Flashback
Cartas por leer: La correspondencia de Piñera, Lezama y Rodríguez Feo con Alfonso Reyes

Cartas por leer: La correspondencia de Piñera, Lezama y Rodríguez Feo con Alfonso Reyes

Dainerys Machado Vento

Cartas a La Habana. Epistolario de Alfonso Reyes con Max Henríquez Ureña, José Antonio Ramos y Jorge Mañach fue editado, en 1989, por Alejandro González Acosta para la UNAM. El libro recoge la correspondencia que el destacado intelectual mexicano sostuvo con Ramos, Mañach y Ureña en un periodo de más de veinte años, conectando ciudades tan diferentes como La Habana, Madrid, San Luis Potosí, Ciudad de México y Río de Janeiro. El volumen, sin embargo, no agota –tampoco era su objetivo— el amplio intercambio de Reyes con otros escritores cubanos o residentes en la isla.

Por otro lado, en su libro Piñera corresponsal: Una vida en cartas, publicado por la Universidad de Pittsburg en 2016, el académico estadounidense Thomas F. Anderson dejaba claro que Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, publicado en La Habana (2011), tampoco incluía la totalidad del epistolario del dramaturgo y escritor cubano. A pesar de que el académico Roberto Pérez León, editor y prologuista de De vuelta y vuelta, eligió un subtítulo totalizador, y a pesar de que el volumen recoge una valiosa serie de cartas entre el autor de Electra Garrigó y personalidades de diferentes nacionalidades, no reúne todo el intercambio epistolar de Piñera en esas décadas. A propósito de estas faltas, Anderson aclaraba: “Hay muchas facetas de la obra de Virgilio Piñera que no se han estudiado debidamente, pero su copiosa correspondencia es el cuerpo de textos que menos atención ha recibido tanto de parte de los lectores como de la crítica” (7).

Aunque en los últimos años –y mientras celebramos el aniversario 109 del natalicio de Piñera— su obra ha sido profusamente estudiada por diversas generaciones y grupos de diferentes nacionalidades, su correspondencia permanece más o menos en el mismo estado que Anderson señalaba. En el limbo de estos acercamientos académicos e históricos tanto a Reyes como a Piñera, se encuentra una carta que el cubano enviara a Don Alfonso el 26 de noviembre de 1941, inédita hasta hoy y preservada en la maravillosa Capilla Alfonsina de la Ciudad de México.

El motivo de la carta del entonces muy joven Piñera, de 29 años, era enviar a Don Alfonso —ya un reconocido intelectual— su primer cuaderno de poesía titulado Las Furias, e impreso bajo el sello de Cuadernos Espuela de Plata (1941). En la carta, se descubre a un Piñera marcado por la influencia francesa, descuidado con la repetición de palabras, preocupado por la “política del espíritu” y que habla de la literatura como entretient. Pero, sobre todo, se descubre a un intelectual expectante ante el horror de la inminente participación de América en la Segunda Guerra Mundial:

La Habana, 26 de nov. de 1941

Sr Don Alfonso Reyes

Ciudad

Distinguido Don Alfonso Reyes, le envío mis Furias; unas Furias melancólicas y, quien sabe, Dios mío, si demasiado sobrias.

Pues que estos coloquios son más que todo una confirmación de la sensibilidad, he creído necesidad hacer llegar a Usted, persona de sensibilidad, este cuaderno de Las Furias. Yo creo que llevará Usted a Méjico una más exacta, aguda impresión del alma espiritual de Cuba con éste y otros envíos de otros poetas.

A mi modo de ver, este Entretient se ha manifestado más hacia el espíritu de la política o lo político, que hacia una “política del espíritu”. ¿Por qué? No lo respondo, pero añado: hoy más que nunca se habla de “afán de universalidad”, pero todos los hechos concurren a demostrar la tesis contraria. Se vive tan en confusión que constituye ya regla invariable el que cada hombre habite un universo particular, una “sonada noche cadalsiana” (sic). Y ello no sería peligroso si la utilización de este universo, de aquella noche fuesen no más administradas, conferidas a ese hombre que los construye. Pero es que no sólo quiérela para sí, sino para con ella y desde ella dominar al resto de la humanidad. Y esto ha sido lo sintomático (perdona la palabra pedante) en el entretient. Se ha visto claramente que nombres, conceptos, aspectos concretos de problemas de esta y aquella política han grantado cerradamente sobre el aspecto pneumático, (ilegible) verdadero del entretien.

Usted recuerda como yo cuál fuera el bello procedimiento, la amorosa solución que en su siglo ofreció Bocaccio: en el Decamerón se dice que un grupo de personas, armoniosas y metódicas, acordaron alejarse de la afectada Florencia, esto es, acordaron alejarse del mal, del horror; no explorarle ni provocarle más y en consecuencia, hacer en agradable villa, vida campestre. Y añade el autor del (ilegible): relatando todas y cada una de las noches un cuento con fin de no extraviar la hermosa función del espíritu.

Alguno saldrá ahora con lo del quietismo…, pero sí es precisamente que nos hace muchísima falta estarnos quieto por fuera y agitados por dentro! ¿Qué mucho puede conturbarnos la posición de América frente a la crisis mundial, si todo ha de suceder ineluctablemente? ¿No saben que junto a la catástrofe que se llama “mundo”, “mana una escondida fuente”, que viene a ser la obra de belleza?

Dios mío, si lo que se dispone de vida para crear es tan espantosamente efímero, ¿cómo cederlo a cosas que por una misma fuerza terrible habrían de pulverizarnos?

“Todo es triste…, Don Alfonso Reyes, —así dice el ritornello en mi Elegía Así (1). Pero triste sin tristeza, pues aunque sabiendo Usted como yo que nuestra época comporta la gran tristeza de no poseer una efectiva, maravillosa tristeza.

Y yo estoy en esa medida, triste, Don Alfonso Reyes. Tómelo como ingenuidad, nunca como literatura, se (sic) manejar muy bien a esa extraña bestia y Usted también está triste aunque escriba muy sereno ensayo sobre el sereno Goethe, que era más triste que nosotros dos.

Adiós, Don Alfonso Reyes. Cuántas gracias le doy a su benevolencia que me escucha.

Virgilio Piñera

V.C.

Gervasio 121 (altos)

La Habana.(2)

Las Furias había aparecido en julio de 1941, ilustrado por el pintor cubano René Portocarrero. Y fue, en definitiva, la última colaboración de Piñera con la revista Espuela de Plata, que había fundado José Lezama Lima en 1939. Desde mayo de 1941, Piñera había comunicado al director de Espuela… su descontento con el giro religioso que estaba tomando el proyecto.(3) La carta de Piñera a Reyes ilustra, sin embargo, ciertas redundancias en la idea de Dios –o al menos en su evocación entre mística y popular— de la que el autor de Las Furias hacía uso entonces, la grandilocuencia de su estilo, incluso más personal, de esos años de definición, que finalmente darían a luz a un autor completamente diferente, con un lenguaje más directo y coloquial.(4)

Pero, a pesar de cualquier diferencia religiosa y estética entre Piñera y sus contemporáneos fue, precisamente, el auge fundacional de revistas que compartieron en estas décadas lo que más los acercó a Don Alfonso Reyes. En septiembre de 1943, desaparecida ya Espuela de Plata, José Lezama Lima también envió una carta al intelectual mexicano. En una hoja manuscrita y con letra pequeña, Lezama se refería al trabajo que estaban haciendo ya en su nuevo magazín, Nadie Parecía. Escribía: “Me place extraordinariamente que haya Ud. recibido con agrado la mención de una bella estrofa suya en la primera página de ‘Nadie Parecía’. Recordamos todos los cubanos la riqueza de complicaciones contenidas en un poema suyo en que ha captado la luz y la plástica del Trópico”. ¿Cómo supo Lezama del “agrado” de Reyes? ¿Sostenían comunicación indirecta a través de amigos en común, como los hermanos Ureña? ¿O hay otras cartas o documentos por ser localizados? Con respecto a los cuatro versos de Reyes incluidos en Nadie Parecía (“Atrás una ventana inmensa y verde…”) son una estrofa del poema “Veracruz”, que Lezama usó como exergo de “Muerte del tiempo”. “Muerte del tiempo” era una especie de editorial del número 6 de febrero de 1943 de Nadie Parecía, que apreció sin firma, pero cuya autoría ha sido atribuida a Lezama en el tomo 1 del Índice de las Revistas Cubanas (Biblioteca Nacional José Martí, 1969: 58).

Todo indica que Reyes no solo respondía con mucha constancia a las misivas recibidas, sino que solía guardar también copia de sus comunicaciones. A Lezama le correspondió en brevísima nota mecanografiada, el 25 de noviembre de 1943: “Le mando a usted tres poemitas para que publiquen el que mejor les parezca en Nadie parecía (sic). No pude escoger yo mismo, porque los tres me parecen algo malejos. Así vamos ahora y no podemos evitarlo”. Lezama no eligió uno. Los tres poemas aparecieron en la página 3 del número 10, correspondiente a marzo de 1944. Se trataba de “Muchacha con un loro en el hombro”, “Pesadilla” y “Tentativa de lluvia”. Las cartas desde y hacia Trocadero 162, bajos, donde siempre vivió Lezama, cesan con este breve intercambio.

Pero tal como analizo en el libro próximo a salir, El estruendo de Ciclón. La nueva revista cubana (1955-1959) (Katakana, 2021), y tal como he mencionado en ponencias y artículos anteriores(5), el más extenso de todos los intercambios epistolares que se conservan entre el mexicano y sus pares cubanos es el que sostuvo Reyes con el editor, traductor y mecenas cubano José Rodríguez Feo. Además, sus cartas están íntegramente conectadas con la existencia y desarrollo de dos revistas fundamentales en la tradición literaria del continente, me refiero a Orígenes (1944-1956) y Ciclón (1955-1959).

El 5 de abril de 1946, Rodríguez Feo instalado, por problemas de salud, en el pueblito de San Miguel de Los Baños, compartía con Lezama su intención de ir a La Habana para asistir a una Feria del Libro que se celebraba en la capital. El evento estaba dedicado a la cultura de México y se esperaba la participación de Carlos Pellicer y Alfonso Reyes. Pocos días después, Lezama le explicó a Rodríguez Feo que “la Feria del libro mexicana ha sido sólo un intento mercurial. Ni el divino Alfonso, nuestro rosado Saint-Beuve, ni Pellicer, ni Castro Leal han venido” (45-46). Los intercambios entre los dos directores de Orígenes fueron recogidos por el propio Rodríguez Feo en Mi correspondencia con Lezama Lima (Era, 1991), e indican que, desde inicios de 1946, manejaban ambos la idea de dedicar una edición de Orígenes a la cultura mexicana. El número salió finalmente en la primavera de 1947, con ilustración de cubierta de José Clemente.

A mediados de 1946, Rodríguez Feo viajó a Nueva York, donde había vivido buena parte de su vida, como uno de los miembros más jóvenes de una acaudalada familia sacarocrática. Regresó a La Habana hacia finales de septiembre del mismo año, pero hizo antes una escala en México. Durante su estancia se reunió, por fin, con Don Alfonso Reyes. Consiguió “pesadamente”, en “librería de viejos”, las Cuestiones gongorinas, un libro que Pedro Henríquez Ureña le “recomendó tanto”. Con su “pesadamente” Rodríguez Feo aludía al duelo por la pérdida reciente del amigo. Compartió todos estos detalles con Reyes, en la primera carta que le envió a su regreso a La Habana, el 5 de octubre de 1946. En ella también hablaba de la coincidencia que fuera encontrar a Camila Henríquez Ureña en la capital cubana, cuando ella esperaba sus papeles para viajar, justamente, a México. En esa primera misiva, Rodríguez Feo lamentaba además “la falta de tiempo que no nos permitió platicar más extensamente sobre, oh, cuantas cosas que me interesaban saber de sus labios”.

La correspondencia entre ambos escritores fluyó, de forma muy inestable, hasta 1955 y está compuesta por 14 documentos. Es posible suponer que, durante el único encuentro que tuvieron en persona, Rodríguez Feo invitó a Reyes a colaborar con Orígenes, porque, en su primera carta, decía estar muy esperanzado con la salida del “número mexicano”. Y aclaraba, en una de sus posdatas, que le había escrito también a Carlos Pellicer pidiéndole una colaboración. El editor le recordó a Reyes que debía enviar pronto las páginas de memorias que había prometido para publicar en Orígenes, un texto de entre 15 y 20 cuartillas, escritas a máquina, a doble espacio.

Excepto por una de las cartas que intercambiaron durante nueve años, la correspondencia entre Reyes y Feo permaneció inédita hasta agosto de 2016, cuando se publicó mi tesis de maestría en el repositorio público de El Colegio de San Luis A.C., investigación titulada Lugares comunes (Un estudio sobre la revista cubana Ciclón, 1955-1959)(6). La conciencia de Alfonso Reyes para documentar cuánto acontecía a su alrededor convirtió su hogar, en la Ciudad de México, y su casa natal, en Monterrey, en celosas tesorerías de documentos personales, hoy fundamentales para recrear la historia de la literatura hispanoamericana en el siglo XX. Más en el caso de Cuba, donde los archivos personales de intelectuales y artistas no suelen contar con espacios de adecuada conservación.

El 18 de octubre de 1946, Alfonso Reyes respondió a aquella primera carta de Rodríguez Feo. Le agradeció la correspondencia y le envió una colaboración que bautizó “ligeras páginas” para Orígenes, refiriéndose al texto “Un padrino poético”(7). Comentó también que poseía mucha correspondencia con Pedro Henríquez Ureña, pero que Villaseñor (8) aún no se la pedía para un supuesto libro que, se comentaba, estaba preparando sobre el amigo recién fallecido.

El 29 de abril de 1952, volvió Rodríguez Feo a escribir a Reyes. Le deseaba “buena salud”. Y, sin muchos rodeos, le comentaba: “Orígenes quisiera publicar pronto otra colaboración suya, si no está muy atareado se lo agradeceríamos”. En su misiva, Rodríguez Feo lamentaba el “profundo silencio” de los amigos de México.

Ilustrando la naturaleza de esta relación colaborativa, pero sin demasiadas cercanías, la respuesta de Reyes tardó hasta el 9 de agosto de 1952, y fue muy breve:

Amigo mío:

Desde el 29 de abril, fecha de su amable invitación y carta, lo tengo en la conciencia; pero me había sido materialmente imposible atenderlo. Me complazco en enviarle dos poemitas para su revista Orígenes. Ojalá le sean gratos. Las dos manos de su amigo,

Alfonso Reyes

Un mes después, el 10 de septiembre, Rodríguez Feo agradeció los “hermosos poemas” que Don Alfonso le había enviado para publicar. Ninguno de los dos especificó a qué obras se referían. Hoy es casi imposible rastrear los títulos, porque no llegaron a aparecer en La Habana. Además del elogio, el editor de Orígenes aprovechó para pedirle al mexicano que colaborara con un próximo número dedicado a José Martí.

El 17 de septiembre de 1952, Reyes alegó en una misiva que estaba demasiado atareado, “no resisto un peso más” y que para él era imposible escribir sobre Martí. Ocho días después, el 25 de octubre, Rodríguez Feo insistió: “Comprendo está usted muy atorado para tener tiempo de enviarnos alguna colaboración. Pero sinceramente no sabemos cómo este homenaje a Martí puede pretender ser algo continental sin su presencia”. Explicó que el número no iba a ser una colección de ensayos sobre el héroe cubano, sino un homenaje. Y al final preguntó: “¿podría autorizarnos para insertar en el número homenaje los poemas que nos envió y que íbamos a publicar en el próximo número?” 

Reyes respondió positivamente en nota del 4 de noviembre: “Con el mayor gusto lo autorizo para insertar los poemas en cuestión en el número homenaje a Martí. Más no puedo: después que le escribí a usted, he caído con una fiebre paratífica, y apenas estoy en la dura convalecencia”. Es de suponer que, además de todas las responsabilidades de esos años, a Reyes lo rondara todavía el fantasma del primer infarto que había sufrido en 1951. Estos intercambios tienen lugar, precisamente, en los años en que la salud del poeta y académico mexicano va en declive.

Un par de meses después, el 13 de enero de 1953, José Rodríguez Feo escribió de nuevo a Don Alfonso:

Leyendo su último libro Poesías escogidas (Fondo de Cultura) descubro que aparecen en el mismo los dos poemas que nos envió para Orígenes. Como le escribí pensábamos insertar esos poemas en el número homenaje a Martí que va a la imprenta a fines de este mes. Pero como ya están publicados, no podremos contar con esos poemas.

Del 17 de enero de 1953 data la inmediata respuesta de Reyes. Explicó que el accidente con las fechas se debió a que él supuso que la revista saldría antes de que el volumen de poesía. Como especie de disculpa envió hacia Cuba “dos páginas inéditas de mis Marginalia: Bombas de Ideas”. “Marginalia…” apareció en el número 33 de Orígenes de 1953 (9). La edición estuvo dedicada a José Martí, pero también fue la penúltima que dirigieron juntos Lezama y Rodríguez Feo, antes de la fractura definitiva de la revista.

Más de un año después de que se publicó “Marginalia” en Orígenes, el 14 de mayo de 1954, Rodríguez Feo volvía a enviar misiva a Reyes:

Para invitarlo a que forme parte del Comité de Colaboración de la revista Orígenes que ahora hemos formado. Quisiéramos que en él figurase un escritor de México y hemos pensado que nadie mejor que usted podría representar a la hermana república. En la actualidad el Comité está integrado por los poetas Cernuda, V. Aleixandre, Jorge Guillén y el ensayista Alejo Carpentier, además habrá varios cubanos.

También hemos comenzado a pagar las colaboraciones a Orígenes, pues hemos obtenido dineros para este fin. Ahora planeamos un número para celebrar el décimo aniversario de la revista y agradeceríamos mucho nos enviara algo para ese número si no tiene mucho trabajo.

Para la fecha, numerosas diferencias estéticas y personales habían producido un insalvable distanciamiento entre los dos directores de Orígenes (10). La revista quedó en manos del primero, sin el apoyo económico del segundo. Pero la división definitiva se produjo solamente después de una batalla que amenazó con llegar a la corte, y mientras cada director intentaba hacerse de la publicación, lo que resultó en que aparecieran dobles los números 35 y 36.

Debido a estos sucesos es que la carta de Rodríguez Feo a Reyes, invitándolo a ser parte de los cambios en Orígenes, forma parte de un conjunto mayor de notas e invitaciones, que el editor envió a escritores de varios países, como María Zambrano, Alejo Carpentier, Henry Levin, Jorge Guillén, entre otros, a quienes convocó a que formaran parte del Comité de Colaboradores de una nueva época para la publicación, sin especificar que no contarían ya con la presencia de Lezama.

En la misma carta del 14 de mayo de 1954, Rodríguez comentaba al intelectual mexicano detalles sobre la realidad nacional que a la larga impactarían también sus proyectos literarios:

Aquí se inaugurará el 18 la Bienal Hispanoamericana. Los artistas cubanos no asistirán y van a hacer una exposición en la Universidad de La Habana en protesta.

Bueno nada más. Todos preparándonos para las elecciones donde creo volverá a triunfar el General.

Las sospechas de Feo estaban bien fundadas. Para 1954 Fulgencio Batista había encabezado dos Golpes de Estado en Cuba, en menos de 20 años. En definitiva, Batista llegó a las urnas en las elecciones de 1954 como candidato único y, por supuesto, ganó. En febrero de 1955, recibió al vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon en una visita oficial que legitimó al General como figura constitucional, aunque hacia el interior de la Isla se mantuvieron las tensiones en su contra.

En el breve período que transcurrió desde la carta de Rodríguez Feo a Alfonso Reyes, en mayo de 1954, hasta la visita de Nixon a Cuba, en febrero de 1955, Rodríguez Feo y Lezama Lima se pelearon a muerte; Rodríguez Feo renunció a seguir con la competencia por Orígenes y dejó la revista a Lezama; contactó a Virgilio Piñera y juntos sacaron el primer número de Ciclón, en enero de 1955. Todo en menos de un año.

En medio aún de todos esos cambios, el 19 de mayo de 1954, Reyes había escrito a Feo aceptando gustoso su nombramiento en el Comité de Colaboración de Orígenes y enviando su poema “Los caballos”. Pero la situación cambió tanto, en tan pocos meses, que “Los caballos” apareció finalmente publicado en el que fuera el segundo número de Ciclón (1955: 7-10).

Si las primeras cartas de Rodríguez Feo a Reyes estaban membretadas en hojas de Orígenes y ubicaban la dirección del remitente en la calle Trocadero, la del 23 de octubre de 1955 llegó a México con membrete de la nueva revista, Ciclón. Se le pedía a Reyes una colaboración para “un número homenaje a D. José Ortega y Gasset”, un trabajo de 20 páginas que debía estar listo para finales de diciembre y por el que se pagarían 40 dólares.

La respuesta a esa solicitud, fechada el 27 de octubre de 1955, es la última carta que se conserva de Reyes a Feo. En la misiva, el mexicano no acepta. Asegura que ya había enviado un breve artículo a Cuadernos Americanos, pero que para un estudio más extenso necesitaría mucho más tiempo. Ortega y Gasset había muerto unos días antes, por lo que publicaciones de todo el mundo planeaban sus homenajes, especialmente para solidarizarse con los escritores españoles y desafiar a la censura franquista.

Sin el deseado texto de Alfonso Reyes –pero con uno muy polémico de Jorge Luis Borges, titulado “Nota de un mal lector” (28)—, la revista dedicó su número 2 de 1956 a Ortega y Gasset. Ciclón apareció sistemáticamente hasta 1957. Desapareció en 1958, debido a la algidez que alcanzó la situación social en Cuba y tuvo un número especial en 1959, después del triunfo de la revolución. Alfonso Reyes no volvió a publicar en el magazín. Falleció en diciembre de 1959. Para entonces, Rodríguez Feo y Piñera, que antes se habían acercado con insistencia a la cultura mexicana, daban un marcado giro de interés hacia Argentina y la producción literaria sureña. Afortunadamente, parte importante de esta historia se delinea y completa en las bien resguardadas cartas del autor de Ifigenia cruel.

 

Notas

1.  Se refiere Piñera a su poema “Elegía así”, que forma parte de las varias elegías incluidas en Las Furias: “Todo es triste” es un verso que se repite de forma alterna a lo largo de todo el poema.

2. Se conservan en esta y el resto de las transcripciones la ortografía, gramática y puntuación de los documentos originales.

3. Piñera la reclama a Lezama que el crítico de artes visuales Guy Pérez Cisneros, “me comunicase como un gran descubrimiento que Espuela de Plata era una revista católica y que se había tomado el acuerdo de elegir al buen presbítero [padre Ángel Gaztelu] porque todos ustedes eran católicos, no ya sólo en sentido universal del término sino como cuestión dogmática..” Ver: Roberto Pérez León, introd. y notas, Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta, Unión, La Habana, 2011: 33.

4. Sobre la transformación de Piñera en estos años, ver: Dainerys Machado Vento, “El disentir piñeriano”. Cuadernos Americanos 153, núm. 3, 2015: 11-28.

5. Ver, por ejemplo: Dainerys Machado Vento, “Filosofía y sicoanálisis en temporada ciclónica”. La Gaceta de Cuba, núm. 6, 2015: 44-48.

6. La única carta entre Reyes y Rodríguez Feo que había sido publicada antes de 2016, apareció en una nota al pie [126] en el libro Tiempo de Ciclón, de Roberto Pérez León. Se trata de la misiva fechada el 19 de mayo de 1946: De Alfonso Reyes, en México a José Rodríguez Feo, en La Habana, que aparece en: Roberto Pérez León, Tiempo de Ciclón, Unión, 1995: 210. Sobre Lugares comunes (Un estudio sobre la revista cubana Ciclón, 1955-1959) ver: https://colsan.repositorioinstitucional.mx/jspui/bitstream/1013/620/1/Lugares%20comunes.pdf

7. “Un padrino poético” es un texto hilarante y sentimental, que mucho explica sobre la herencia y la transición entre el universo intelectual y político del México de finales del siglo XIX y principios del XX, de los que José Othón (“el padrino poético”) y la familia Reyes fueron protagonistas fundamentales. Ver: Alfonso Reyes, “Un padrino poético”, Orígenes, tomo IV, núm. 13, 1947: 5-8.

8. Podría estarse refiriendo al político y escritor mexicano Eduardo Villaseñor, un amigo común. Aunque no se especifica.

9. Alfonso Reyes, “Maginalia: Bombas de Ideas”, Orígenes, tomo X, núm. 33, 1953: 31-32.

10. En Mi correspondencia con Lezama Lima (Era, 1991), se encuentra el testimonio directo de las diferencias que fueron creciendo entre Lezama y Rodríguez Feo y que no se reducen a la aparición en Orígenes de una crítica de Juan Ramón Jiménez a la Generación del 27. Al contrario, Rodríguez Feo más de una vez reclamó a Lezama que no le diera a tiempo toda la información sobre los números que se estaban preparando: “Me parece más que razonable que el ‘otro’ editor se entere, a ciencia cierta, de lo que va a formar el número” (123, 150-153).

 

Dainerys Machado Vento es autora del libro de cuentos Las noventa Habanas. Ha sido incluida en la revista Granta entre los mejores narradores jóvenes en español. Estudia su doctorado en Lenguas y Literatura Moderna en la Universidad de Miami. Es cubana. Twitter: @Dainerys_MV

 

 

 

 

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Posted: August 4, 2021 at 4:00 pm

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