Interview
La voz violenta: Entrevista con Hugo Valdés

La voz violenta: Entrevista con Hugo Valdés

Miguel Durán

Narrador y ensayista consumado, Hugo Valdés Manríquez (Monterrey, 1963) vuelve a abordar el género negro en su novela más reciente, El asesinato de Paulina Lee. En medio de una intensa gira promocional, el autor tuvo tiempo para responder algunas preguntas sobre la violencia subyacente en Monterrey, su madurez como escritor y su insaciable apetito por narrar historias, entre otros temas.

Ya has contado los antecedentes de El asesinato de Paulina Lee, pero no está de más recordar los orígenes de esta novela, sobre todo para quienes no estén familiarizados con la historia de Monterrey.

Parte del crimen de una joven oriental de dieciséis años ocurrido en 1938. Su cadáver fue encontrado en un baldío, en la parte posterior del Hospital González (hoy inexistente), con una cantidad impresionante de heridas: más de sesenta puñaladas. Su muerte se le atribuyó a un joven compañero del trabajo, quien habría de pagar por aquel crimen que muy probablemente no cometió. Sin embargo, autoridades, prensa y estratos importantes de la ciudad parecieron empeñarse en culparlo a él para cerrar el caso, y así lo hicieron. Aun así, la voz de la calle decía otra cosa, y esa voz es la que traté de recrear para contar esta historia.

¿Crees que la violencia es un elemento intrínseco de la literatura del norte, o de la mexicana en general?

Es parte intrínseca de la condición humana, por lo que no es extraño que la hallemos en las letras mexicanas y en las regionales. Ahora bien, por la naturaleza de esta historia, yo tenía que recalar en hechos violentos, en algo que derivó en lo trágico, y cierta reflexión por voz de alguno de los personajes me condujo a asentar y reiterar que Monterrey tiene un sustrato violento, que solo gusta de mostrar la buena cara, los buenos modales, la dinámica civilizada de su vida. Debajo de ella late el pulso de un bárbaro.

En otras entrevistas has aludido a la doble moral de Monterrey. Yo pienso también en el carácter “bicultural” de Monterrey, o de manera más específica, de San Pedro Garza García, en donde el inglés convive de manera habitual con el español, así como la riqueza y la pobreza extremas. ¿Se trata de una urbe bipolar o profundamente escindida?

La doble moral da cuenta o explica esa bipolaridad. Cuántos crímenes, cuántas expoliaciones no se han cometido a lo largo de décadas y siglos por personas que alcanzaron hoy el estatus de respetabilidad y decencia. No era mi propósito acentuar tanto esta condición en El asesinato de Paulina Lee, pero conforme avanzaba y me respondía una serie de interrogantes iniciales, más confirmaba esa naturaleza cínica de una comunidad que a veces prefiere no complicarse las cosas a cambio de permitir los delitos. Y en cuanto a su carácter escindido, eso se ha potenciado más en las últimas décadas. En la época de la chinita Lee había zonas de confluencia cotidiana entre las clases sociales, la gente se conocía más o menos entre sí. Hoy todo está sectorizado.

A poco más de veinte años de El crimen de la calle de Aramberri, ¿cómo te ves como novelista? ¿Qué has ganado y qué has perdido en el camino?

He ido perdiendo el miedo a armar las historias. Me siento más seguro de la prosa que empleo. Pero procuro, y lo siento de manera convencida, iniciar cada novela como si nunca hubiera escrito una antes, para tener esa misma hambre de hace más de treinta años. Es lo que recomendaría a alguien que quiera escribir: que nunca se sienta satisfecho y saciado, que tenga esa hambre de contar, de expresarse, de gritar, incluso el hambre física que tendría cualquier principiante sin recursos ni becas que quiere comerse el mundo a dentelladas.el-asesinato-de-paulina-lee

Al escribir una novela, ¿te nutres de otras disciplinas artísticas como el cine, la música o las artes plásticas?

Del cine en primer término. Hay muchas frases en esta novela que partieron de alguna escena, todo producto de la observación minuciosa, como lo hice de fotografías para recrear calles y edificios de la ciudad en 1938. El cine, por lo demás, aparece aquí como espectáculo que los personajes presencian: Paulina y Cesáreo ven Blancanieves y los siete enanos, que se estrenaba en México ese año, y a mí me sirvió para elaborar una pesadilla insidiosa. A veces me nutro de las artes plásticas, como aprendí que lo hacía Sergio Pitol para resolver cuentos y novelas, y de lo que doy cuenta en mi ensayo. Y en este caso, no dejé de escuchar Noche en la árida montaña, de Mussorgsky, así como en menor medida el tercer movimiento del concierto para violín en D mayor, opus 77, de Brahms.

Y a manera de complemento de la pregunta anterior, ¿has considerado adaptar tus obras a otros medios (cine, teatro, etcétera)?

Claro, ya Rodrigo Guajardo tiene una adaptación para guión cinematográfico de El crimen de la calle Aramberri. De Paulina Lee no sé si alguien se vaya a interesar.

Al publicar en una casa editorial como Tusquets, ¿sientes algún compromiso por cambiar de temas, o abordar otros géneros o estilos para llegar a otro público, o para trascender el ámbito nacional?

Para nada. Lo que más me mueve a escribir, sobre todo los proyectos largos, es que sus temas me obsesionen, se me enganchen a la piel y el alma como tábanos, y eso temas que tengo en mente se relacionan con historias de la ciudad en décadas pasadas. Hay que tomar en cuenta que este tema, regiomontano, ya está interesando a lectores de otras partes del país: es el retrato de una ciudad en su etapa preindustrial donde se amasaban en el mismo perol el esfuerzo de los obreros, el emprendedurismo y la violencia irracional.

James Ellroy comentó en una entrevista que su objetivo era provocar reacciones ambiguas en los lectores. ¿Tú qué esperas de los lectores de tus novelas?

Me gusta tender, ofrecer esa reacción al lector, que no se quede solo con la impresión de que leyó algo distractor. Que el libro sea más que el juguete de un rato, que lo haga indignarse y, al mismo tiempo, que pueda apreciar que la belleza de una forma literaria nos ayuda a entender o al menos aceptar el destino trágico. Eso es pues lo que espero conseguir en el lector de esta novela.

¿Cuál es tu perspectiva de la novela en la era de los 140 caracteres y la “micro ficción”? ¿Eres optimista respecto al futuro del libro y de la narrativa?

No me desagradan las formas breves, las que te dan oportunidad de expresar bien algo si sabes contenerte. Pero evidentemente vengo de las narraciones de amplio aliento, de Balzac, de Proust, de Faulkner, y eso borra cualquier tentación minimalista, por más que tenga un par de microficciones (una de ellas, titulada “Depredador posmoderno”, dice: “No busques más: soy el fiel vampiro de tu Facebook”). Respecto al libro, tal vez se acuda menos a la versión impresa (en lo personal soy usuario del Kindle y de la computadora como dispositivo lector), pero no creo que el impulso narrativo del hombre aminore; es connatural a él. Acaso solo cambie de forma, como lo ha venido haciendo a través de los siglos.

MIguel DuranMiguel Durán es escritor, crítico de cine y colaborador de Literal


Posted: July 3, 2016 at 9:31 pm

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