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De un lado para otro: Quiltras, de Arelis Uribe

De un lado para otro: Quiltras, de Arelis Uribe

Alba Lara Granero

De un lado para otro: Quiltras, de Arelis Uribe

Quiltras, de Arelis Uribe. Los libros de la Mujer Rota, Santiago de Chile, 2016. 88 pp // Tránsito (con prólogo de Gabriela Wiener), 2019, 108 pp.

Tengo esta regla: si en el título de un libro me encuentro con una palabra que desconozco, no la busco en el diccionario. Confío en que el texto me la va a enseñar y la va a grabar en mi cerebro y en mi corazón con un hierro candente. Si no ocurre así, mal: o bien he abandonado el libro antes de despejar la incógnita, o bien el libro me ha abandonado a mí. En mi caso, no hay otra opción: el aprendizaje nace de las heridas o del amor (qué estúpido oponer esos términos). El significado de “quiltras” no se me va a olvidar en la vida.

Descubrí el libro de Arelis Uribe (Santiago de Chile, 1987) porque se ha armado revuelo en mis redes con la edición española que acaba de publicar la editorial Tránsito. Había corazones por todas partes, mis amigas se habían enamorado y yo, en Estados Unidos, no podía ir corriendo a comprar el libro. Me costó un poco más conseguirlo, pero me llegó. El ejemplar que recibí, sin embargo, no era el de la edición española, sino un también muy hermoso librito de portada amarilla que imitaba la tapa de una cartilla escolar para niñas. Era la primera edición, publicada por Los libros de la Mujer Rota en Chile en 2016.

Quiltras está formado por siete cuentos breves y ganó en su día el Premio del Ministerio de Cultura de Chile al Mejor Libro de Cuentos del Año. Y no me extraña lo más mínimo. En cuanto leí la primera página del primer relato, “Ciudad desconocida”, levanté la cabeza entusiasmada para decirle a una amiga que estaba por ahí también, hastiada, leyendo una obra alfamachista que le daba dolor de cabeza, esto: “Camila, voy a amar este libro, después te lo presto”.

¿Por qué ese enamoramiento tan rápido? ¿Por qué esa convicción de que lo que iba a leer después iba a ser bueno? Por el lenguaje. Uribe usa las palabras con cuidado, como si fueran frágiles, pero no del tipo mírame y no me toques de las estatuillas de porcelana, sino como si fueran órganos que trasplantar a un cuerpo necesitado de ellos. El estilo de estos cuentos es tierno y delicado, y ya sabemos que esto no es ningún impedimento para transmitir emociones fuertes. La naturalidad de la lengua hace pensar en una hermanita dulce que canta a nuestro oído mientras hace caracoles con nuestro pelo. Es como esas canciones antiguas que dicen cosas como: “Cuatro son los soldaditos que se marchan a la guerra. Unos ríen, otros cantan. Otros llevan mucha pena. El más pequeño de todos, el que más penita lleva”. Es un lenguaje vulnerable y en eso mismo está su radicalidad. Y su potencia. Es el lenguaje de las niñas y de nuestras pasiones. Es decir, de nuestra política.

Hay mucho deleite en la lectura de estos cuentos. Uribe es una narradora terriblemente seductora. Todo está contado desde la perspectiva del recuerdo, aunque no sepamos muy bien desde que lugar nos hablan las narradoras ni su edad específica. Aunque sí sabemos que las niñas de estos cuentos crecen en los primeros momentos de internet, cuando “las páginas web eran hojas de word llenas de gifs animados pixelados y había que conectarse a través de la línea del teléfono”. Internet genera desplazamientos, por cierto, y la vieja metáfora del viaje como movimiento interior sale reforzada de este nuevo uso que hace de ella Uribe.

En las páginas de estos cuentos hay despertares sexuales y exploración, mucho miedo y mucha curiosidad, no saber qué es el deseo pero caminar hacia él decididas. Me gusta mucho que las distancias se les descubren a las narradoras como si fueran algo rarísimo, como si lo natural en el mundo fuera parecerse. Hay distancias sociales y distancias impuestas por el color de la piel, y por el género, y hasta por qué música se ama. Pero también hay conexiones naturales y fortuitas que son como puntos de sutura entre dos realidades distantes, pequeños puentes inestables para ir de la humanidad de uno a la humanidad de otro.

En “Ciudad desconocida”, dos primas que se han criado juntas, unidas por la afinidad y el erotismo, se alejan por culpa de una discusión entre sus madres. Años después, ya en época universitaria, se reencuentran. En “Bestias”, la empatía sobrepasa los límites humanos y la narradora no puede evitar volver al lugar donde ha presenciado la violencia. “Italia” es además el nombre de una de las protagonistas del tercer relato. Aquí, dos mujeres con distintos antecedentes familiares y sociales coinciden en una clase de pilates. Su relación puede mantenerse en unos términos demasiado fáciles de romperse. “Rockerito83@yahoo.es” es el correo electrónico de un ciber novio de la narradora. De igual modo que el amor presencial, se construye esta relación sobre ideales: ¿qué ocurre cuando el encuentro se produce? En “Bienvenida a San Bernardo” tenemos la insistencia de una presencia que se quiere sacar de la vida y la entrada de la protagonista en la facultad de ingeniería “donde podía hacer con libertad las cosas que es feo que haga una mujer”. En “Kiosko”, nos enfrentamos a la distancia entre las expectativas y los modos de operar de las instituciones y las realidades de la Araucanía.

El último cuento se llama “Quiltras” y también trata de recuperar una conexión perdida: el amor adolescente que surge hacia la persona que siempre sabe más que tú, que viste mejor, que es pura sofisticación. También va de no resignarse ante la distancia. O de no dejar a quien la ha puesto que la viva con facilidad. Va de andar merodeando por ahí en busca de unos muslos en los que encajarse. Y, por cierto, qué bien que he terminado la reseña y no he explicado lo que significa quiltras. Qué alegría aprender así, línea a línea, con las precisas contorsiones de este libro de Arelis Uribe.

 

*Imagen de portada de Manuela Bocaz

 

Alba Lara Granero (El Pedernoso, 1988) es escritora y licenciada en Filología Hispánica y máster en Formación del Profesorado por la Universidad Complutense de Madrid. Es graduada del programa MFA de la Universidad de Iowa y sus ensayos han sido publicados en Iowa Literaria y otras revistas. Su Twitter: @a_laragranero

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Posted: October 18, 2019 at 8:30 am

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