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AMLO alecciona a la ONU sobre corrupción
COLUMN/COLUMNA

AMLO alecciona a la ONU sobre corrupción

Sergio Negrete Cárdenas

(Discurso que pronunciará Andrés Manuel López Obrador ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York el próximo 9 de noviembre)

Me presento ante ustedes para hablar del principal problema del mundo, aunque ya no de México: la corrupción. Mi país está por asumir la presidencia del Consejo de Seguridad, y queremos transmitir a todo el planeta la exitosa estrategia de mi gobierno contra esa peste que azotó a México durante la era neoliberal. Somos un ejemplo para imitar y por eso he hecho el tremendo sacrificio de salir de mi país y estar aquí.

Muchos dicen que, como la mujer del César, lo fundamental no es solo ser honesto, sino parecerlo. Esto es falso. Lo realmente importante es presumirlo, machacarlo, repetirlo incesantemente sin dar tregua. No me canso de decir al pueblo de México, prácticamente en cada mañanera, que soy un hombre que nunca ha tenido en su bolsillo un peso mal habido, que soy de esas aves que cruzan el pantano de la política, pero sin mancharse.

Lo mismo reiteré como candidato sin parar, y me funcionó, tanto que aquí me tienen ante ustedes. Presumía que traía en la cartera solo 200 pesos. No importaba que manejara a mi antojo las finanzas de un partido político, que mi familia tuviera una vida sin presión económica alguna o que viajara sin cesar por el país en coches de lujo sin mostrar apuro. Ah, y hablando de coches, son muy importantes para cultivar cierta imagen de honradez. Yo empecé con un Tsuru, blanco, el color de la pureza. Ahora de vez en cuando me exhibo en un Jetta (blanco, claro).

La clave, pues, es proclamar y mostrar lo que los demás quieren escuchar y ver. Además, hacer las promesas más estrambóticas, evidentemente imposibles de cumplir, pero con impacto. Por ejemplo, ofrecer que por el simple hecho de ser Presidente, entonces todo el gobierno, hasta el más humilde funcionario, será honesto. Es importante tener frases simples que el pueblo entienda, como por ejemplo “las escaleras se barren de arriba para abajo”.

Las palabras no son nada sin tener un sustento. Nunca ha pasado por mis manos un peso mal habido. Para eso están los personeros que actúan en mi nombre. Por supuesto, debe tratarse de personas de la más absoluta confianza, de preferencia familiares. Por ejemplo, tengo hermanos que han sido extraordinarios recaudadores de recursos. Igual he tenido colaboradores muy cercanos, leales a toda prueba, que también me han servido con el mismo propósito. Tan eficaces que arrean hasta con las ligas que sujetan los billetes.

Es por ello que siempre digo que la lealtad va primero cuando se designa a una persona en un cargo público. El conocimiento y la experiencia no importan. La lealtad es todo y, claro, presumir ante el público que ellos también son honestos. De esta manera se construye un círculo de leales y corruptos, pero corruptos que se lo deben todo a uno.

En estos tiempos, por desgracia, uno se proclama honesto, pero medios de comunicación y redes sociales pueden mostrar a personas cercanas a nosotros, parientes, colaboradores o amigos, en raterías. Las malditas redes sociales, sobre todo, no olvidan. Robar, pues, ya no es como antes.

Lo primero, reitero, es que otros roben en nuestro nombre. Nunca será lo mismo una foto mía recibiendo sobres llenos de efectivo que una con uno de mis hermanos. Lo segundo es negar, y si ello no es posible, entonces disfrazar la corruptela. Por ejemplo, decir que esos sobres con dinero eran aportaciones voluntarias del pueblo para nuestra causa, para derrotar a la mafia del poder que entonces gobernaba. ¿Suena increíble? Se asombrarían de la cantidad de personas que están dispuestos a creer lo que sea.

Y, evidentemente, no descuidemos los expedientes de atacar al mensajero y presentarnos como mártires. Yo dedico mucho tiempo de mis mañaneras a presentar listas de opinadores que me critican o exhiben, y de paso me proclamo como el Presidente más atacado desde Francisco I. Madero. La clave es nunca acabar a la defensiva, sino pasar al ataque.

Recordemos que en todo momento debemos acusar a nuestros adversarios o aquellos que queremos destruir de, precisamente, ser corruptos. No, no tienen que acusar formalmente a nadie ante la justicia, simplemente hablar en términos genéricos. Así cancelé fideicomisos para quedarme con esos fondos y usarlos en mis proyectos favoritos. Lo mismo hice para quedarme con el dinero que costaba distribuir medicinas, aunque eso ha traído muertes, por ejemplo, de niños con cáncer. La estrategia es tirar lodo, que algo se pega.

Esta es la gran lucha contra la corrupción que hemos emprendido en México, y que continuaré por los tres años que me quedan. Ya retirado en mi rancho, que dije heredé de mis padres (por cierto, pretender herencias es una fechada excelente para acumular bienes), siempre proclamaré que vivo con sencillez y sin pensión. Supongo que diré que vivo con 300 pesos en la cartera. Eran 200, como quizá recuerden, pero hay que tomar en cuenta la inflación.

 

Sergio Negrete Cárdenas. Profesor de Tiempo Completo en la Escuela de Negocios del ITESO. Trabajó en el Fondo Monetario Internacional. Profesor en varias universidades de España y México, destacadamente la Universidad Pompeu Fabra y la Escuela Superior de Comercio Internacional, en Barcelona, la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién en la Ciudad de México. Doctor en Economía y Maestría en Economía Internacional por la Universidad de Essex. Diplomado en Política Exterior de Estados Unidos por la Universidad de Maryland. Licenciado en Economía por el ITAM y en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Twitter: @econokafka

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Posted: October 18, 2021 at 9:36 pm

There are 2 comments for this article
  1. Francisco at 9:15 am

    Que clase de pdjo dice semejantes mentiras y cree que el mundo se lo va tragar… en verdad que si esta demente, cero cerebro…

    • Dagobert at 12:58 pm

      Me encanta tu sarcasmo. Muy preciso y exacto. Eres maestro en el arte retórico de la Ironía. Felicidades. Viva la libertad de opinión.

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