La era de la revancha
Óscar Garduño Nájera
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El autor nos proporciona en La era de la revancha (Anagrama, 2025) muchas de las claves geopolíticas para entender el panorama internacional en estos convulsos y oscuros momentos donde las fragilidades de las democracias y de la libertad parecen sucumbir ante el embate de nacionalismos y populismos. Andrea Rizzi nos explica qué es lo que ocurre actualmente, dónde es que están paradas las grandes potencias, cuáles serán sus nuevas jugadas, tuvimos oportunidad de charlar con él.
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Óscar Garduño (OG): Cuéntame, Andrea, ¿qué es lo que ocurre, geopolíticamente, en el mundo en estos momentos? Están estas tres etapas que tú bien describes en La era de la revancha, pero me gustaría que me ampliaras un poco más el panorama.
Andrea Rizzi (AR): Lo que ocurre es un cambio de época. Se está acabando la época que empezó con la caída del muro de Berlín y estamos entrando, de forma muy turbulenta, en una nueva época.
OG: ¿Cómo es esa nueva época?
AR: Es una en la cual distintos actores están tratando de impulsar sus intereses con distintas formas y con resultados que implican una agitación extrema.
OG: Algunos países parecen estar más activos…
AR: Tenemos a esos países que tratan de recuperar terreno perdido en otros momentos, como es el caso de Rusia, que lo hace por la vía violenta, o como China, que no recurre a la violencia, pero que está intentando resituarse en el centro del escenario como lo estuvo en otros siglos.
OG: ¡También está Estados Unidos!
AR: Quien se retira de la posición que mantuvo durante muchas décadas, y especialmente tras el final de la Guerra Fría. Así que es una enorme turbulencia que obliga a todo mundo a reconfigurar sus planteamientos.
OG: Me gustaría que nos acercáramos más a Estados Unidos, ¿qué alcance crees que tendrá el trumpismo?, ¿crees que con el paso de los días que vienen se puede debilitar?, o, por el contrario, ¿crees que se pueda fortalecer con todos los movimientos que señalas de extrema derecha?
AR: El trumpismo tiene visos de poder proyectarse hacia el futuro, porque es portador de ideas, de instintos, que están arraigados en las sociedades occidentales, con lo cual, incluso más allá de la persona, creo que el trumpismo tiene serias posibilidades de tener un impacto duradero.
OG: ¿Por qué?
AR: Hay distintos aspectos que me gustaría subrayar: sin duda, el elemento nacionalista, lo que viene encarnado por el lema “América primero” es un instinto que arraiga con una fuerza extraordinaria en Estados Unidos, pero también en otros lugares de Occidente y es probable que esto siga. Y así mismo, la xenofobia, de la que el trumpismo es portador, al igual que otros movimientos nacional populistas, creo que será difícil de superar, así que más allá del camino concreto de este supuesto líder, de esta administración, creo que varios de los postulados que le han llevado al poder, y que él defiende desde el poder, tienen serias posibilidades de propagarse en el futuro.
OG: También hay una parte en La era de la revancha donde señalas que el avance del populismo y la polarización pueden ser, también, herramientas de las plataformas digitales, ¿cuál es el papel que juega la desinformación que se genera desde estas plataformas digitales?
AR: Desempeña un papel crucial, porque genera un fenómeno de hipnosis, por el cual la ciudadanía no acaba de entender, de forma correcta, el verdadero sentido de ciertos proyectos, y esto ocurre gracias a estas nuevas plataformas digitales, gracias a la convergencia de dispositivos móviles omnipresentes, de plataformas sociales con una altísima capacidad de retención de las personas y ahora, además, con la ayuda de la inteligencia artificial.
OG: ¿Por qué es un elemento crucial?
AR: Digo que es crucial, porque, por supuesto, la propaganda existe desde hace mucho tiempo, pero gracias a esta herramienta tiene un alcance y una profundidad extraordinaria. Y creo que definen, de manera realmente trascendental, el devenir de política contemporánea. Y generando este efecto que yo defino de” hipnosis” consiguen promover la agitación a la que asistimos.
OG: ¿Se trata de un efecto?
AR: Y es tan evidente como que clases populares en los Estados Unidos han sido decisivas para la llegada al poder de Trump, tanto en su primer mandato, como en el segundo; y sin embargo, su primera gestión ya dejaba en evidencia que no impulsaba políticas favorables a las clases populares, por ejemplo, con la reforma fiscal, que favorecía al uno por ciento más rico de la población y no a los demás, según los expertos. Aquello no fue suficiente para que las clases populares reconsideraran su posición; al contrario, ahora, durante su segundo mandato presidencial, al voto de la gran clase populares blancas se le ha añadido una parte considerable de las clases populares afroamericanas, o de origen latino, y no parecen darse cuenta de que la propuesta política trumpista no es una que favorezca sus intereses. Y eso debe, en gran medida, a la hipnosis generada por las narrativas, la desinformación, el intento de sembrar discordia, que fluye a través de las plataformas digitales, y por supuesto que Estados Unidos no es un ejemplo único en este sentido.
OG: ¿Crees que, en algún momento, en el futuro, se tendrán que regular estas plataformas?, y si así lo crees, ¿cómo hacer para no caer en riesgos de cuartar la libertad de expresión?
AR: Efectivamente: necesitamos regular estos fenómenos para evitar sus excesos, pero no podemos hacerlo de una forma que perjudique la calidad de nuestras democracias.
OG: ¿Cuál es el objetivo primordial?
AR: Tiene que ser defender la calidad democrática y la libertad de expresión, por lo tanto, se tiene que regular, sí, pero se tiene que hacer con la finura necesaria para preservar la libertad de expresión. La respuesta no puede ser algo que nos conduzca a una censura burda. Y, por lo tanto, ahí reside la complicación diabólica del asunto, pero es posible regular, es posible hacer cosas en distintos planos de las responsabilidades de las plataformas digitales. Los editores clásicos tienen un régimen de responsabilidades muy indefinido, y muy estricto y muy exigente.
OG: ¿Qué es lo que ha cambiado en el mundo desde que publicaste La era de la revancha?
AR: Han cambiado bastantes cosas: el libro está escrito en el 2024 y terminado, con las últimas pinceladas, justo después de la victoria de Donald Trump. Entonces, todo lo que ha ocurrido en 2025 es superior al cierre de La era de la revancha. Creo que el libro sobrevive bien a la prueba del tiempo, sí está muy en sintonía con el devenir del mundo, pero yo no podría prever algunas cosas. Tal vez destacaría el enfrentamiento entre Israel e Irán, en el cual Donald Trump ha querido involucrarse. Esto es algo bastante llamativo, porque Trump había hecho campaña perfilándose como alguien que quería retirar a Estados Unidos de su papel de “gendarme” del mundo, y tal este sea un hecho de alguna manera sorpresivo y sin duda importante, por lo que significa para la región de oriente próximo, pero también en clave más global, porque he enviado una señal a todos de que pese a esa retórica y esos planteamientos, que algunos consideran directamente aislacionistas en realidad Trump parece dispuesto a involucrarse con operaciones de altísimo riesgo.
OG: La era de la revancha arranca con un encuentro entre Rusia y China, sin embargo, pareciera que en estos momentos China se mantiene alejada, titubeante frente a las medidas impuestas por Trump, ¿cuál es el futuro que tú ves para esta China?, que aparte es una China que marca todo el libro.
AR: Creo que China es un actor esencial para comprender el devenir del siglo XXI; China y su relación con Estados Unidos son el elemento clave de nuestro tiempo, de nuestra época. Creo que China está afrontando con considerable resiliencia las turbulencias del nacimiento de esta nueva época. Hay varias señales que muestran esta resiliencia. Desde luego Trump ha encabezado una ofensiva comercial muy poderosa…
OG: Agresiva…
AR: ¡Muy agresiva!, altamente agresiva no solo contra China, pero en el caso que nos ocupa podemos observar que Pekín ha resistido bastante bien, y ha forzado a Estados Unidos a entrar en una senda de negociación que a mí me parece más razonable. Y esto, porque creo que en el pulso de Estados Unidos se ha dado cuenta de las fortalezas de las que dispone China: de entrada, podemos observar que es una economía con elementos de fuerzas notables, como podría ser el control de materias primas estratégicas que el resto del mundo necesita para desarrollar manufacturas en las tecnologías claves: en la digital, en la verde, o en la espacial y de defensa. Y en cuanto China ha aplicado restricciones a las exportaciones de estas materias primas clave, los demás han acusado enseguida al golpe.
OG: Pero hay más elementos con los que se configura la resiliencia China…
AR: En este plano creo que es importante considerar que ellos, naturalmente, defenderán sus intereses de una forma absolutamente materialista. No están vinculados a otros con alianzas formales, como lo ha estado Estados Unidos durante décadas, por lo tanto, la relación con Rusia no debe ser entendida como una relación de alianza formal, y como no lo es la que China mantiene con Corea del Norte o con Irán, pero ello no impide que esta relación sea profundamente significativa. Y no hay que olvidar que Rusia solo puede llevar a cabo su agresión contra Ucrania por el apoyo material de China, que no le suministra armas, pero sí le suministra todos los productos tecnológicos y de uso dual que Rusia no está en condiciones de producir y que son, sin embargo, necesarios para alimentar su industria de defensa. Ese oxígeno, ese apoyo, es fundamental. Por lo tanto, incluso sin tener una alianza formal entre ambos, que suponga un apoyo militar abierto, o el suministro de armas, hay un flujo de bienes que son esenciales que son necesarios para entender la guerra. Así que, por muchas vías, China influye en el devenir político del mundo y creo que demuestra una resiliencia bastante importante, aunque no esté libre de problemas serios, como su declive demográfico.
OG: Hablas de un resentimiento de Rusia en La era de la revancha, ¿crees que este resentimiento aumentará en un futuro inmediato?
AR: Es difícil prever si aumentará, pero lo que sí puedo decir es que hay un sentimiento profundo, arraigado, cualquiera que haya viajado por Rusia lo sabe; es un sentimiento que brota de la humillación posterior al colapso de la URSS, a los años caóticos de los noventa, marcados por miseria, violencia, caos, y que Putin ha sabido auscultar y espolear de forma muy hábil para consolidar su proyecto político, uno que se fundamenta en el nacionalismo y en la idea de reconstituir la fuerza y la gloria pasadas de Rusia. Ese es el truque: ceder libertad a cambio de obtener estabilidad, prosperidad y respeto en el mundo tal y como lo vende el Kremlin. Ahora bien, es difícil dar una respuesta a tu pregunta y sería en todo caso especulativa, pero lo que sí me atrevo a afirmar es que Putin seguirá intentando espolear ese sentimiento de agravio, que es lo que constituye la base del apoyo popular a un proyecto como el suyo que es autoritario, nacionalista e imperialista. Y los índices de apoyo popular a Putin muestran que efectivamente tiene un apoyo creciente de la población en los momentos donde él abandera iniciativas militares que, supuestamente, van a devolver el prestigio, la producción y la influencia de Rusia en el mundo. Ha ocurrido en distintas oleadas y ocurre ahora, y Putin seguramente tratará de profundizar en esa espiral perversa de resentimiento y respuesta imperialista.
OG: Sin embargo, Rizzi, hay que recordar, también, que precisamente la Segunda Guerra Mundial empieza por alguien que tenía un profundo resentimiento y que encontró solidaridad dentro del pueblo.
AR: Desde luego. Es evidente que la psicología de las personas y de los pueblos, los instintos de los seres humanos son decisivos en la política y por ende en la geopolítica. Por eso en La era de la revancha trato de apoyarme, a menudo, en las observaciones y las reflexiones de grandes figuras de la literatura, que, a mi juicio, precisamente por ese conocimiento tan profundo del alma humana, esclarecen desde el pasado el presente. Y el resentimiento, la voluntad de venganza son instintos que han sido aprovechados en el pasado, desde luego, tú bien mencionas los resentimientos de la Alemania de entreguerras, un país que sufría unas condiciones absolutamente difíciles y con las exigencias de los vencedores de la Primera Guerra Mundial y que cultivó el virus de un profundo resentimiento que el nacional socialismo supo aprovechar. De hecho, el título de La era de la revancha es, también, un guiño a la idea francesa de recuperación de territorios perdidos en derrotas previas bajo la bandera del nacionalismo, esto viene del siglo XIX y es un ejemplo significativo de ideologías políticas que tratan de aprovechar el resentimiento, por lo tanto, debemos tener siempre muy presente, en nuestros análisis, los instintos, los sentimientos de las personas: la geopolítica no es solo materialista. No está solo configurada por la geografía, los recursos, el poder, que hoy es militar y tecnológico, sino también por los instintos humanos porque estos son utilizados y aprovechados por la política para influir, después, en la geopolítica.
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Posted: October 1, 2025 at 6:52 am
Óscar Garduño Nájera. ha publicado en Newsweek en español, GQ México, Laberinto, Replicante, Opera Mundi, Forbes México, Milenio, así como en distintas antologías.






