsis no logra dar cuenta cabal de la fuerza y agilidad narrativa de la narración que participa de la novela policiaca y de la ciencia ficción. Está recorrida en el trasfondo y en el subsuelo por el duelo y por la esperanza, la conciencia inteligente que no desdeña los debates teológicos en torno al sentido de la creación, Dios, el sentido, el conocimiento, y desde luego, la inteligencia artificial.
En medio de todo eso destaca la graciosa figura de la mascota robot “Dagaz” que es el perro que el gobierno del hipotético Téxico le ha asignado a Liliana Spert para que la cuide, y que está a su vez tutelado por una misteriosa Señorita Udanga. Los motivos del duelo y del imperativo de vivir se desplazan en el tablero de la novela armando un juego en el cual se dibuja el amor y la compasión, la amistad. Aunque la poesía campea por toda la narración, solamente aparece al final en la cita, primero de unos versos del Soneto XXIV de Shakespeare, y luego, de un fragmento de Muerte sin fin de José Gorostiza, que expresan su sentir:
Shakespeare:
Mi ojo ha jugado a ser pintor
y ha impreso tu belleza
en el lienzo de mi corazón.
Mi cuerpo es el marco que lo sostiene,
Y la perspectiva es el mejor arte del pintor.
Gorostiza:
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí —ahíto— me descubro
en la imagen atónita del agua.
El motivo del agua aparece desde la primera página, asociado a la felicidad: “el pensamiento de que su elemento preferido siempre había sido el agua. Ella lo supo desde su temprana infancia. Sus momentos más felices los había pasado sumergida en ella: en el mar, en los ríos, en las piscinas. Debajo del agua el silencio era proverbial. El agua dejaba penetrar la luz pero no el sonido; era como estar en un lugar acorazado pero fluido; protegido pero sin sentirse preso; consciente, pero viviendo en un mundo sin gravedad, donde se podía flotar con libertad absoluta, sin la pesadez fastidiosa del cuerpo y permaneciendo lejos del mundanal ruido, un mundo acuoso donde se podía encontrar la paz y los pensamientos fluían sin estorbo alguno. En pocas palabras, un estado ideal.” (pp. 13-14).
La función terapéutica de la poesía es la clave que permite romper el laberinto que anuda Las mansiones de Zatar. Kyra Galván logra dar vida y rostro en esta fábula a un perro que es un robot y cuya “conciencia” pierde en el camino de la narración las comillas que lo arrinconan en el andamiaje de la Inteligencia Artificial y lo humanizan peligrosamente. Cabe recordar que Kyra Galván es autora de un pequeño libro de poesía para niños titulado Transmutaciones (2016), en el que se incluyen textos de Tennyson, Walter de la Mare, Carl Sandburg, Christina Rossetti, William Wordsworth, W.H. Auden, Maya Angelou, William Carlos Williams y Ezra Pound, entre otros.
Más allá de su bien construida trama, Kyra Galván pone sobre el pizarrón muchos de los conflictos que nos mantienen hipnotizados.
Desde ahora los platillos sazonados con Zatar tendrán para mí un sabor diferente. No es extraño que la novela haya llamado la atención del periodista Ariel Ruiz quien la entrevistó recientemente: “¿Sueñan los humanos con perros eléctricos?” (https://revistareplicante.com/suenan-los-humanos-con-perros-electricos/).
Adolfo Castañón es poeta, traductor y ensayista. Es autor de más de 30 volúmenes. Los más recientes de ellos son Tránsito de Octavio Paz (2014) y Por el país de Montaigne (2015), ambos publicados por El Colegio de México. Premio Xavier Villaurrutia 2008, Premio Alfonso Reyes 2018 y Premio Nacional de Artes y Literatura 2020. Creador Emérito perteneciente al SNCA. Twitter: @avecesprosa
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Posted: September 10, 2025 at 11:08 am







