Latinoamérica como spam
David Medina Portillo
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La pelĂcula de Wong Kar-way 2046 es una metáfora de la memoria o, si se quiere, de la sustancia viva de cualquier recuerdo. Y aunque resulta mucho más compleja, su sinopsis podrĂa abreviarse asĂ: el protagonista, Chou Mo Wang, es un narrador que escribe sobre el futuro aunque todo lo precipita hacia un ayer imborrable: el recuerdo de Su Li, sĂmbolo del amor malogrado. Salidas de las páginas que está redactando, se multiplican asĂ las tomas de una máquina del tiempo: un tren de interfaz onĂrica que, obsesivamente, viaja al año 2046: “todos los que subĂan a Ă©l lo hacĂan con el mismo propĂłsito: recobrar los recuerdos perdidos. Se decĂa que en 2046 nada cambiaba.” Chou Mo Wang escribe y la realidad del presente se funde con un mañana de vuelta al ayer. El futuro como apocatástasis… La pareja de Chou Mo Wang y Su Li compartiĂł en el pasado un piso con el nĂşmero 2046. Obviamente, la novela tambiĂ©n se llama 2046.
Viajar curvando la flecha del tiempo para recuperar el origen. Entiendo que este tropo de la imaginaciĂłn post-apocalĂptica apenas tiene que ver con la historia de MĂ©xico. No obstante, mientras veĂa la pelĂcula más de una vez recordĂ© el inicio –entre provocador y Ă©pico– de aquel libro de John Womack, Zapata y la revoluciĂłn mexicana: “Este es un libro acerca de unos campesinos que no querĂan cambiar y que, por lo mismo, hicieron una revoluciĂłn”. Del mismo modo, no pude dejar de pensar en esa obsesiĂłn del origen caracterĂstica de las identidades locales que, como el tren de 2046, atraviesan hoy cualquier andamio de la ubicuidad global. Desde luego, el polo opuesto tambiĂ©n prolifera: se habla de una World Culture como del caldero en donde todo entrará, incluso las identidades radicales reintegradas no sĂłlo por su primitivismo sino porque, cĂłmo no, gracias a sus variadas formas de “autenticidad” aĂşn nos hablan de una realidad como pasado esencial, cualquiera que Ă©ste sea.
El exotismo a la moda en los siglos XIX y XX ha evolucionado en favor de ejemplares propios de la Ethnic Correctness que hoy pueblan la imaginaciĂłn teĂłrica y el consumo. Ejemplos: de unos años acá Converse encarga a la comunidad mixteca el estampado de algunos de sus zapatos y, antes, Benneton buscĂł los derechos por el pasamontañas del subcomandante Marcos o los de la cosmogonĂa aimara que adornaba los suĂ©teres de Evo Morales. Por su parte y desde un cubĂculo universitario, el antropĂłlogo Walter Mignolo lleva rato disertando sobre los “futuros posibles” para nuestras AmĂ©ricas (en su nomenclatura: latino/as, afroamericanos, americanos nativos y caribeños), emancipadas de la expansiĂłn colonial de Occidente. En la perspectiva de Mignolo nada se salva y, digamos, cualquier universalismo positivo es visto apenas como el rostro de una cabal hegemonĂa depredadora, desde el Renacimiento a la IlustraciĂłn liberal y racional, pasando por la Modernidad industrial (soviĂ©tica o capitalista) hasta desembocar en la geopolĂtica post-utĂłpica de las macro economĂas actuales.
Las especulaciones de Mignolo serĂan asĂ un tenaz esfuerzo por abrirle brecha a un modelo alternativo de pensar el futuro, algo que Ă©l define como “un paradigma otro”. He aquĂ un fragmento en prosa algo enredada:
El «paradigma otro» es, en Ăşltima instancia, el pensamiento crĂtico y utopĂstico que se articula en todos aquellos lugares en los cuales la expansiĂłn imperial/colonial le negĂł la posibilidad de razĂłn, de pensamiento y de pensar el futuro. Es «paradigma otro» porque en Ăşltima instancia ya no puede reducirse a un «paradigma maestro», a un «paradigma nuevo» que se autopresente como la «nueva» verdad. La hegemonĂa de «un paradigma otro» será, utopĂsticamente, la hegemonĂa de la diversidad, esto es, «de la diversidad como proyecto universal» y no ya un «nuevo universal abstracto»… (Historias locales/diseños globales, 2002).
Lo que se busca, finalmente, es sancionar el reconocimiento de un diálogo de pares entre el “pensamiento dominante” y los mĂşltiples saberes, dice Mignolo, subordinados y subalternizados por quienes han sostenido la superioridad de la teologĂa, la filosofĂa y la ciencia. Demos por hecho el supuesto del antropĂłlogo segĂşn el cual, en efecto, tales saberes están emergiendo tras cinco siglos de resistencia para “indicar las vĂas de futuros posibles más allá de las vĂas agotadas y las posibilidades que ofrecen el pensamiento moderno, y sus crĂticos, desde el Renacimiento al posmodernismo”. Sin embargo, Âżno es curioso que en la lĂłgica de esta argumentaciĂłn dichos “saberes” tengan que supeditarse aĂşn a lo que han dicho Foucault o Derrida como innegables crĂticos de la Modernidad y, en ese contexto, flamantes precursores de la posmodernidad alternativa con la que sueña Mignolo y, junto con Ă©l, teĂłricos como Dussel, AnĂbal Quijano, etc.? Supongo que es de sentido comĂşn entender que aquellos “saberes” no tienen por quĂ© articularse de manera conceptual, es decir, expresarse al modo en que lo hicieron Mariátegui y Franz Fanon, por ejemplo, o segĂşn las prácticas de Ĺ˝iĹľek, Susan George o Gloria AnzaldĂşa. En este sentido, parece razonable encontrarnos con Mignolo en Duke University y, por su parte, ver a un tojolobal devengando cátedra en la Universidad de ConcepciĂłn o en la de Yale resulta poco probable.
Ahora bien, dado que es impensable proyectar el alud de papers en la jerga del caso, sĂ es factible observar en cambio la decidida participaciĂłn de estos “saberes” en la configuraciĂłn de un nuevo orden polĂtico. SegĂşn Mignolo, al tĂ©rmino del siglo XX y principios de Ă©ste se verificĂł una “trasformaciĂłn tectĂłnica” de tal magnitud que, a la fecha, las ideas de AmĂ©rica y LatinoamĂ©rica ya no representan nada. De modo que LatinoamĂ©rica sobrevive en el mapa contemporáneo sĂłlo a manera de spam conceptual. Los diversos reacomodos polĂticos y econĂłmicos por regiones (el NAFTA, el Mercosur, el Plan Puebla-Panamá, el ALCA o el G3 que desgajarĂa a Brasil para acercarlo a la India y Sudáfrica) han venido a hacer estallar esta convenciĂłn histĂłrica, polĂtica y geográfica. Junto con estos cambios indiscutibles, los proyectos polĂticos, econĂłmicos y “epistĂ©micos” de los pueblos indĂgenas –para quienes la divisiĂłn entre Latino y AmĂ©rica Sajona carece de significado, del mismo modo que la idea de una AmĂ©rica que abarque el todo continental–, comienzan a cobrar realidad con la llegada al poder regional de fuerzas independientes del modelo histĂłrico occidental. A la emergencia de este neo indigenismo, entre el que se encuentran tambiĂ©n los nativos de Estados Unidos y la Cuarta NaciĂłn de Canadá, estarĂan sumándose algunos sectores mestizos marcados por la “conciencia crĂtica” de la “herida colonial”. Tal es el caso, por ejemplo y segĂşn Mignolo, de Hugo Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. De este modo, America Latina y la AmĂ©rica sajona estarĂan atravesados hoy por mĂştiples movimientos cuyo empuje parece más que simbĂłlico. Y asĂ lo ha entendido Jorge Volpi, entre otros de nuestros sonados intelectuales. En efecto, a propĂłsito de su libro más reciente, El insomnio de BolĂvar, Volpi no ha dejado pasar la oportunidad de escandalizar a los guardianes de la identidad restregándoles el hecho de que “AmĂ©rica Latina no existe”. Particularmente a aquellos que –entre las filas de la narrativa– identifican lo latinoamericano con el realismo mágico, ejemplar Ăşltimo de las “comunidades imaginadas” (Benedict Anderson) puestas a funcionar por las elites criollas del siglo XIX.
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En su ensayo “Itinerarios extraterritoriales”, incluido en De eso se trata, Juan Villoro habla de Latinoamérica como el sitio privilegiado de lo arcaico, capaz de surtir con dosis de originalidad al imaginario global. En un futuro cercano, piensa, la mirada de un mundo saturado de información y confort se proyectará nostálgica hacia este nicho subcontinental que aún sobrevive en los márgenes de la civilización. El añejo filantropismo cultural y económico de Occidente será desplazado por la participación directa de los conglomerados chinos o multinacionales, quienes harán del feraz territorio un gigantesco parque temático.
Con esta carcajada de prospectiva instantánea, Juan Villoro se rĂe de los practicantes de la diffĂ©rence latinoamericana, definida por nuestros contrastes respecto del orden de una cultura universal. En efecto, somos como nos ven: bárbaros ancestrales. Pero no por esa incapacidad crĂłnica a la hora de conectarnos a la corriente global sino porque (nadie puede negarlo) permanecemos fieles a nuestro origen. El novelista quizá exagera, aunque no tanto como los teĂłricos y activistas duros del mosaico inter-multicultural. Con estos el silogismo etnolĂłgico es capaz de tejerse de modo tal que lo visto hasta ahora como una tara exigirá su debido respeto: gracias al estatus de la diferencia cultural, y segĂşn un ejemplo de Villoro, el ominoso burka podrĂa sobresalir “preservado” en tanto vestimenta regional.
El humor irresponsable de Juan Villoro se acrecienta cuando leemos los párrafos sarcásticos de Guillermo GĂłmez-Peña. Villoro lo cita transcribiendo uno de sus textos cĂ©lebres: “La Clepto-Mexican Gringa”. El trabajo de este artista y escritor de origen mexicano instalado en EE.UU. desde los años setenta (y que se define como post-mexican writer) es una parodia festiva de todo esencialismo de la identidad y, con idĂ©ntica mueca, de la mirada cultural, antropolĂłgica y estĂ©tica que –aquĂ o allá– pastorea a sus bárbaros con el ánimo de hacerles ver quĂ© es lo que mejor les va. En este sentido, Guillermo GĂłmez-Peña describe sus performances como reverse ethnography, es decir, una etnologĂa inversa en la que los “bárbaros” se inventan a sĂ mismos y autoexhiben como objetos de asombro ante la mirada de los “otros”, quienes tambiĂ©n son observados. Desde luego, la autenticidad del “nativo” asĂ como su entorno “natural” aparecen estratĂ©gicamente dispuestos y asegurados por un set que conecta lo ancestral con un presente y futuro inalámbricos. Trascribo en seguida dos párrafos algo extensos de GĂłmez -Peña. Forman parte del texto de introducciĂłn a Dioramas vivientes y agonizantes, presentaciĂłn realizada en el Museo Whitney de Nueva York. Vale la pena leerlos, sobre todo por la carga de humor a costa de quienes –en tanto bárbaro irredento– quieran tomarlo como objeto de estudio:
La meta-ficciĂłn de La gira mundial guatinaui era la siguiente: Coco Fusco y yo fuimos exhibidos en una jaula metálica durante perĂodos de tres dĂas como “amerindios aĂşn no descubiertos”, provenientes de la isla ficticia de Guatinaui (espanglishizaciĂłn de what now). Yo estaba vestido como un luchador azteca de Las Vegas, una suerte de “supermojado” extraido de un comic book chicano, y Coco como una taina natural de la Isla de Gilligan. Los “guĂas” del museo nos daban de comer directamente en la boca, y nos conducĂan al baño atados con correas para perro. Unas placas taxonĂłmicas expuestas al lado de la jaula describĂan nuestros trajes y caracterĂsticas fĂsicas y culturales en lenguaje acadĂ©mico.
Además de ejecutar “rituales autĂ©nticos,” escribĂamos en una computadora lap-top (o sea, nos e-maileabamos con el chamán de la tribu), veĂamos atĂłnitos videos de nuestra tierra natal, escuchábamos rap y rock en español en un estĂ©reo portátil, y estudiábamos detenidamente (con binoculares) el comportamiento del pĂşblico que muy a su pesar se convertĂa en turista y voyeur. A cambio de una mĂłdica donaciĂłn, ejecutabamos “autĂ©nticas” danzas guatinaui y cantábamos o relatábamos historias en nuestro idioma guatinaui, una suerte de esperanto muy locochĂłn inventado por mĂ. A los visitantes se les permitĂa tomarse una foto de recuerdo con los primitivos. Para la Bienal del Museo Whitney agregamos una actividad al menĂş: por cinco dĂłlares los espectadores podĂan “ver los genitales del especimen macho”… y los pesudos patrocinadores de la Bienal cayeron redonditos.
DespuĂ©s de todo, no sĂłlo tendremos que imaginar y crear nuestros futuros posibles, alternativos o no. Junto con ellos –y a la manera de una pelĂcula de Wong Kar-way o un performance de GĂłmez-Peña– tambiĂ©n tendremos que reinventar el pasado, persiguiendo en aquellos futuros un “origen” quizá más autĂ©ntico.
Posted: April 21, 2012 at 12:54 am







