Flashback
Sobre El secreto de la fama, de Gabriel Zaid. Los secretos del cinturón de oro

Sobre El secreto de la fama, de Gabriel Zaid. Los secretos del cinturón de oro

Adolfo Castañón

Bonne renommé vaut mieux que ceinture dorée.
[Vale más renombre a coro que cinturón de oro]

El mundo en tránsito de nuestros días gravita polarizado por dos fuerzas o polos mitológicos: de un lado, la cultura judeo-cristiana asentada en el poder de la escritura: la cultura del libro y la escritura; del otro, el espacio de la cultura de la imagen y del espectáculo, de la diversión y de la exhibición auspiciada y refrendada por la tecnología y la cultura industrial cuyos instrumentos son los medios masivos de comunicación. Este par de vectores decisivos se dan cita, se cortan y se conjugan en el pequeño gran libro de Gabriel Zaid: El secreto de la fama cuya traducción al francés acaba de aparecer: Le secret de la renommé. L’affrontentement litérraire à l’ere du divertissement. El subtítulo, por cierto, no aparece en la edición española publicada por Océano en México en 2008. Proviene de la traducción al inglés editada por Paul Dry Books, donde antes también se había traducido Los demasiados libros, en versión de Natasha Wimmer.

El secreto de la fama ya es un secreto a voces repartido en varias lenguas. Es uno de esos libros paradójicos que están destinados a volverse cada día más actuales, más confiables, más transparentes en la medida en que no cambien los cimientos de nuestra culta y lucrativa fábula. ¿Pero no es ese precisamente el no tan secreto designio de El secreto de la fama?

El secreto de la fama (XVIII capítulos, 178 págs) es en realidad una historia de la fama: los avatares de la identidad creadora y de las modalidades de su recepción centran la perspectiva de este libro –cuando no todos lo son– que es una obra: es decir, una transparente máquina de vidrio. Radiografía de la recepción artística y literaria, El secreto de la fama expone en argumentos los diversos aspectos del tema. Practica al paso una casuística de la gloria, de sus espejismos, de sus ilusiones y decepciones, de su orquestación, industrialización y mercantilización. El libro prolonga y ahonda la temática expuesta en las sucesivas ediciones de Los demasiados libros. Leer y publicar en la era de la abundancia, libro abismal que es, por cierto, a su vez, demasiados libros. Y es que, a lo largo de sus sucesivas ediciones, el autor lo ha ido ajustando y adaptando hasta transfigurarlo, de precedente en antecedente, y haciendo de su compás mismo un pequeño, irónico campo de batalla de sí mismo y de su tema.

Historia de la fama, radiografía de la fama —aunque no, por el momento, geografía de la fama—, El secreto de la fama cifra también una historia del libro desde el plano oblicuo del reconocimiento, la nombradía, la reputación, la gloria, las variedades que asumen el lenguaje de la transcendencia y el idioma de la inmortalidad. Zaid tiende puentes, asociaciones y contrastes entre campos y territorios distintos –desde la teoría de la comunicación a la hermenéutica del reconocimiento–; va alzando torres para conectar entre sí esferas diversas –el arte con la historia de la cultura, ésta con la economía y así sucesivamente.

Arma antenas para escrutar los espacios intersticiales en el universo expansivo de la comunicación. Parece sencillo: es insondable. Su pasión abrasiva por el conocimiento se da como un anhelo devorador por la síntesis, y su estética de la concisión y de la condensación participa de la ética y hasta de ese particular civismo que anima o debe animar al ciudadano de la actual República de las Letras. Su ensayo se desarrolla con el rigor de un tratado exigente como el que desgranan ciertas perceptivas en verso, como puede ser (¿no es cierto que su libro transpira clasicismo?) el Arte poética (1674) de Boileau, o mejor, sus Sátiras (1666), con las cuales se podría decir que comparte haz de temas. Esto nos llevaría a plantear la cuestión sobre el género literario a que pertenece este ensayo inclasificable. Pero sobre todo El secreto de la fama es un libro comprometido con la verdad y con la veracidad; está animado por la diversión que suscita el señalar las formas en que se arropan –con aparato de bibliografías, citas, notas al pie, referencias que él se encarga de desnudar– los reyes y las reinas del escenario, los reyecitos y los reyezuelos fabricados al vapor –o en horno de microondas– por nuestra monótona edad del espectáculo, tan tediosa como un casino abierto las 24 hrs. Los monopolios y oligopolios de la comunicación son los espesos cables, cargados como camellos, que van pasando por el ojo de esa aguja atenta y virtuosa que es la prosa de Gabriel Zaid.

Hay en este libro que es obra, diagnóstico, sismo y sigiloso manifi esto, la corrosiva y saludable actitud de un filólogo crítico de enciclopedias y diccionarios que va reduciendo en su veraz mortero supersticiones y reputaciones dudosas, falsas creencias y piedades apócrifas, instituciones hiperbólicas o hipertrofiadas. Disimulada y no tan disimuladamente, El secreto de la fama practica una sociología del conocimiento y del reconocimiento —del famoseo— en la edad post-industrial al tiempo que resume una historia de la cultura realizada a partir de esa “pieza de convicción” que es el libro como arquetipo e institución. Si El secreto de la fama puede leerse a la luz de las pantallas televisuales o de los telones de plasma, su verdadero centro de gravedad es, desde luego, el libro. Por eso, quizá sus capítulos más interesantes y mejor documentados sean el IX y el X –que están en el centro o médula de esta armadura– y que gravitan entorno a la historia y la discusión de los –al menos– “tres conceptos de obras completas”. Zaid está como pez en el agua cuando salta de la historia de la filosofía a la sintomatología de la farándula desde el trampolín de la cultura editorial –uno de sus terrenos de juego favoritos. Esta palabra no aflora en vano. La prosa que pulsa El secreto de la fama no es ajena al deporte, y acaso a su autor no le disgustaría (pues que conoce el fair-play) ser considerado deportista de pentatlones y decatlones: tituló uno de sus libros: ¿Cómo leer en bicicleta?

A toda velocidad intelectual parece –sólo parece– estar escrito este libro minucioso y rápido, quieto e inquietante, impregnado de paradójico humor al estilo de Chesterton –al que se cita estratégicamente una sola vez– y animado por la verba candente de la paradoja que sabe no sólo cómo cambiar de mundo –el del libro– si no también de conversación –la de la crítica de la cultura; o cómo (empezar a) transformar el mundo transformando las ideas a partir de la crítica de la producción de los sujetos elocuentes y de la locuacidad de los caudillos del mercado.

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Primer intermedio

Un presidente de república sudamericana que duró sus buenas cuarenta y ocho horas en el poder cifraba su mensaje en el insípido endecasílabo: “Aquí se aprende a defender la patria”, lo cuenta Alfonso Reyes en Tren de ondas. (T. VIII, FCE, México 1958, p-400

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El secreto de la fama inicia con un capítulo dedicado a la escritura aforística y a la azaroza transmisión del conocimiento desde la más remota antigüedad. A su vez, el libro cabría ser leído como una atrevida sucesión de máximas y aforismos ensartados por un tenso alambre o cable de alta tensión que a su vez circunda el misterio de la cultura de masas definida por la gramática del “yo” y de la identidad personal. Una apuesta interesante consistiría en adivinar qué frases de este libro sobrevivirían dentro de varios cientos o miles de años dependiendo del tipo de civilización en que se resuelva el desenlace planteado por esta obra que brilla como un diamante en la oscura noche de los interregnos.

“El consenso es flagrante: celebridad rima con ausencia de vida privada”

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Zaid cita con fruición los desencuentros que produce en lo individual el advenimiento de la fama: si algunas celebridades y actores de cine vienen a dar su testimonio, no cita el caso prestigioso de los distinguidos por el premio Nobel como Samuel Beckett o Doris Lessing que han calificado la llegada de la fama como una “catástrofe”, o un “desastre”. Esta fulanización del reconocimiento que tiene sus raíces en el paso de la imagen de la persona a la imagen de la marca se centra en el momento en que un artista, Andy Wharhol, decide transformarse a sí mismo en marca o sea en el soporte material de su mismísima persona –propiedad intelectual. Es un caso en el cual se despliegan transparentemente los temas clásicos de la mercantilización y del sujeto en la era de la reproducción técnica. La premiología, la galardonitis, las leyes que rigen la feria lunática de las vanidades se dan cita en este libro que hace recordar aquel orgulloso “qué importa” que brota del fondo de la vida, que decía el uruguayo José Enrique Rodó.

El secreto de la fama aspira a enumerar las reglas que gobiernan el juego del yo público en el escenario literario, artístico y mundano contemporáneos. Más que reglas: leyes. Las leyes a que obedece la fama. De la misma manera en que las leyes de la gravedad y la gravitación, precisaron una acumulación previa de fuerzas y de información, una digestión estadística y una asimilación teórica, Gabriel Zaid entrega en esta obra bien ajustada y construida una serie de modelos y de ideas que permiten calibrar y enjuiciar esa batalla campal que representa la confrontación literaria en la era de la diversión, para emplear el subtítulo que acompaña en francés a la obra.

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El libro de Gabriel Zaid fue reseñado con perspicacia por Pierre Assouline en su columna de Le Monde: resaltando uno –apenas uno–de sus temas: la sustitución de la lectura de la obra por la diversión del autor como espectáculo. Cito a Pierre Assouline:

Dans un monde où n’importe qui parvient à être célèbre audelà du quart d’heure warholien considéré désormais comme un minimum syndical, les écrivains devraient être tentés de rechercher l’oubli, voire l’effacement ; or on ne les a jamais autant mis en avant. Ce qui pousse Gabriel Zaid à trancher d’emblée : «Parler des écrivains intéresse plus que les lire», et à insister une page plus loin : «De nos jours, l’auteur vu comme une oeuvre est chose commune : c’est un personnage romanesque créé pour le mythe et le marché.»

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Segundo intermedio

“Uno de los signos que más acusan cambio de clima espiritual es la constante degradación de lo cómico y su concomitante embrutecimiento de la risa. La verdad es que nunca ha habido en el mundo, como hay en nuestros días, tantas gentes que parezcan rebuznar cuando ríen.

Más todo será para bien, como dicen los progresistas. La risa asnal es revelación de una comicidad absurda, en vísperas de desaparer. Porque bien mirado o, mejor, bien oído, nada hay más triste, y, hasta en cierto sentido, más apocalíptico, que el rebuzno”.
Antonio Machado, Juan de Mairena, XLI, p 256.

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Al poner el dedo en la llaga de una civilización fundada en el dominio de la escritura y de la lectura y al descubrir y denunciar cómo en el universo de la información en que vivimos todo parece conspirar contra la lectura, Zaid nos pone en guardia en contra de un peligro mayor para el sistema democrático, fundado supuestamente en la información pero movido en la práctica por la manipulación. Desde ese ángulo, dista de ser un libro inocente, reductible al ámbito estrictamente literario.

El secreto de la fama rasga oblicuamente otro tema mayor y que, en filosofía, tiene tradición y linaje, el del reconocimiento. De Hegel a Paul Ricoeur ( Parcours de la reconnaissance ), la interrogación en torno a esta cuestión ha suscitado diversas respuestas. Todos los autores coinciden en señalar que el que es reconocido es otro. Esa otredad es precisamente la del sujeto de la fama. El libro de Zaid explora a lo largo de sus capítulos esa otredad del “famoso” que aun a sus propios ojos se torna extranjero, y hace de la exploración de esa extranjería el terreno mismo de su indagación capilarizándola en las diversas instancias de su instrumentación y organización: “La muerte del Creador implica a fin de cuenta la muerte del creador”. (G.Z.)


Posted: April 23, 2012 at 6:12 pm

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