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Vegetarianismo desde el púlpito: William Cowherd (1763-1816)
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Vegetarianismo desde el púlpito: William Cowherd (1763-1816)

Alba Lara

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Si el nombre del protagonista de nuestro comehierbas de hoy, William Cowherd, se lo hubiera puesto a un personaje un escritor, tacharíamos la elección de maliciosa e inverosímil. ¿Cómo creer que uno de los apologistas más feroces de la dieta vegetariana en la Inglaterra de principios del siglo XIX iba a apellidarse Cowherd, literalmente, “Pastor de vacas” o, en traducción más castiza, “Vaquero”? La realidad a veces se permite ironías y crueldades que no caben en la ficción.

Pero lo cierto es que William Cowherd sí fue pastor; no de ganado, sino de almas protestantes. Comenzó su carrera en la iglesia anglicana, pero, convencido de que la alimentación carnívora era perjudicial tanto para la salud del cuerpo como para la del espíritu, llegó a fundar su propia Iglesia: la Bible Christian Church. Andando el tiempo, los líderes de esta Iglesia jugarían un papel decisivo en la creación y administración de una de las instituciones laicas más importantes para el desarrollo y la propagación del vegetarianismo en el mundo anglosajón: la Sociedad Vegetariana de Gran Bretaña.

La Bible Christian Church de Cowherd surgió como una escisión de una escisión, como un cisma de un cisma, en un mundo protestante, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, donde la fundación de nuevas corrientes religiosas estaba a la orden del día. De familia anglicana, Cowherd se formó para hacerse ministro dentro de esa Iglesia. Inició su carrera como ayudante del vicario John Clowes, que era ya un anglicano heterodoxo que, en realidad, seguía las ideas del místico sueco Swedenborg, pero nunca se desvinculó del anglicanismo. Más radical que su maestro, Cowherd se cambió de religión y en 1800 empezó a predicar en un templo de la Nueva Iglesia, que así se llamaba la secta fundada por Swedenborg. Pero ahí tampoco estuvo cómodo mucho tiempo. A pesar de que se consideró siempre el más swedenborgista de los swedenborgistas, se separó de ellos en 1808 por desacuerdos doctrinales y prácticos, entre ellos, la obligación de seguir una dieta vegetariana. Para entonces, Cowherd se había ganado la confianza de un buen número tanto de feligreses como de pastores que lo siguieron en su segundo cisma: la fundación de la Bible Christian Church en Salford en 1809, cuyas marcas distintivas fueron el vegetarianismo y la abstinencia de alcohol, una austeridad alimentaria que les granjeó a los cowherditas el apodo de “comedores de pudding”. Dos años después de su fundación, la Bible Christian Church tenía cinco congregaciones: Salford, Hulme, Ancoats, Stockport y Filadelfia (Estados Unidos).

Al tiempo que sus empresas evangélicas avanzaban, Cowherd dio pábilo a sus intereses humanísticos: fundó una Escuela de Gramática y una Academia de Ciencias; montó un observatorio astronómico en el tejado de su capilla; experimentó con la química y la medicina. Cowherd creía que la ciencia y la religión debían coexistir armónicamente y apostaba por una lectura de la Biblia en sintonía con los descubrimientos científicos. Por eso, se dedicó a escribir un comentario bíblico en el que hacía casar el relato cristiano con explicaciones científicas extraídas de los trabajos de Darwin (padre), Newton, Kepler, Humboldt y otros científicos y viajeros de la época. Este comentario llegó a tener cientos de páginas y fue publicado póstumamente con el título de Facts Authentic in Science and Religion: Designed to Illustrate a New Translation of the Bible. En el prólogo, Cowherd declara su racionalismo: “Teniendo la Biblia en nuestras manos, debemos examinarla por nosotros mismos y no confiar en los comentarios previos, vengan de quien vengan”.

Como no podía ser de otra manera, Cowherd dedica una extensa sección de Facts Authentic a explicar por qué la dieta vegetariana es la más natural y adecuada para la salud del ser humano. La introducción de la dieta carnívora tuvo lugar solo después de la Caída y, por tanto, está directamente vinculada con la decadencia moral, física e intelectual de nuestra especie, arguye. Pero, además, recopila información acerca de alimentos vegetales que pueden servir para el mantenimiento humano (es especialmente fanático del plátano y del arroz) y aduce ejemplos de gentes que han subsistido exitosamente con dietas vegetarianas: los brahmanes y filósofos indios; los brasileños antes de ser perturbados por el colonialismo europeo; en gran medida, los japoneses; los cristianos sirios; los nativos de Sierra Leona; los habitantes del Alto Egipto…  El credo cowherdita se resume en esta cita del botánico francés Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre incluida en el libro: “Las naciones que viven de la dieta vegetal son, de entre todos los hombres, los más hermosos, los más robustos, los menos expuestos a las enfermedades y las pasiones violentas y los más longevos”.

Cowherd dejó sus principios vegetarianos también en verso. El libro de himnos de su Iglesia contiene al menos dos que se refieren a este tema. El que traduzco a continuación, por ejemplo, recuerda un poco a los poemas de al-Ma’arri, aunque con más fanatismo y menos poesía:

¡Comedores de carne! ¿Podéis despreciar
nuestra comida y nuestras sagradas leyes?
¿Alguna vez, al ver morir al cordero,
os habéis sentido la causa?

¡Mirad! ¡Forcejea! Escuchadlo gemir
ya estirado bajo el cuchillo:
¡Su ojo derretiría un corazón de piedra!
¡Con qué mansedumbre ruega por su vida!

Si Dios hubiera diseñado su carne,
madurada por la muerte, para el hombre,
nos la hubiera entregado en bruto, sin vida,
como la fruta madura.

¡Detente, hombre osado! ¡Aléjate del asesinato!
Dios es la vida en todo.
¡Hieres a Dios! El sacrificio de la carne,
¿puede acaso ser un crimen menor?

La personalidad de Cowherd parece haber sido tremendamente magnética y puritana. En 1811, se propuso traducir las obras completas de Emanuel Swedenborg y hacer una edición barata de las mismas. Para acometer dicha tarea, buscó la complicidad del acérrimo swedenborgista Robert Hindmarsh. Este aceptó la invitación y convivió con Cowherd unos meses hasta que se cansó de la arrogancia de su anfitrión. Muchos años después, ya jubilado, Hindmarsh escribió una historia de la Nueva Iglesia, The Rise and Progress of the New Jerusalem Church, y pintó un retrato negativo de Cowherd. Lo acusó de tener tendencia al extremismo, de adoptar sentimientos de complexión extravagante, de tener complejo mesiánico y de ser intransigente y mezquino. Hindmarsh relata que Cowherd le confesó más de una vez creerse “el más grande y extraordinario de todos los hombres vivos”, que había recibido revelaciones directamente de Dios y que sus ideas serían apreciadas por los hombres buenos y sabios de todas las naciones del futuro.

Hindmarsh también critica la ferocidad con la que Cowherd defendía el vegetarianismo. Según el autor de Rise and Progress, Cowherd hizo la observancia de la dieta vegetariana condición indispensable para formar parte de su Iglesia y, en varias ocasiones, excomulgó sin piedad a algunos miembros que, por problemas de salud o constitución, no podían cambiar su dieta de la noche a la mañana. El rigor y sadismo de Cowherd eran tales que parecía hallar placer en las faltas de sus seguidores. Hindmarsh nos cuenta que, examinando la conciencia de una mujer que confesó seguir los preceptos alimentarios de la Iglesia excepto “un poco de caldo de cordero y un arenque de vez en cuando”, a Cowherd se le dibujó una sonrisa en la cara al anunciar que tanto ella como su caldo de cordero y su arenque quedaban excomulgados para siempre.

El propio Hindmarsh sufrió la malicia de Cowherd cuando este lo invitó a cenar una vez. La mesa era un festín de verduras; había solo una pequeña pieza de carne para aquellos, diría el anfitrión “de propensión voraz”. Mientras todos comían distraídos, Cowherd tomó la palabra para explicar la pequeña cantidad de carne: como solo había dos bestias salvajes en la mesa, esperaba que hubiera suficiente para ambas. Las dos bestias a las que se refería Cowherd eran Hindmarsh y el gato de la casa, que acababa de subirse a la mesa para reclamar su parte.

William Cowherd murió en Salford en 1816. La Bible Christian Church no duró mucho después de su muerte, aunque sus discípulos a uno y otro lado del Atlántico tendrían un papel insustituible en la fundación de las sociedades vegetarianas de Inglaterra y de Estados Unidos. No se casó nunca. En su tumba, ya cubierta por el paso del tiempo y las reformas urbanísticas, hizo que se inscribiera un epitafio: “Todos lo temieron; ninguno lo amó; solo unos pocos lo entendieron”.

Foto de Andy Goldsby en Unsplash

Alba Lara Granero (El Pedernoso, 1988) es escritora y filóloga. Graduada del MFA en escritura creativa de la Universidad de Iowa, sus ensayos han sido publicados en Iowa Literaria, El País, El Estado Mental y Literal entre otras revistas. Actualmente es candidata a doctora por Brown University. Twitter: @a_laragranero

 

 

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Posted: October 1, 2026 at 7:52 pm

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