Essay
Visiones y audiciones: de duendes y fantasmas

Visiones y audiciones: de duendes y fantasmas

Angelina Muñiz-Huberman

A veces pienso que hay un duende en mi casa. O un fantasma. Porque veo y oigo cosas que no son. Si duende, esas figuras saltarinas que pasan a mi lado. Si fantasma, esos ruidos que me sobresaltan como cadenas arrastradas.

Visiones y audiciones.

Lo que se cree ver y oír.

¿Se cree o es así?

Empezaré por ver. (O sea que antes no veía.) En el diccionario aparecen más de veinte acepciones, más las frases hechas. Hay tantos tipos de visiones: central, periférica, estereoscópica, diurna, nocturna, verdadera, imaginaria, deseada, indeseada, amplia, estrecha, colorida, blanquinegra, fija, movediza, miope, 20/20, y/o, interrogadora, afirmadora, adjetivada, verbalizada, acompañada, solitaria, silenciosa, ruidosa, callada, estruendosa, altanera, humilde, única, múltiple, mística, terrenal. Y pare de contar.

Ver. Ver. Ver.

¿Para qué ver?

A veces es mejor no ver.

Pero nos gusta tanto ver.

Menos cuando no nos gusta.

Según Aristóteles es el mejor de los sentidos. Nos encanta. Se nos apetece. Vemos por todas partes. Nos rodea. La televisión, el cine, el celular. Pantallas a diestra y siniestra. El juego de niños: “Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita. ¿Con qué letrita empieza?”

Pero hay otras maneras de percibir la realidad. Por ejemplo, oír. Un sonido te dice de qué se trata. Aprendes a distinguir esos sonidos. Están dentro y fuera. Los hay de todo tipo. Los de la naturaleza: canto de pájaro, la lluvia en la ventana, el granizo, las olas del mar, el viento entre las ramas. Los humanos: risas, carcajadas, llantos.  Los artificiales: la sirena de las patrullas o de las ambulancias, los ruidos de las construcciones, de los aviones volando, los timbres, los teléfonos. Los musicales: de percusión, de viento, de alientos, de cuerdas.

Esos son los reales. Pero hay también visiones y audiciones imaginarias, inventadas, supuestas. Que no sabes si existen o no. Pero que suceden en todo momento y situación. O eso crees. Dan carta de naturaleza a lo que no puede comprobarse y que aparece cuando menos lo esperas. No creo en la parapsicología, así que no va por ahí la cosa, querido lector. Más bien creo en la duendelogía, que me la he inventado. Pero si creo ver lo que veo es que un duende ronda por la casa.

A veces desaparece algo importante: las llaves, los anteojos, el periódico que estaba leyendo. Me dedico a buscar donde creo que estaban por última vez. Y nada. Paso a otras habitaciones. Y nada. Luego sigo con lugares absurdos: a lo mejor están en el refrigerador o en lo alto de un librero, o debajo de la cama. ¿Por qué esos lugares? Y ahí interviene el duende: es la única explicación de lo que ha desaparecido. La cosa se complica si lo desaparecido aparece en uno de esos lugares que ya había revisado. No puede ser, si lo había revisado con todo cuidado. Luego fue el duende que se divierte a mi costa.

El fantasma actúa de manera diferente, le gusta lo tétrico, lo desalmado, lo estridente. Tal vez sea un discípulo del de Canterville lo cual no me agrada. El caso es que está relacionado con lo que oigo. Siempre estoy oyendo cosas que no están a mi lado. Que maúlla mi gatita que se murió. Que me llama alguien que no está en la casa. Que oigo a través de las paredes y sé cuándo entra o sale mi vecina por el taconeo de sus zapatos y nunca lo compruebo porque debería abrir la puerta para estar segura. Que alguien discute en el piso de arriba, pero tampoco me atrevo a comprobarlo. Que suena el teléfono y si lo descuelgo no me contesta nadie. Que oigo una melodía y no sé si es lejos de mí o está en mi cabeza. Que oigo pasos y no hay nadie en la casa. Dudo de todos los sonidos y no hay manera de saberlo con certeza. Y me pregunto, para qué quiero saberlo con certeza, debe ser un fantasma que quiere aturdirme. Es la única explicación. Por lo menos este fantasma me hace recordar lo que no es o lo que ya no existe. Algo es algo. Creo que hay alucinaciones auditivas.

Las visiones, sobre todo de reojo, no sé si  atribuirlo al duende o al fantasma. O se lo reparten entre los dos. O es mi deseo. Por ejemplo, estoy escribiendo esto mismo y, por la puerta abierta, veo pasar a mi gatita. Volteo la cabeza rápidamente y ya no está. O a la hora de comer se pone a mi lado y, lo mismo, se me escapa. O, al dormir, la siento acurrucada junto a mí, como solía hacerlo, enciendo la luz y hay un vacío. Así que ver es no ver por una fracción de tiempo. Se complica con el sonido y es un espejismo sonoro.

Creo que por eso nacen los mitos y las leyendas. Por todo lo inexplicable que es nuestro mundo. Por esa división entre material e inmaterial que se nos entreteje. Por esa infinitud de preguntas que llevan a más preguntas y siempre se nos queda la última. Por más que acudamos a la ciencia para entender siempre hay un más allá. Y no nos conformamos. Y ese más allá nos lleva a la muerte y nos rebelamos por ese fin. Entonces inventamos mitos y leyendas, religiones, reglas, sociedades y lo que está bien y lo que está mal.

Todo es invento y así nos tranquilizamos y visiones y audiciones nos ayudan, nos consuelan. Nos dicen hasta aquí llegamos.

La imaginación es real.

Es poesía pura.

Es absolutamente necesaria.

Visiones y audiciones.

 

Muñiz Huberman es autora de más de 50 libros. Ha ganado el Premio Xavier Villaurrutia ,  el Premio Sor Juana Inés de la Cruz el Premio José Fuentes Mares, Magda Donato, Woman of Valor Award, Manuel Levinsky, Universidad Nacional de México, Protagonista de la Literatura Mexicana, Orden de Isabel la Católica, Premio Nacional de Lingüística y Literatura 2018, entre otros.

 

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Posted: March 13, 2022 at 7:02 pm

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